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ANÁLISIS

Un iPhone sin huella de Steve Jobs

Apple entierra el último diseño de teléfono aprobado por su fundador y salta a los móviles gigantes que él siempre despreció

iPhone Apple
Steve Nash, exjugador de la NBA, presenta una 'app' de realidad aumentada para entrenar a baloncesto. AFP

"No puedes agarrarlos con una mano... nadie va a comprar eso", dijo en 2010 Steve Jobs para defender su iPhone 4 (de 3,5 pulgadas) como el tamaño ideal de un teléfono, frente a la tendencia que iniciaban los fabricantes de Android con teléfonos de hasta 5 pulgadas, que el fundador de Apple nunca dejó de ridiculizar. El más pequeño de los modelos estrenados ahora es el iPhone Xs, con una pantalla de 5,8 pulgadas.

Tras un verano en el que se filtraron casi todos los detalles de los nuevos teléfonos que acaba de presentar Tim Cook, no había margen para la sorpresa. Solo quedaba saber que hacía Apple con su modelo barato y manejable (el SE, de 4 pulgadas). Y lo que ha hecho es eliminarlo. Con él desaparece el último diseño de iPhone que fue aprobado por Jobs, hace 8 años, y el que más ha durado en toda la evolución del dispositivo.

Además del esperado salto definitivo hacia los teléfonos gigantes, siguiendo el paso de los Android, Apple se ha apuntado el tanto que deseaban todos los grandes del sector tecnológico. Los tres modelos nuevos (Xs, Xs Max y Xr) esconden tras esos nombres poco seductores un nuevo procesador (el A12 Bionic) que es el primer chip de 7 nanómetros incluido en una computadora, en cualquiera de sus formatos (ordenador, tableta o smartphone). Con este logro, Apple se coloca en cabeza de la carrera por seguir miniaturizando los procesadores y acercarse de nuevo a las predicciones de la ley de Moore.

En 1965 Gordon Moore, cofundador de Intel predijo que, gracias a esa miniaturización, la potencia de cálculo de los ordenadores se doblaría cada año. Hace tiempo que la industria informática ha perdido ese ritmo, pero Apple presentó su nuevo procesador como la gran novedad de sus teléfonos de 2018 y anunció una nueva era de la informática, y también de la fotografía o la edición de vídeo. La potencia y el diseño basado en redes neuronales de estos chips prometen nuevas aplicaciones de inteligencia artificial "en tiempo real" que por fin podrían hacer verdaderamente útiles las apps de realidad aumentada, más allá de los juegos y espectaculares demostraciones tecnológicas.

Para nosotros el gran cambio anunciado pasará desapercibido, al menos en un principio. Las nuevas capacidades del chip A12 las destinará no solo a hacer con mayor agilidad lo que le pida el usuario, sino a estar trabajando en segundo plano para anticiparse a sus deseos y ejecutar de manera más fina y precisa sus órdenes —como por ejemplo hacer una foto que, gracias a esa inteligencia artificial, se va a parecer más a cómo ve las cosas el ojo humano. Aunque los nuevos móviles no sean del gusto de Steve Jobs, esta situación de liderazgo en potencia de procesadores es algo que él nunca vivió y siempre soñó. ¿Estamos por fin ante una nueva etapa en historia de la informática?

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