Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

El humor de Florentino Fernández en ‘MasterChef Celebrity’: homofobia para cenar en TVE

La actual edición del programa potencia bromas en referencia a Josie, único concursante homosexual, y basadas en estereotipos desfasados

Los concursantes de 'MasterChef Celebrity 5' en el noveno programa del concurso
Los concursantes de 'MasterChef Celebrity 5' en el noveno programa del concursoTVE

La soprano Ainhoa Arteta, concursante de la actual edición de MasterChef Celebrity, quiso aliviar sus tensiones con el juez del programa Jordi Cruz dándole “un buen morreo”. Sonó la canción You Sexy Thing de Hot Chocolate. A continuación, Cruz invocó a Flosie y le propuso que hiciese lo mismo con Pepe Rodríguez, otro de los jueces. Flosie es el alter ego afeminado que a ratos posee al concursante y cómico Florentino Fernández, en una supuesta parodia del estilista y también participante Josie. Pepe Rodríguez salió pitando enseguida. Flosie le persiguió. El acompañamiento musical cambió a la amenazante banda sonora de Tiburón, de John Williams.

Flosie se ha convertido en una presencia casi fija en esta edición del popular concurso. No se parece a Josie. Ni en los ademanes, ni en la voz, ni en la dicción. Le han bautizado Flosie, sencillamente, porque es, junto con el estilista, el otro hombre gay de la edición. Flosie parece una recreación de Crispín Klander con otro Pepe (de Navarro a Rodríguez) como amor platónico: Florentino Fernández se hizo famoso a mediados de los noventa en Esta noche cruzamos el Mississippi con aquel personaje, una criatura de actitud ingenua y aspecto excéntrico (ropa estampada rosa chillón, pelo de cortinilla rubio platino, gafas de carey) que evocaba a Chiquito de la Calzada pero con ademanes extremadamente afeminados. Crispín estaba obsesionado con ligarse a su jefe Pepe Navarro, el presentador del programa, pero cuando le preguntaban por su orientación sexual, respondía que era “modosito”. Su repercusión fue tal que durante un par de años el término “modosito” reemplazó a “mariquita” en el vocabulario popular: de la noche a la mañana, los que en clase llamaban “mariquita” al alumno afeminado cambiaron el insulto por “modosito”.

La presencia de Flosie irrita semanalmente a activistas y usuarios en redes. “Estas bromas, comentarios y actitudes muestran que ser homosexual (o, más bien, tener pluma) es un chiste: un hombre femenino es digno de risas y burlas y se lo merece", cuenta Rubén Serrano, autor del libro No estamos tan bien (Temas de Hoy). "El mensaje implícito es que puedes reírte de los homosexuales, que es divertido y que no pasa nada”.


Analizar el lenguaje corporal de Josie mientras Florentino Fernández interpreta a Flosie resulta inconcluso. Habrá quien entienda su sonrisa tímida como una aprobación cómplice (no se están riendo de mí, se están riendo conmigo) y habrá quien perciba ciertos gestos (cruzarse de brazos, tocarse el pelo, alejarse del grupo) como signos de incomodidad. Cualquiera que haya sufrido burlas sistemáticas en algún momento de su vida sabe que, por instinto, la reacción inicial es fingir que no te está doliendo. Josie confesó en una entrevista en este periódico que no era fácil ser un niño como lo fue él. La armonía de la comunidad dicta que Josie debe aguantar con buen ánimo los chistes de mariquitas en nombre del entretenimiento.

El tipo de humor que se trabaja aquí es tan reconocible que los jueces ponen los chascarrillos en bandeja: “La cocina está empotrada”, indicó Pepe Rodríguez en un progama. “Que me empotren a mí directamente”, le replicó Flosie, una frase recibida con silencio incómodo que él reanimó diciendo “Estás muy guapo, Pepe”. “¿Dónde está la salchicha de Florentino?”, le preguntó Jordi en otra ocasión; “David, a ver si quedamos y hacemos honor a tu apellido: p’allá, p’acá, p’allá, p’acá”, le propuso un día Flosie al cocinero invitado David Pallás. En una ocasión, Jordi Cruz se animó también a imitar a Flosie: Josie le llevó un pijama estampado, como guiño al escándalo que causa cada uno de sus looks en el programa, y Cruz se lo puso transformándose inmediatamente en su imitación: suspiró “Ay, Pepe” con voz afeminada.

Cada vez que la energía decae, Jordi Cruz invoca la aparición de Flosie. Este se transforma y se tumba en la mesa para pedir besos como un niño salido. Son frecuentes las persecuciones y forcejeos entre Flosie y Pepe, acompañados de música de vodevil y retrancas del resto de concursantes. “Te vas a acabar poniendo en forma”, le dijo Gonzalo Miró una vez al juez mientras huía de Flosie. Los defensores de Fernández aclaran que no hay mala intención, como si la ausencia de malicia legitimase cualquier insulto, o diese licencia para hacer, por ejemplo, chistes de negros a costa de un concursante negro.

Rivalidad

Los tiempos actuales dictan que esos chistes “de mariquitas” de Florentino Fernández deben suponer una oportunidad de oro para que Josie lo confronte, lo corrija o sencillamente le indique que no le hace ninguna gracia. Josie o bien no ve nada ofensivo en esas bromas o bien considera de mal gusto ponerse a discutir y a hacer activismo de refilón en un programa de entretenimiento para toda la familia. No representa a su colectivo, sino a sí mismo (y ahí ya hay mucho que representar). Despliega su plumaje como un pavo real que ya hace mucho tiempo que superó las mofas.

Una de las claves de la dinámica entre imitador e imitado es que, al menos tal y como está narrado el concurso, no son colegas. Su interacción durante los primeros programas fue mínima y cada uno está ahí para recrear roles que habían funcionado en anteriores ediciones: el homosexual culto, extravagante, rápido, ingenioso y sorprendentemente implicado en el trabajo de cocina (Boris Izaguirre, cuyo carisma le llevó a participar en dos ediciones consecutivas) y el gracioso oficial que resulta ser competitivo (José Corbacho, Santiago Segura, El Sevilla). Flosie nació como una manifestación del “lado sensible” de Fernández, a quien habían acusado de ser demasiado tosco, pero enseguida evolucionó en la broma recurrente que estaba enamorado de Jordi (él lo llama Jorge), un silogismo que sugiere que mostrar sensibilidad es incompatible con ser heterosexual. Dos programas después cambió su objetivo de Jordi a Pepe porque, se sobreentiende, acosar a un señor resultaba aún más gracioso que a un galán que posó sin camiseta en la portada de Men’s Health. Masterchef Celebrity no solo reúne al público con famosos de otras épocas (en la edición actual están Raquel Meroño o Perico Delgado) sino también con un humor de otra época.

Del "maricón de España" a 'Flosie'

Que “modosito” reemplazase a “mariquita” en la jerga callejera a mediados de los noventa es un ejemplo del poder de la televisión para reescribir significados. A través de ella, España empezó riéndose del “Maricón de España” de Martes y 13 y empezó el siglo XXI con una pareja de hombres (Mauri y Fernando) plenamente integrada en la sociedad en la serie más popular del momento (Aquí no hay quien viva). En medio, la televisión propuso arquetipos reconocibles que animasen a la sociedad española a perderle el miedo a los homosexuales: Jesús Vázquez (el guapo, ese por el que las peluqueras y sus clientas suspiraban “ay, qué pena que sea gay”), Boris Izaguirre (el escandaloso pero carismático) o Jaime Cantizano (el amable y yerno de ensueño) despojaron a la figura del homosexual de la sordidez y el pitorreo con los que todavía se le percibía. Estos nuevos arquetipos fueron adoptados por varios círculos gais como disfraces para presentarse a la sociedad con rasgos familiares, cercanos e inofensivos.

 

Ante este nuevo panorama, los chistes “de mariquitas” como Crispín Klander o aquel con el que reaccionaban los hombres heterosexuales cuando les proponían ir a un bar de ambiente (“Me voy a tener que poner un tapón en el culo”) acabaron pasando de moda. O eso parecía.

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