Televisión familiar para niños búho
‘El hormiguero’ se vende como entretenimiento familiar, pero no lo es, por mucho peluche que haya en plató. Tampoco ‘La revuelta’, donde hay un señor que manda a los niños a la cama cuando todavía falta una hora para que comiencen contenidos que sí podrían verse en familia


Entre amenazar con destruir civilizaciones y poner el mundo al borde del colapso energético, Donald Trump tiene tiempo para darnos momentos que firmarían los mejores guionistas de comedia. Uno de los últimos lo sufrieron los niños que celebraron la Pascua en la Casa Blanca. Iban por los dulces, lo único que debería ser prioritario en el mundo y no el petróleo y las tierras raras, y se llevaron una perorata sobre Biden, aunque Biden ya sea historia y se signifique poco, no como otros ex. A Felipe González, por ejemplo, le falta aparecer en el confesionario de Rosalía. También les sugirió que vendiesen su firma por en eBay. Viéndolo recordaba al Chevy Chase de Community; su Pierce Hawthorne era igualito, un señor mayor racista y misógino encerrado en un infierno de rencor. No era una conversación para niños, obvio. Algo similar pienso cada vez que me topo con El hormiguero y veo a cinco personas mayores desbarrando entre marionetas, a veces rozando la parodia. Hace unos días escuché a Juan del Val —ya, ¿a quién se le ocurre?— hacer chanza de los que leen The New York Times. Explíquenmelo.
El hormiguero se vende como entretenimiento familiar, pero no lo es, por mucho peluche que haya en plató. Tampoco lo eran Spitting Image o Las noticias del guiñol. Y no lo es La revuelta, donde hay un señor que manda a los niños a la cama como antes hacían los Televicentes o los Lunnis. Paradójicamente, cuando a esos niños se les invita a dormir, todavía falta una hora para que comiencen contenidos que sí podrían verse en familia, como Dog House, Top Chef: Dulces y famosos o The Floor. No son estrictamente para niños, pero tampoco lo eran grandes formatos de TVE como A la caza del tesoro, Un, dos, tres o El tiempo es oro, y ahí estábamos viéndolos aunque Casimiro nos mandase a dormir a las ocho. ¡A las ocho!
También lo es Barrio Esperanza, de cuyo disparatado horario ya se ha hablado aquí. Una serie para todos los públicos, excepto para los intolerantes al almíbar. Su estreno fue lo más visto entre niños de cuatro a 12 años, niños búho, imagino. TVE se escudará en sus buenas cifras y en que quien quiera puede verla en RTVE Play. Cualquier cosa en lugar de emitir La revuelta a la hora que le correspondería, porque en la televisión actual sigue habiendo esos late night que tantas alegrías dieron a la televisión de los noventa, solo que ahora los emiten a la hora de la cena.


























































