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lunes, 23 de marzo de 1992

La mente del violador

Muchos agresores son hombres de conducta normal, alterada por determinada situación

Sólo una reducida minoría de los violadores son renegados sexuales impulsados por fantasías sádicas o sentimientos de odio hacia la mujer. Recientes estudios sobre violencia sexual indican que lo más habitual es que el violador sea un hombre de orientación sexual normal que en determinadas circunstancias actúa impulsivamente de forma agresiva. "Con la combinación adecuada de factores, la mayoría de los hombres se puede excitar con el sexo violento", afirma Howard Barbaree, psicólogo del Queen's College de Kingston (Ontario). Según datos de la Policía Judicial, en España se denunciaron en 1991 un total de 1.498 violaciones y otras 1.897 agresiones sexuales.

La historia del joven norteamericano de 27 años Steve Allen Butler, acusado y convicto de violación que primero pidió que se le impusiera la pena de ser castrado en lugar de ir a la cárcel y luego se desdijo, ha vuelto a plantear el interés por conocer los entresijos mentales del violador.La violación ha sido considerada como el resultado lógico e imperioso de una invitación sexual provocada por las mujeres mediante una forma de vestir y un comportamiento sugerente. Pero también se ha planteado como una conducta patógena, fruto de personalidades desequilibradas. Diversos estudios han demostrado que también los hombres considerados normales pueden convertirse en violadores.

Un estudio realizado en 1987 entre 3.187 universitarias mostró que el 15% habían sido violadas. "Ocho de cada 10 conocían al violador, y para el 58% la agresión se había producido durante una cita", explica Mary Koss, psicóloga de la Escuela de Medicina de la Universidad de Arizona.

Los nuevos descubrimientos son parte de una reciente corriente de cautelosos estudios empíricos sobre la psicologa de la violación que está cambiando la imagen del violador, basada en gran medida en informaciones anecdóticas. Algunos de los datos más sugerentes proceden de mediciones de la excitación sexual de los hombres ante descripciones de encuentros eróticos.

Desencadenante, la ira

Los experimentos confirman que la mayoría de los hombres no suele excitarse con descripciones de violencia sexual. No obstante, determinadas circunstancias, como estar enojado con una mujer, pueden alterar la situación. Aunque la capacidad de excitarse por la violencia sexual no sugiere por sí sola que cualquier hombre sea un violador en potencia, todo violador ha de tener ese tipo de excitabilidad. Mediante un dispositivo denominado pletismógrafo peneal, los investigadores pueden medir el flujo sanguíneo hacia los genitales del hombre cuando observa o escucha escenas sexuales. Variando sistemáticamente el contenido de esas escenas, los investigadores pueden averiguar qué detalles son más o menos excitantes."Para la mayoría de los hombres, escuchar la descripción de un encuentro en el que el hombre fuerza a una mujer a la relación sexual y la mujer está desolada o siente dolor, rebaja la excitación en un 50% en comparación con la provocada por una escena en la que la relación es consentida", dice Howard Barbaree. "Normalmente, la violencia inhibe en los hombres la excitación sexual", dice Barbaree. "Un descenso del 50% en el flujo sanguíneo significa que un hombre no puede penetrar a una mujer".

El doctor Barbaree descubrió que en la respuesta de los voluntarios del estudio sometidos diariamente a escenas de sexo consentido y forzado, el descenso de la excitación ante las descripciones de sexo forzado era mayor en días sucesivos. Pero no sucedía lo mismo con los hombres condenados por violación, y en el 10% de los violadores, incluidos aquellos con un gran número de víctimas, la excitación era considerablemente mayor con las escenas de violación que con las de sexo consentido, según Barbaree. Una investigación de Gene Abel, psicólogo de la Universidad Emory, demostró que cuanto mayor era la excitación de un violador ante escenas de sexo forzado, mayor era el número de sus víctimas.

Barbaree y sus colaboradores investigaron también las circunstancias que podían hacer que los patrones de excitación de los hombres normales se parecieran a los de los violadores. Enfadarse con una mujer era una de ellas.

A hombres que creían estar participando en un estudio sobre los efectos del ejercicio físicos en la excitación sexual, se les pidió que pedalearan en una bicicleta estática lo más rápido que pudieran durante un minuto. Al terminar, una mujer joven colaboradora del experimento entraba en la habitación, aparentemente buscando algo, observaba cuánto había pedaleado y hacia un comentario despectivo: "¿Es eso todo lo que pudo hacer? Yo he hecho mucho más esta misma mañana". Cuando esos hombres pasaban después al laboratorio, mostraban el mismo grado de excitación ante la violación que ante el sexo consentido.

En otros experimentos, el doctor Barbaree descubrió también que era más probable que los hombres se excitaran viendo una escena de violación si habían estado bebiendo o si consideraban que la mujer "se lo había estado buscando". Barbaree considera que esta corriente refuta la teoría científica que consideraba que los violadores eran únicos en su preferencia sexual por la combinación de violencia y excitación sexual. "Con la combinación adecuada de factores, la mayoría de los hombres se puede excitar con el sexo violento. Pero eso no es suficiente para que violen. Tienen que concurrir otros factores", concluye.

Traducción: Leopoldo Rodríguez Regueira.

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