VIOLENCIA MACHISTACrítica
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‘Ahora, Olga’: Y Telecinco olvidó la violencia machista

La cadena que revolucionó la programación con ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’ vuelve en su último programa a las vísceras y el cotilleo

Olga Moreno, en un momento del especial 'Ahora, Olga'.
Olga Moreno, en un momento del especial 'Ahora, Olga'.

El programa de Telecinco Ahora, Olga resultó un mal viaje al pasado, una vuelta a las vísceras y al cotilleo. Durante tres horas y media, Olga Moreno —esposa de Antonio David Flores y última ganadora del concurso Supervivientes—, fue entrevistada entre tertulianos del corazón. Fue como volver a los 20 años de exclusivas de la prensa rosa que dibujaron a Rocío Carrasco, ex de Flores, como una mala madre. Portadas con titulares como: “Antonio David acusa a Rociíto de no ser una buena madre y relaciona a Fidel [Albiac, actual marido de Carrasco] con el narcotráfico”; “Antonio David habla de Rocío: ‘Cuando unos hijos no quieren estar en casa de su madre, por algo será”; “Mi hijo ingresó en Urgencias y su madre no fue a verlo”; “Rocío Carrasco ha despreciado a mis hijos”.

Todos esos recortes de prensa están incluidos en los cinco tomos de las diligencias judiciales de Carrasco contra su exmarido, al que denunció en 2016 por violencia psicológica, una de las formas de violencia machista más difíciles de poner en pie en un tribunal. El caso está sobreseído provisionalmente, lo que significa que hacen falta nuevas pruebas para considerar una posible reapertura. Pero en esa ingente documentación judicial consta un informe pericial oficial que establece una relación entre el trastorno psicológico que ella ha sufrido y las portadas que la señalaban como una madre horrible. Lo indicó también la jueza de violencia contra la mujer que llevó el caso y pidió abrir un juicio que finalmente no se celebró. Toda esa presión llevó a Rocío Carrasco incluso a intentar suicidarse, como alegó con documentos en el juzgado.

Tras 20 años de silencio, Rocío Carrasco desgranó semanalmente su propio relato de lo ocurrido en Rocío, contar la verdad para seguir viva. Fue un fenómeno televisivo que siguieron una media de 2,5 millones de personas. Reaccionó hasta la ministra de Igualdad, Irene Montero, que respaldó su testimonio. Produjo un repunte en las llamadas al 016 de atención a las víctimas de violencia machista, y llevó a miles de hogares términos como violencia vicaria —la que se ejerce contra los hijos para dañar a la madre— o luz de gas, una forma sibilina y taimada de violencia psicológica. En Telecinco señalaron incluso que España estaba iniciando su propio Me Too con ese caso y todo el debate que trajo consigo.

En la entrevista a Olga Moreno no queda ni una sombra de todo aquello. Toda la emisión se dedicó a escudriñar la relación de Carrasco con sus hijos y las contradicciones entre el relato de ambas. Pelea de leonas. En el primer programa, Rocío Carrasco presentó decenas de documentos para acompañar a sus palabras. En la entrevista a Moreno, no hubo ni un solo papel pero sí un nuevo ataque a Carrasco a través de sus hijos. Olga Moreno aseguró que ella había sido “una salvación” para esos niños —que ahora son dos veinteañeros—, que era ella quien los llevaba al médico y a tutorías “día sí, día también” y que nunca habría dejado que nadie la separara de una hija: “Si a mí me roban a mi hija, cruzo mares”.

Carrasco lleva años sin ver a sus hijos. Cortó toda relación y ella acusa directamente al padre de ponerlos en su contra. Cree que es él quien está detrás de un episodio que tuvo lugar en julio de 2012, cuando su hija le dio una paliza, acreditada por una sentencia judicial, que recoge un maltrato continuado durante tres años por parte de la hija, entonces con 15 años. Entre los insultos de la menor recogidos en el fallo están: “Guarra, puta, mi padre tenía razón, eres una maltratadora psíquica, a esta casa no me trae ni la policía, ni el juez, ni tu padre y tu madre, que están bajo tierra”.

Moreno negó insultos o violencia de la hija hacia su madre —“quien conozca a esa niña sabe el corazón que tiene”— aunque es una verdad judicial. Mientras los programas con el testimonio de Carrasco estuvieron acompañados por comentarios de especialistas y personas relacionadas con la violencia de género —psicólogas, periodistas, abogadas e incluso víctimas—, en Ahora, Olga lo que se vio fueron tertulianos pisándose el turno de palabra. A veces más que preguntar, azuzaban a la entrevistada. No se mencionó ni una sola vez la violencia de género. Solo Olga Moreno dijo, con lágrimas en los ojos, que en su barrio habían aparecido carteles que acusaban a su marido de ser un “maltratador” y que su hija, una menor de solo ocho años, ha tenido que ir al psicólogo por eso. “He visto a mi familia derrumbada”, contó.

El momento más surrealista llegó después de más de tres horas entre emisión y publicidad. Moreno estaba acusando a Rocío Carrasco de no acompañar desde el principio a su hijo menor cuando fue hospitalizado por neumonía. Entre una pregunta y la siguiente apareció el presentador Christian Gálvez a contarle a los espectadores que estrena programa en la cadena.

Han pasado solo dos meses, pero parece que el tiempo ha ido hacia atrás. En el último programa sobre el relato de Rocío Carrasco, el pasado 26 de mayo, el tertuliano Marc Giró lanzó una pregunta: “¿Esto le va a servir de algo realmente? […] ¿Vais a hacer periodismo o entretenimiento con perspectiva de género?”. En el caso del programa Ahora, Olga, la respuesta es no.

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