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martes, 30 de enero de 1979
El papa en México

Discurso conservador de Juan Pablo II ante la Conferencia Episcopal de Puebla

  • Mañana finaliza su estancia en Latinoamérica

El papa Juan Pablo II dirigió el domingo un discurso de claro contenido conservador a la conferencia de obispos latinoamericanos reunida en Puebla. Hoy, el Papa irá en el avión presidencial a Guadalajara, donde se encontrará con el mundo obrero, y mañana, de regreso ya hacia el Vaticano, se detendrá una horas en Monterrey.

Ya ha sido anunciada la presencia de más de un millón de norteamericanos que aprovecharán la ocasión para saludar a Juan Pablo II.Ayer, el papa Wojtyla estuvo visitando, a seiscientos kilómetros de Ciudad de México, lo que el arzobispo rojo Méndez Arceo ha llamado «los pobres más pobres de la Tierra», los indígenas de Oaxaca. El domingo estuvo toda la jornada en Puebla, sede de la III Conferencia Episcopal. del continente latinoamericano.

Durante las trece horas de trabajo intenso, fue la primera vez que el Papa se mostró cansado hasta el punto que su médico le impidió celebrar las audiencias previstas con los obispos e insistió en que volviera en helicóptero, aunque ello no se hizo por motivos de seguridad.

En sus discursos de estos días, el Papa «se ha descubierto», como dice aquí la prensa. No cabe duda que Juan Pablo II vuelve a Roma de su viaje latinoamericano con una imagen de Papa «decididamente conservador». A sacerdotes y religiosas les ha dicho que « no sois dirigentes sociales, líderes políticos o funcionarios de un poder temporal», les ha exaltado al celibato y los ha puesto en guardia sobre las tentaciones sociopolíticas «con la excusa de estar cerca de los hombres y querer ayudar a los pobres».

A los pobres en Puebla les ha recordado que conoce muy bien la situación extrema de desigualdad social que existe en América Latina, pero que mientras existen hogares ricos en los cuales no hay alegrías, existen también familias pobres, con la inseguridad del mañana, con gran dolor escondido pero donde se refleja «la sencilla alegría de los pobres».

A los ricos les ha ha exhortado a no «encerrarse en su fidelidad» y les ha dicho textualmente: «Abríos a los demás para repartir lo que os sobra y a otros les falta». Les ha llamado a la esperanza y a la resignación: « Familias oprimidas por la pobreza, no os desaniméis y sin tener el lujo por ideal, esperad tiempos mejores. »

A este discurso que hizo llevarse las manos a la cabeza a muchos observadores de izquierdas, se ha añadido el discurso programático pronunciado en perfecto español ante los obispos de la Conferencia Episcopal, que son la tercera parte del episcopado mundial, y los representantes del único continente con mayoría católica.

Se ha tratado de un discurso programático, su primera encíclica. El Papa ha sido muy explícito y decidido. Ha hecho una llamada muy dura a la vuelta de la pureza de la doctrina católica: «Vuestro deber principal es de ser maestros de la verdad » ha dicho el Papa a los obispos. Les ha puesto en guardia contra las relecturas del Evangelio en clave marxista, las cuales según el Papa «son especulaciones teóricas más que fruto de meditación». Estas nuevas lecturas del Evangelio que intentan presentar a Jesús «comprometido políticamente, como un luchador contra la dominación romana y contra los poderes, incluso implicado en la lucha de clases. Esta concepción de Cristo como político, revolucionario, como el subversivo de Nazaret, no se compagina con la doctrina de la Iglesia». Según el Papa polaco está muy claro que Jesús en el Evangelio «no aceptaba la posición de quien mezcla las cosas de Dios con las actitudes únicamente políticas». Y añadió: «El Evangelio rechaza el uso de la violencia. »

Ha relanzado la Iglesia como institución, ha dicho que «no tiene Dios como padre quien no acepta a la Iglesia como madre» y ha rechazado que existía una Iglesia oficial en contraposición con una iglesia popular, que «nace del pueblo» y que se concretiza en los pobres. Según el Papa «si el Evangelio se presenta roto por discusiones doctrinales o a causa de concepciones diversas acerca de la sociedad, no se puede pretender que las personas no se sientan «perplejas, desorientadas y hasta escandalizadas».

Ha insistido ante los obispos en la pastoral familiar en un momento en el cual la familia está tan amenazada y añadió: «Pensad en las campañas favorables al divorcio, al uso de anticonceptivos y al aborto, que destruyen a la sociedad.»

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