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Tribuna:

José Subirá: un polígrafo musical

La muerte de José Subirá, acaecida en la madrugada del pasado lunes, en Madrid, significa el final de una larga vida dedicada a la musicología española. Sin la aportación de José Subirá (Barcelona, 1882) sería difícil el estudio , de muchos capítulos de la vida musical de este país. Esta ingente labor investigadora de Subirá recibió el pasado mes de agosto el premio de la ciudad de Madrid, cuyo alcalde, Enrique Tierno Galván, le impuso la Medalla de Oro de Madrid, que ya le había sido concedida en 1971, pero que el Gobierno de entonces decidió retirarle porque el galardonado había escrito comentarios en El Socialista durante la Segunda República. La condecoración madrileña fue la última que tuvo José Subirá.

El triunfo, como tantas veces en la vida intelectual española, comenzó con una derrota. Cuando Subirá, antes de cumplir los cuarenta, opta a la Cátedra de Historia de la Música en el Conservatorio, es derrotado por unanimidad, según él mismo decía. Tenía sobre la espalda una carga considerable de estudios y actividades: piano, armonía, composición, derecho, periodismo, creación literaria y musicográfica.Su primer libro en este aspecto data de 1907 (Bach-Beethoven- Wagner), pero antes había comentado conciertos y había dictado lecciones para la Universidad Popular y diversas asociaciones obreras. Pues Subirá tuvo siempre un pensamiento social avanzado y, en cierto sentido, intentó por su cuenta una labor paralela a la realizada en Cataluña por los apóstoles,sociales de la música.

La derrota por unanimidad de 1921 aviva su vocación: el musicógrafo, de modo autodidacta, decide convertirse en musicólogo. El cuarto de trabajo de Subirá se llena de Fichas minuciosas y los días del investigador se hacen noche en los archivos parroquiales, en los fondos de las bibliotecas Nacional o Municipal, en los legados de la casa de Alba. El prestigio de Subirá se extiende por el mundo y su presencia en congresos internacionales o su colaboración en diccionarios, enciclopedias, anales e historias es reclamada desde Francia o Alemania, Inglaterra o Italia.

La aparición, a partir de 1928, de su inmensa obra sobre La tonadilla escénica despierta no pocas polémicas, ya que críticos del prestigio de Adolfo Salazar desprecian la misma materia investigada y publicada. Trifulca inútil, ya que Subirá se enfrentaba con un pasado español real que históricamente no cabía desconocer y que estéticamente venía abonado por las zarzuelas de un Barbieri y las Goyescas y tonadillas de un Granados. La rúbrica definitiva la da Manuel de Falla en su tonadillero tercer tiempo del Concerto, línea que prolongarán, cada uno a su modo, Ernesto Halffter y Joaquín Rodrigo,principalmente.

Otra fecha: el descubrimiento de la ópera de Calderón y Juan Hidalgo Celos, aun del aire, matan, cuyo manuscrito incompleto guardaba la casa de Alba. Revisado por Subirá, se publica en 1933 en su prólogo y acto primero. El resto, hallado en la Universidad de Evora (Portugal), fue ultimado en 1965.

Imposible seguir la fecunda labor de Subirá ni comentar aportaciones tales como el catálogo musical de la Biblioteca Nacional, el de la Municipal, la historia. del teatro del Real Palacio y del teatro Real, el estudio sobre Iriarie y el melólogo, las varias historias de la música española, el conjunto de Temas musicales madrileños o los miles de escritos aparecidos en diarios y revistas con la firma de Subirá o de los distintos seudónimos que usara: Jesús A. Ribó, Rosa I. Jubés, Mauricio Puig, Ixión y El bachiller Orfeo.

Esto sin olvidar la labor composicional (obras originales, transcripciones, arreglos, armonizaciones, instrúmentaciones) o la de promoción y educación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de enero de 1980