Radar Pyme

Por qué las pymes son también un agente social

Muchas pymes construyen comunidad y dinamizan su entorno más cercano casi de forma inconsciente. Su acción social puede ser más amplia y estructurada, además de mejorar sus perspectivas de futuro.

El 83% de las pymes españolas está trabajando en acciones concretas para contribuir al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, según un estudio de la Red Española del Pacto Mundial publicado el pasado noviembre tras encuestar a más de 1.900 compañías. Es un porcentaje alto, pero menor al de las grandes empresas, que llegan al 99%.

¿Qué pueden hacer las pymes para mejorar el entorno en el que operan, más allá de lo estrictamente económico? ¿Y por qué debe el mediano y pequeño empresario tener en cuenta lo social y medioambiental, en un periodo especialmente complicado? Radar Pyme, la serie de encuentros organizada por El País Retina con la colaboración de Santander, dedicó su quinta mesa redonda online al ámbito de la sostenibilidad y el impacto social de las pymes.

Las razones de un compromiso

La ola del desarrollo sostenible, que no solo se ocupa del medio ambiente, sino también del impacto social de la actividad económica y de la buena gobernanza empresarial, lleva años creciendo. Muchas pymes no tienen que hacer un gran esfuerzo para responder a estas sensibilidades. Como comentó Alexandra Mitjans, directora de Ashoka España -una organización sin ánimo de lucro centrada en el emprendimiento social-, “el gran agente social son las pymes, porque están en la calle, en el día a día, con los empleados… y así pueden entender dónde están los retos y también responder con agilidad. Las pymes tienen innatas muchas de las características de los emprendedores sociales”.

Pero no todas desarrollan esas capacidades de la misma forma. Para Lisa Hehenberger, profesora y directora del ESADE Entrepreneurship Institute y experta en impacto social, “las empresas pequeñas que nacen ahora ya tienen incorporada la triple dimensión de la sostenibilidad [medioambiental, social y de gobernanza, ESG por las siglas en inglés]. Pero hay otro tipo de empresas ya consolidadas, sin un vínculo fuerte con su comunidad, que tienen que hacer un esfuerzo para integrar estas dimensiones. Sería más fácil si ven que el impacto social tiene un rendimiento económico”.

La mediación de las acciones ESG está por mejorar, especialmente en lo estrictamente social, pero las demandas del mercado incitan a las empresas a no perder el tiempo. Por un lado, los consumidores cada vez son más conscientes de que sus decisiones influyen en el todo y actúan en consecuencia, premiando a las empresas responsables y obviando a las irresponsables. En este esquema también entra el sector público, en cuyos criterios de ponderación de los concursos cada vez es más frecuente encontrarse aspectos relativos a la igualdad de género y el impacto medioambiental.

“También es una cuestión de captación de talento”, resaltó Mitjans: “un 75% de los milenials no concibe trabajar en una empresa sin un propósito social claro, y el porcentaje sube al 90% si hablamos de los centenials [los nacidos después de 2000]”. En Santander también notan que los tiempos están cambiando: “Multitud de encuestas y estudios que nos dicen que los consumidores valoran que las empresas tengan un rol en la comunidad más allá de sus propios intereses”, afirmó Marta Aisa, directora de Banca Responsable en la entidad financiera, “y cada vez más empresas nos piden que les ayudemos. Las pymes también están ahí”.

Por dónde empezar

Pero, ¿qué deben plantearse las pymes que apuesten por una acción social más estructurada? En este proceso, el papel de los empleados es clave. No se trata, se destacó en la mesa redonda digital, de que el fundador tenga una gran idea y trate de implicar a toda la organización. Es mucho más sencillo.

“No hay que mutar la pyme para generar un impacto social”, aseguró Mitjans, “es una toma de conciencia, es prueba y error, es dar espacios a los empleados… Lo social es un camino, un experimento permanente”. Aisa recomendó a las pymes una reflexión sobre cuál es su propósito, más allá de la actividad económica, escuchando a sus grupos de interés, como proveedores y empleados. “Es un proceso que estamos haciendo todos, también en Santander”, aseguró. Pensar en términos absolutos es un error, explicó la directora de Ashoka España: “Esto no es un blanco o negro, no es eres social o no lo eres. La propia dimensión del reto nos abruma, y eso es el principal problema muchas veces. ¿Por dónde empiezo? Empieza probando”

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