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viernes, 14 de agosto de 1992

Historias de suspenso

La falta de plazas universitarias frustra a los estudiantes con la selectividad pendiente

Las cifras de aprobados en selectividad de los últimos siete años dicen que en junio aprueba un 84% de los estudiantes que se presentan (unos 200.000 en las últimas convocatorias) y que en septiembre sólo pasa la prueba un 64% de los aspirantes (unos 14.000). La historia tiene aún peor final: en septiembre no quedan ya plazas para la mayoría de las carreras en las universidades más concurridas; imposible para las de ciencias. Con semejante desenlace, no extraña que los estudiantes de COU y selectividad que suspendieron en junio tengan los ánimos bajos.

Dicen que tienen la mente, en otro sitio, más en la luna de Valencia que en las valencias químicas, más en los ritmos bakalao que en los logaritmos matemáticos. Los estudiantes de EGB y BUP acuden a clases particulares de verano obligados por sus padres; los de COU y selectividad, más por propia responsabilidad. Sobre todos, los profesores opinan que el nivel baja muchísimo respecto a los meses fríos. Pero es que las perspectivas no son muy halagüeñas.Francisco Rocamora, direc tor de una de las academias privadas más conocidas en Madrid, situada en plena Gran Vía, lleva cuidadosamente el recuento: "Desde 1988, las universidades públicas de Madrid llenan las plazas de la mayoría de sus carreras en junio. En las de ciencias es imposible encontrar nada en septiembre. Lo mismo pasa con Económicas y Empresariales. Algo queda en filologías, Filosofía, Magisterio o Geografía e Historia". Acaba, sin embargo, con el recurso-disculpa de muchos estudiantes que se empeñan en repetir que los exámenes de septiembre son más difíciles que los de junio. Los dos lotes de pruebas son redactados a la vez y sorteados, para que uno caiga al empezar el verano y otro al terminar.

Humanidades

Cuatro de sus alumnos -estudiantes de COU que pretenden aprobar en septiembre las asignaturas suspendidas y la selectividad- muestran su desánimo: David, de 18 años, dos suspensos, quiere estudiar Informática; Antonio, de 18 años, dos suspensos, quiere hacer Empresariales; a Óscar, de 18 años, "muchos", y Roberto, de 19 años, tres suspensos, les gustaría matricularse en Publicidad. Los cuatro insisten en que nada tienen que ver sus deseos con lo que al final acabarán haciendo; resoplan y resumen: "La selectividad es una tontería". Y David añade: "Todos tenemos derecho a estudiar". Posiblemente ellos no pasen a formar parte de ese raquítico 19% de universitarios que en la actualidad estudia la primera opción solicitada al entrar en la Universidad, según un sondeo Yeciente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Por si un verano sin vacaciones fuera poco castigo, a mediados de septiembre, las noticias empiezan.a bombardear con titulares como este del año pasado, del 13 de septiembre, 10 días antes de la prueba: "Los alumnos de selectividad de Barcelona y Madrid sólo tienen ya plazas en humanidades". No importa la nota que saquen; todo está lleno. El mismo día de los exámenes, otra información animaba así: "Diez mil estudiantes suspendidos en junio se presentan hoy a la convocatoria de septiembre en el distrito de Madrid. En las universidades madrileñas sólo quedan 3.000 plazas, y ninguna de ellas pertenece a las facultades de ciencias".

Francisco Rocamora concluye: "La verdad es que muchos de los alumnos que aprueban en septiembre tienen que esperar un año si quieren escoger algo que les guste. Muchos también prefieren esperar para presentarse el año siguiente en junio e intentar subir nota y acceder a la carrera que les gusta. Pero en esos casos sólo consiguen subir nota los que lo hacen con una planificación, preparándose todo el año". Las autoridades académicas ofrecen una oportunidad, sólo una, de, aun habiendo aprobado, mejorar la nota en la primera convocatoria del año siguiente.

Emilio Blanco, profesor de matemáticas en otra academia madrileña, cree que la táctica de esperar nueve meses es un error en la mayoría de los casos. "Él mejor año para presentarse en selectividad es el de COU". Tras comentar que la selectividad tiene cada año peor predicamento entre los jóvenes, señala que en dos meses no se puede enseñar lo que no se ha aprendido en nueve. "Les enseñamos sólo a aprobar". Un curso de dos meses para preparar la selectividad (17 horas semanales) cuesta unas 35.000 pesetas.

Una vez superado el trance de la selectividad y ya dentro de la Universidad, los disgustos no acaban. Enrique, de 22 años, estudiante de Derecho, aprobó una asignatura de ocho en junio, y ahora, en septiembre, va a presentarse a tres. Está muy cabreado porque estudió todo el año y "al final, por comodidad, los profesores hicieron exámenes tipo test y eso no es serio". Ahora, en verano, queda con un amigo, Javier, de 21 años, estudiante de segundo de Agrícolas, para estudiar en una biblioteca cuatro horas por la mañana. Si no tuvieran que estudiar, ¿qué estarían haciendo en agosto? Coinciden: "Viajando por Europa".

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