_
_
_
_
Reportaje:

Más carca, más miedoso

Un estudio muestra el vínculo entre biología y convicciones

Javier Sampedro

La gente que no se asusta fácilmente tiende a defender el pacifismo, el control de armas, el apoyo económico al Tercer Mundo y una política tolerante con la inmigración. Los más asustadizos, por el contrario, apoyan el patriotismo, el gasto en defensa, la guerra de Irak y la pena de muerte. Son las conclusiones del trabajo que presenta hoy en Science un equipo de politólogos estadounidenses dirigido por John Hibbing, del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Nebraska en Lincoln.

Hibbing y sus colegas reclutaron a 46 voluntarios "con fuertes convicciones políticas" -de un signo u otro- y les pidieron su opinión sobre inmigración, ayuda exterior, control de armas y otras cuestiones políticas. Y dos meses después les hicieron volver al laboratorio para someterles a una prueba muy distinta.

Una estructura cerebral está implicada en la actitud política

Los investigadores aplicaron a cada voluntario unos equipos de medición para analizar el sudor, los movimientos oculares súbitos y otros signos de la ansiedad, y les mostraron 33 fotografías. Todas eran aburridas menos tres: una araña del tamaño de una nécora posada en la cara de una persona, un hombre aturdido con el rostro ensangrentado, y una herida abierta infestada de gusanos. También estudiaron su reacción a los estruendos repentinos.

El resultado es una clara correlación positiva: los voluntarios más asustadizos -los que reaccionan con más fuerza a los ruidos y las fotos amenazantes- tienden a ser también los más preocupados por proteger los intereses de su grupo social, ya sea frente a sus enemigos externos o a sus delincuentes internos.

Además de los puntos citados en el primer párrafo, la correlación con el susto se extiende a posiciones políticas favorables a -recuérdese que los participantes eran estadounidenses- "los registros sin autorización judicial, la pena de muerte, la Ley de Patriotismo, la obediencia, la oración en la escuela y la verdad de la Biblia", según uno de los autores, el politólogo John Alford, de la Universidad de Rice (Houston, Tejas).

Las personas más asustadizas también tienden a oponerse al pacifismo, la inmigración, el compromiso político, el control de armas, la ayuda exterior, el sexo preconyugal, el matrimonio gay, el aborto y la pornografía.

Las meras correlaciones estadísticas no implican por fuerza una relación causal. Pero Alford opina que estos datos "pueden ayudar a explicar la escasa flexibilidad en las creencias de las personas con fuertes convicciones políticas, y también la ubicuidad del conflicto político".

Las actitudes ante lo público se han visto tradicionalmente como reacciones meditadas a las circunstancias sociales e históricas. Pero algunas investigaciones recientes apuntan a una "cualidad intrínseca, casi automática, de muchas respuestas políticas", sostienen Hibbing y sus colegas. Hay evidencias de que la misma estructura cerebral (la amígdala) está implicada en la actitud política y en la generación del miedo.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_