GENTE CON LUZ

Alba Palacios: “Pago muy caro ser mujer”

La primera futbolista ‘trans’ federada se declara feliz tras vivir 30 años en el armario y no comprende los recelos de algunas feministas: “Nos ven como hombres y desconfían”

La futbolista Alba Palacios. Foto: B. P. / Vídeo: P. Casado / L. M. Rivas

Hace un día de perros en Madrid, con el debido respeto a los perros y las perras. Habíamos quedado en un parque cerca del rascacielos donde trabaja como ingeniera informática, pero, visto el panorama, viene ella a la Redacción de EL PAÍS aun a costa de quedarse sin comer porque sale volada a entrenar. Su salario de jugadora de la liga B de fútbol femenino no le da para vivir del fútbol, aunque el fútbol es su vida. Antes y después de que su DNI la reconociera hace dos años como la mujer que se siente.

Ingeniera informática, futbolista... Es usted un partidazo.

Jaja. Supongo, pero tengo pareja desde los 17 y yo ya no estoy para nadie.

¿Es difícil encontrar pareja siendo ‘trans’?

Sí, porque si la encuentras tienes que explicarle qué es esto, y puede verte como un bicho raro. Hoy es más visible, pero es complicado. Por suerte, la conocí hace mucho y lo hemos vivido juntas.

Su aventura también habrá sido difícil. La de su pareja, digo.

Ha sido una aventura muy dura, sí, pero fue ella quien me dio las alas para que por fin decidiera ser yo. Sin ella, yo no estaría aquí.

Cuando se dio cuenta de lo suyo, ¿se cabreó con el mundo?

Sí. A los 15 o 16 años. La adolescencia es la etapa más crucial, y para una persona trans que no ha sido capaz de salir de su propio armario, el doble. No eres tú, no estás ni en casa ni fuera como tú eres, te frustras, te da miedo salir y sigues frustrada. Tu vida consiste en evadirte de ti misma.

¿Cuánto le duró el enfado?

Muchos años, hasta que pude salir. De la adolescencia hasta los 31, que me decidí a pedir ayuda médica. En realidad, lo que quería era que me quitaran de la cabeza el levantarme cada mañana y sentirme mujer. Tenía mi vida resuelta: mi trabajo, mi familia, mi mujer, porque ya me había casado, mi fútbol. Y temía perder los pilares de mi vida. Allí me preguntaron cómo quería que me llamaran, y cuando les dije que Alba y me llamaron así, estuve tres cuartos de hora llorando y decidí ser yo de verdad, hasta el final.

¿Cómo reaccionó su familia?

Fue muy duro, un shock. No tenían ni idea. Yo no era amanerado, estaba con una chica, no se lo esperaban. Lo primero que le dijo mi madre a mi pareja es que me dejara. Tuvo frases muy duras. Los psicólogos me han explicado que es como una pérdida. Creen perder al hijo y aún no reconocen a la hija. Estuve casi un año sin hablarme con mi madre, porque ella no lo entendía. Ahora tenemos una relación maravillosa, porque ha visto que sigo siendo yo, y que ahora soy yo de verdad.

¿Como futbolista era mejor como Álvaro o como Alba?

Igual. Físicamente, como Álvaro. La hormonación me ha afectado muchísimo. Al bloquear la testosterona he perdido potencia, velocidad y fuerza. Pero mentalmente soy mejor: ahora soy feliz y libre, me puedo concentrar en los partidos, antes no estaba. Hoy, sí.

¿Cómo la tratan sus colegas?

Como una más. En el vestuario y fuera. El fútbol masculino, sin embargo, es un ambiente muy machista. No sé cómo recibiría un equipo masculino a un chico trans. Estoy en la categoría B y aspiro a subir a Primera, pero tengo que adaptarme a su nivel. Son jóvenes, corren que se las pelan, y encima me he lesionado. A ver si la próxima temporada.

¿No tiene ventaja por haber nacido como varón biológico?

Cada persona trans es un mundo. Algunas no desean hormonarse. Yo solo empecé a competir cuando mis niveles de testosterona habían bajado a los de una mujer. No me pedían analíticas, pero yo me las hacía. Creo que hay que cuidar el deporte femenino, y competir con más testosterona que mis compañeras me parecería no jugar limpio.

¿Las hormonas la traen loca? A mí, sí.

Sí, he estado menopáusica perdida. Me advirtieron que me iba a dar frío, calor, sofocos, y vaya si me dieron. Me dijeron que la hormonación puede acortar la vida. Y la cirugía es otro mundo, no es una rinoplastia: es durísima. Me he puesto en lista de espera, pero te planteas si merece la pena. Esto no se hace por capricho. Pago muy caro el ser mujer por fuera, pero prefiero morir antes y ser la mujer que soy por dentro.

¿Ve lo suyo como una putada?

Totalmente. Es una putada. Preferiría haber nacido con vagina, porque mujer he nacido, y no tener que estar dando explicaciones a nadie, pero es lo que tengo y voy a tratar de ser feliz con ello.

¿Sueña como Álvaro o Alba?

Buah, vaya pregunta... ¿Sabes qué? Sueño muy poco, y cuando sueño no me veo. Es muy raro.

¿Es feminista?

Creo en la igualdad entre todas las personas, todas. Si eso es ser feminista, lo soy.

¿Entiende el recelo de cierto feminismo hacia las y los ‘trans’?

En absoluto. No venimos a quitarle el sitio a nadie. Somos mujeres normales y no entiendo ese miedo que nos tienen. Creo que todavía nos siguen viendo como hombres, cosa que no somos, y ese es el problema. Desconfían.

¿Le hacen gracia los chistes sobre personas LGTBI?

Si son buenos, me parto, sí. Y los hay buenísimos.

¿Qué le ofende, entonces?

La mentira, la gente que no va de cara. Precisamente porque yo no he ido de cara 30 años de mi vida, he vivido mintiendo, diciendo que era Álvaro. Entonces, la mentira de los demás me duele.

¿Se ha perdonado?

Sí, porque he salido de ahí. No me hubiese perdonado si en mi tumba no pusiese Alba Palacios.

Uf, tío. Perdón, perdón: tía.

Tranquila, no me molesta. Yo a mis compañeras de equipo también les llamo tío. Lo que pasa es que ellas son 10 años más jóvenes y me dicen bro, y ahí ya entra la brecha generacional. Estoy fuerísima, tía.


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