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miércoles, 4 de septiembre de 1996

Los extraños habitantes de Movile

Una cueva en Rumanía alberga un ecosistema basado en energía química

En las últimas semanas las formas de vida singulares están acaparando la atención de científicos y legos. La posibilidad de haber detectado microorganismos muy simples que existieron en la antigüedad en Marte (en un meteorito procedente de ese planeta), se unió a la publicación del primer genoma completo de una arqueobacteria, un microorganismo que se confirma como base del tercer reino de la vida.El debate subsiguiente sobre si se podría descartar la vida en otros planetas cuando lo único que se intenta detectar es el oxígeno que producen los seres vivos hace recordar que las arqueobacterias, encontradas por primera vez hace sólo 20 años, viven en ambientes extremos, como las fuentes termales submarinas, en los que no existe la luz del Sol y por tanto los procesos fotosintéticos que constituyen la base de la vida tradicional. Y a todo esto se ha unido el primer estudio científico completo de un ecosistema singular, el de la cueva Movile en Rumania, donde viven de forma autosuficiente, en completa ausencia de luz, 48 especies de invertebrados terrestres y acuáticos, 33 de los cuales no existen en ningún otro lugar del mundo.

Movile constituye, según los resultados del estudio, el único ecosistema terrestre conocido que es autosuficiente en producción de energía autotrófica, lo que quiere decir que utiliza la energía de la oxidación del sulfuro de hidrógeno para soportar una comunidad terrestre. Lo más parecido que existe son precisamente los ecosistemas marinos donde viven las arqueobacterias.

La cueva fue descubierta en 1986 por el geólogo Cristian Lascu y en España empezó a ser conocida hace dos años cuando un vídeo sobre la increíble vida que alberga obtuvo el premio Casa de las Ciencias de La Coruña. Sin embargo, el estudio del ecosistema no se publicó hasta recientemente, por biólogos de la Universidad de Cincinatti (EE UU) en la revista Science.

Emigrado

El principal investigador es un biólogo rumano, Serban M. Sarbu, que empezó a estudiar la cueva hace ya 10 años y luego tuvo que interrumpir su labor hasta que fue derrocado Ceaucescu. Cuando volvió, ya tenía tras de sí la fuerza de las instituciones y especialistas estadounidenses, muy interesados en este ecosistema singular, para completar y dar a conocer su trabajo.Sarbu se encuentra estos días, según un portavoz de la universidad, en una nueva etapa de su trabajo de campo, que incluye bucear en el agua sulfurosa e introducirse en el ambiente irrespirable de la cueva, parcialmente inundada. Además, toma muestras del ecosistema a través de los pozos perforados a lo largo del tiempo sobre el acuífero.

Lo que se ha demostrado en el reciente estudio es que la cadena alimentaria o trófica que permite sobrevivir al ecosistema de la cueva se basa en microorganismos que viven en las campanas de aire existentes -formando tapices sobre el agua y las paredes- gracias a la energía procedente de la oxidación del sulfuro de hidrógeno que se filtra por las fallas. En las campanas de aire, la atmósfera tiene poco oxígeno (entre un 7% y un 10%) y mucho dióxido de carbono (entre 2,5% y 3%), además de metano (de 0,5% a 1%). El agua es caliente (21 grados centígrados) y rica en sulfuro de hidrógeno.

Para probar que la cadena trófica se basa enteramente en energía química y no en energía solar, explica Thomas Kane, catedrático de biología en la universidad de Cincinatti, se ha utilizado una técnica de análisis de isótopos estables, la misma que se utilizó para demostrar lo mismo en el caso de las bacterias que viven en las fuentes submarinas termales. Se compararon las proporciones de dos isótopos de carbono y dos de nitrógeno y se pudo establecer el flujo de la energía a través de los microbios hasta los carnívoros situados en el extremo superior de la cadena.

Sin ojos

La mayoría de los 22 invertebrados terrestres hasta ahora desconocidos encontrados en la cueva son artrópodos (arácnidos, crustáceos, miriápodos e insectos) troglobitas, es decir, adaptadosla vida en una cueva. No tienen ojos ni pigmentos y sus patas y antenas son muy alargadas. En cuanto a los 18 nuevos animales acuáticos, se trata de gusanos -entre ellos nematodos, platelmintos y anélidos- moluscos y artrópodos. Todos ellos llevan evolucionando aislados por lo menos un millón de años.

"Todos los datos indican que estos animales basan su vida en la producción autosuficiente de carbono. No ingieren alimento alguno procedente de la superficie", ha señalado Sarbu. La comparación de estos datos con los procedentes de otras cuevas con habitantes similares ha demostrado que Movile es única. Y en 1995, biólogos y geólogos exploraron la zona para tratar de delimitar el ecosistema y dedujeron que se extiende por unos 100 kilómetros cuadrados, la mayor parte inaccesibles, de los que Movile es una mínima parte.

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