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El querulante

El querulante no es una carta del tarot ni un personaje de carnaval. Es una figura psiquiátrica, un delirio que presentan algunos pacientes que han hecho del pleito la razón de su vida. "Es una situación que tiene su origen en hechos corrientes de la vida, una pequeña injusticia. La persona que lo sufre se ha sentido lastimada en su honor o en su orgullo y reacciona de forma excesiva", explica Carmen Sáez Buenaventura, psiquiatra del hospital Gregorio Marañón, de Madrid.Por su consulta han pasado pacientes que parten de una pequeña reclamación -"a veces no se dan cuenta de que en la vida puede haber errores"- y con el tiempo se enredan en una espiral de pleitos cada vez de mayor cuantía. "Algunas personas llegan en sus reclamaciones hasta al Tribunal Supremo. Incluso escriben cartas al Rey", relata.

Según la psiquiatra, los pacientes suelen ser personas con un sentido idealizado de la justicia, solitarias, aisladas y con un desarrollo afectivo muy pobre. "En algunos momentos pueden llegar a ser tremendamente insolidarios y tramposos. Los malos siempre son los demás". Pero son convincentes y no se deterioran desde el punto de vista intelectual, lo que hace muy difícil al principio distinguir entre una reivindicación justa y una obsesión pleitista enfermiza. Una vez que han caído en ella, también es muy difícil hacerles desistir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de mayo de 1993