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miércoles, 11 de diciembre de 1996
Tribuna:CIRCUITO CIENTÍFICO

Canibalismo prehistórico

El paleontólogo estudia acontecimientos que no ha presenciado, por lo que basa sus conclusiones en indicios, como los detectives. En su diversidad, los paleontólogos se ocupan de muchos aspectos de la vida en el pasado, generalmente nada relacionados con las pesquisas de los policías. Sin embargo, cuando el paleontólogo es especialista en fósiles humanos y se interesa por los casos de muerte y canibalismo en la prehistoria, se convierte en detective por partida doble.El canibalismo podría dividirse, a grandes rasgos, en: a) canibalismo ritual, cuando se trata de una práctica o rito funerario, que consiste en consumir respetuosamente los cuerpos de los miembros fallecidos del grupo (en una especie de comunión más o menos mística); b) canibalismo gastronómico, que consiste en matar y comer a los miembros de otros grupos con propósitos meramente alimenticios; es decir, como si se tratara de presas animales; c) canibalismo de miembros del propio grupo en circunstancias excepcionales de extrema necesidad. En cuanto a los indicios, éstos pueden encontrarse en los propios fósiles o en su contexto (evidencia directa o circunstancial en el lenguaje de las películas policiacas).

En muchas ocasiones, la evidencia que se ha aducido para presentar un caso de canibalismo se basa en la forma en que aparecen rotos los huesos humanos. Pero estas fracturas pueden obedecer a múltiples causas, de origen humano o naturales. Por ejemplo, los cráneos de los famosos Homo erectus de Zhoukoudian (cerca de Pekín, en China) o de Java presentan rota la base del cráneo lo que se interpretó como prueba de la extracción del cerebro por otros humanos. Sin embargo, hoy está claro que la pérdida de la base del cráneo se debe a que es una región frágil, que muy raramente se conserva. Otras causas de rotura de huesos pueden ser las actividades de los animales antes del enterramiento natural de los fósiles (pisoteo, dispersión o consumo), el peso del sedimento sobre los fósiles o la caída de rocas (en cuevas), el transporte por el agua y otros muchos agentes no biológicos.

Un tipo de indicio a primera vista concluyente sería encontrar sobre restos humanos marcas de corte como las que se encuentran sobre los herbívoros comidos por los humanos. Para separar la carne de los huesos, los hombres prehistóricos utilizaban el filo de sus utensilios de piedra, que se aplicaban en lugares determinados, especialmente en los tendones, dejando marcas de descamamiento sobre los huesos. Marcas muy similares a éstas pueden producirse también naturalmente, por lo que sólo es convincente un conjunto de tales huellas que reflejen un trabajo sistemático en las inserciones musculares oportunas. Y ni siquiera en este caso quedaría probado el canibalismo, porque el descamamiento podría tener otro objetivo, por ejemplo, algún tipo de rito de preparación o limpieza de esqueletos.

El autor que más rigurosamente ha estudiado cómo quedan los huesos después de un banquete caníbal es Tim White, de la Universidad de California, en Berkeley, que ha investigado esqueletos de grupos de indios americanos precolombinos que habían sido consumidos por otros indios, y no precisamente de forma ritual. Pues bien, las características observadas por White se encuentran en los fósiles humanos de la Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca, en Burgos, con una antigüedad entre 800.000 y un millón de años. En un artículo publicado este año en Science, Femández-Jalvo, Díez, Bermúdez de Castro, Carbonell y Arsuaga mostraron cómo los restos humanos de varios individuos presentaban marcas de corte y patrones de desmembramiento y fracturación similares a los de los herbívoros consumidos allí mismo.

Sólo resta pedir al lector que no busque segundas intenciones cuando se afirma que el caso más antiguo de canibalismo es español.

Juan Luis Arsuaga es profesor de Paleontología de la Universidad Complutense y codirector del yacirniento de Atapuerca, Burgos.

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