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sábado, 22 de agosto de 1998
CARTAS AL DIRECTOR

Los niños criminales

Deseo hacer una reflexión sobre el tema de los niños criminales que trató su periódico el pasado día 13 de agosto. Creo que cuando al funcionamiento del deseo de vida se lo recluye en los límites de lo banal, el ser humano tiende a bajar el listón de su conducta social para asirse a algún sentido que le per-Pasa a la página siguiente

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mita a este deseo de vida (como lo habría considerado Freud), a este elan vital (como lo llamara el filósofo Bergson).

En el Estado norteamericano de Arkansas, dice el artículo, no saben qué hacer con sus pequeños criminales. No saben cómo insertarlos. Y hay una corriente de opinión favorable a endurecer las penas.

Si no se supera una forma de vida social que deja sin asidero válido a esta fuerza del espíritu humano -que creo es lo que está en el trasfondo del problema-, no queda más que la impotencia ante una reinserción que no tiene por qué funcionar, ya que no se pueden reinsertar en lo mismo que los expulsa, y la consecuencia lógica de este fracaso en la exclusión social por medio del aumento de penas.

Pero, como se planteó hace unos dos años con la violencia en los colegios de Inglaterra, la solución de hacer a los colegios similares a las cárceles, ¿en qué convierte a la escuela? La tentación de los fundamentalismos, también el de un drástico aumento de las penas, a mi entender, tampoco es solución.

Superar las necesidades primarias y generar un mundo para el deseo de vida, buenas líneas generales.- .

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