MasterChef

Por qué en ‘MasterChef’ los concursantes son cada vez más variopintos

El programa ha llamado la atención por traer a su octava edición personajes fuera de lo común

Marta Verona, ganadora de 'MasterChef 6', y Teresa, participante de la octava edición.
Marta Verona, ganadora de 'MasterChef 6', y Teresa, participante de la octava edición. / EL PAÍS

Saray es gitana, transexual y trabajadora social. Sonsoles es una farmacéutica burgalesa que lleva 22 años en silla de ruedas. Fidel, de 36 años, es amante del rock and roll y asegura que “le falta un hervor”. Andy se considera “pijo y presumido” y se siente identificado con Tamara Falcó. Rosa es una leonesa comandante del Ejército del Aire. Juana tiene 74 años y una vez cocinó para Adolfo Suárez. Teresa es una economista de Barcelona que llega al plató acompañada de un columpio sexual. Son algunos de los 17 aspirantes de la octava edición de MasterChef, que arrancó la semana pasada. Además de competir por ser el nuevo ganador del concurso gastronómico, tienen otra misión por delante: atrapar a un público expuesto a ni más ni menos que tres ediciones del programa al año.

La importancia del casting es enorme en cualquier concurso de talentos y en los realities. Cuantas más ediciones pasan, más difícil resulta acertar. “Muchas veces nos dicen que los primeros concursantes de MasterChef eran gente más normal a la que solo le gustaba la cocina”, admite Esther González, directora de casting de Shine Iberia, productora de MasterChef y Maestros de la costura, entre otros programas. Para ella, este hecho tiene una explicación: “en la primera edición de un formato de éxito internacional, el programa en sí tiene una fuerza increíble, y quiénes sean los concursantes es importante... solo relativamente. Yo llamo a eso el efecto primer amor. Ha ocurrido también con otros grandes formatos. Piensas que los primeros son concursantes buenísimos, pero a lo mejor, si lo revisamos años después, te das cuenta de que no eran tan buenos o no habrían funcionado más tarde. Pero la primera vez te enamoras del formato con todo lo que trae dentro”. Cuando llegan nuevas ediciones, la novedad la tienen que aportar los participantes. Y ahí comienza la complicación para el casting.

Un equipo de 10 personas se dedica en Shine Iberia a la selección de los participantes. A esta entrega de MasterChef se presentaron a las pruebas casi 30.000 aspirantes, una cantidad enorme para una producción que ya va por su octavo año en España. Y esa solo es una de las vías de búsqueda de candidatos. Por otro lado, el equipo trata de determinar qué segmentos de población todavía no se han visto en concursos televisivos. “A partir de ahí lanzamos búsquedas por redes, por contactos, para intentar dar con ellos… Nos funciona en un 30% de los casos, el 70% termina en nada. Es muy difícil dar con buenos personajes y que además estén interesados en la cocina. A veces buscamos una cosa y encontramos otra totalmente diferente”, explica González.

Como recuerda la directora de casting de MasterChef, lo esencial en los participantes de un talent es que tengan pasión por esa actividad. Pero, además, se buscan otras cosas que lo complementen. Al fin y al cabo, se trata de entretener a los espectadores. Noemí Galera, directora de casting de la productora de Operación Triunfo, Gestmusic, es de la misma opinión. “Muchas veces me preguntan por qué no hemos cogido a alguien que canta super bien. Pero es que esto no deja de ser un programa de televisión. Hay muchísima gente que canta muy bien, pero además tiene que llegarte. Hay artistas que no tienen una gran voz pero cada vez que abren la boca se para el mundo. Yo prefiero eso a alguien que cante muy bien pero no transmita nada”, dice Galera.

“Lo que tiene que pasar es que, cuando estés sentado en casa, con el mando a distancia en la mano, veas a quien aparece en la tele y no quieras cambiar”, opina Esther González. “Eso puede ser por mil motivos: porque te parezca adorable, aborrecible, sorprendente, divertido… Tiene que despertar unas emociones”, trata de resumir González. “Lo que no pueden ser es advenedizos y gente que solo quiere televisión. Eso está para otros programas, funcionan fenomenal en realities puros, pero no en los talents”, advierte. Por su parte, Galera explica que, en Operación Triunfo, el equipo conoce aspectos personales de los concursantes a través de las entrevistas previas que no desvelan públicamente a no ser que los propios participantes las cuenten durante su estancia en la Academia.

En La Voz, cuyo equipo ahora se encuentra trabajando en la edición del programa desde sus casas, el casting trata de equilibrar la parte musical —distintos estilos y diferentes voces—, con la personalidad y las historias que hay detrás de cada concursante. El programa de Antena 3 cuenta con tres equipos de casting que a lo largo de 15 semanas seleccionan a los concursantes de las tres ediciones del formato en paralelo. “En cada programa, la búsqueda tiene que responder a la propia definición del formato. Hay perfiles de otros talents que a nosotros nos interesan pero hay perfiles de La Voz que a otros no les interesan”, dice Encarna Pardo, productora ejecutiva de Boomerang TV.

Esther González está muy satisfecha con el buen resultado del casting de MasterChef para una edición en la que su equipo se había propuesto dar el do de pecho. “Era un reto. Tuvimos un corte en nuestra cabeza. El año pasado coincidimos en emisión con el Supervivientes de la Pantoja, y toda la parrilla que no era Supervivientes se resintió. Me obsesioné con el equipo en que había que darlo todo este año, intentar volvernos locos”. El pasado lunes, arrancó frente a 2.658.000 espectadores y con un 20% de cuota de pantalla, el segundo mejor dato histórico para un comienzo de la edición de adultos del programa y medio millón más de espectadores que el año pasado. Parece que el objetivo se ha cumplido.

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