‘Con amor, Victor’: Disney sale del armario

La primera serie con protagonista ‘queer’ de la productora renuncia al tono trágico habitual en producciones de esa temática

Michael Cimino y Anthony Turpel, en un instante del primer capítulo de 'Con amor, Victor'. En el vídeo, el tráiler.

Victor Salazar, el protagonista de la nueva serie para adolescentes de Disney, es latino en un país para blancos; alumno de clase media baja becado en un instituto para ricos y posiblemente gay en un mundo para heterosexuales. Esto último no lo tiene muy claro. Menos aún cuando la chica más popular del instituto empieza el curso haciéndole ojitos: su único pasaporte hacia el estatus.

Con amor, Victor es la continuación de Con amor, Simon, una comedia romántica de 2018 que contaba la salida del armario de un adolescente en las mejores condiciones posibles. Esta secuela en forma de serie, que Disney + estrena el martes 23, se pone en la situación contraria. “Todavía no hay tanta representación latina en televisión, y con este tipo de serie nos apetecía ser parte de la solución a ese problema, a esa falta de diversidad”, explica por Zoom a EL PAÍS Elizabeth Berger, guionista de ambos proyectos. El resultado es que, si la identidad sexual es hoy día inseparable de la económica y la racial, Victor es un emblema de interseccionalidad. La única minoría a la que parece no pertenecer es la de ser rico.

Esta tortilla de problemas es, sin embargo, lo que da alas a la serie. La alienación económica de Victor, por ejemplo, es lo que le agrava las consecuencias sociales de salir del armario. “Si ya eres el que está de sobra por ser el único del equipo de baloncesto que no se puede pagar el equipamiento, ¿de verdad te quieres diferenciar aún más anunciando esta otra parte de ti mismo? ¿Cuando la otra opción es estar con la chica más popular del colegio?”, explica el otro director de la serie, Isaac Aptaker.

El otro giro está en casa. Su familia no es del todo homófoba, pero tampoco tiene pinta de llevar muy bien lo de tener un gay en sus filas. El dilema identitario de Victor no es cuánto vaya a sufrir por anunciar su sexualidad, sino cuánto van a sufrir sus padres. “Victor se ve a sí mismo como una roca en su familia. Algo que siempre está ahí, inalterable”, describe Berger. “Hay mucho tumulto familiar a su alrededor y su propia madre ya le dice, ‘Me alegro tanto de tenerte, nunca tengo que preocuparme por ti’. Le pone una presión enorme para que sea el buen hijo, para que no sacuda las cosas. Por eso Victor tiene todo tan enterrado. Le da miedo asustar a sus padres”.

A pesar de todo esto, Con amor, Victor —la primera serie de Disney protagonizada por un personaje queer— no renuncia al tono optimista y relajado de las producciones de la casa. Lo normal en las historias LGTBQ suele ser un componente de oscuridad y melancolía, cuando no directamente de tragedia (el tópico de matar a personajes homosexuales en ficciones televisivas está más que probado). Lo que parece pedir algo tan traumático como salir del armario. Las primeras críticas de la serie, estrenada en 2020 en Estados Unidos, fueron por ahí: era una comedia adolescente correcta, pero le sobraba amabilidad y le faltaba la perversión históricamente asociada a la cultura queer.

Lo mismo se ha dicho también de Veneno y de It’s a Sin, las otras dos grandes series LGTBQ del último año, y dos de los mayores éxitos de público, hetero o no, del género, posiblemente gracias a esa calculada accesibilidad. “Isaac y yo somos fans de series más oscuras, que van, y abro comillas, más allá. Nos encanta Euphoria. Pero no es lo que queríamos hacer aquí. Queríamos hacer una serie que diera esperanza, que te hiciera sentir bien de cara al futuro y el devenir de tu propia vida. Que te haga sentir bien por quién eres. Que pudieras hablar de ti a través de ella con tus padres, con tus hermanos”, avisa Bergen.

Alerta Aptaker: “Nunca dijimos: ‘Necesitamos dirigirnos a un público generalista’. Estamos contando la historia de un chaval de 15 años que se encuentra muy, muy al principio de un viaje identitario, y en el piloto no sabe si le gustan las chicas o no los chicos, o ambos. Está investigándolo, y en ese sentido no nos parecía honesto que la historia se fuera por derroteros sexuales. O, por llamarlo de una manera, explícitamente gay. Está reprimido, tiene que salir del armario en un pequeño pueblo de Texas y no tiene a un referente gay que le haga pensar: ‘Así será mi vida’. Debíamos tomárnoslo con calma”.

Aptaker y Berger, directores también de This is Us, son blancos contando una historia de latinos. “Por eso, formamos un equipo de guionistas lleno de voces LGTBQ y latinas, con vidas, familias e infancias que pudieran proyectarse directamente en la de Victor”, defiende Aptaker. “La gente compara esa escritura grupal a hacer terapia en grupo: no estoy del todo de acuerdo. Al fin y al cabo, nuestro objetivo es construir una serie y contar una historia. No es un proceso libre. Pero sí es terapéutico. La gente se abre, habla de partes difíciles de su vida o su adolescencia. Se muestra vulnerable”.

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