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VIDA&ARTES

Por mis dieciséis años me pido votar

Los recortes en educación y la reforma laboral han sacado a los estudiantes a la calle

Políticos y expertos creen que adelantar la edad aumentaría el interés por la política

De derecha a izquierda: I. Leonard, A. Araujo, P. Izquierda, A. Suela y J.Guerra en el Instituto Juan de la Cierva.
De derecha a izquierda: I. Leonard, A. Araujo, P. Izquierda, A. Suela y J.Guerra en el Instituto Juan de la Cierva.

Unos minutos de charla con Jesús Guerra bastan para romperle los esquemas a aquellos que piensan que los adolescentes no se implican en política ni se interesan por lo que pasa a su alrededor. El lunes 20 de febrero, Jesús acudió a una concentración enfrente del Ministerio de Educación en la calle de Alcalá (Madrid) en solidaridad con sus compañeros del instituto Lluís Vives de Valencia. Eran 200. Él fue el encargado de leer un comunicado pacifista que condenaba la violenta carga policial a la que fueron sometidos los estudiantes valencianos. “Si pudiésemos votar, los políticos pensarían más en nosotros” explica este joven que se protege del frío con una palestina. Tiene 16 años y a su edad ya puede ponerse a trabajar. Aunque necesita el permiso de sus padres para abrirse una cuenta corriente en la que ingresar su nómina. Si quisiera formar una familia, con el “sí quiero” de su novia bastaría. No entiende por qué puede colaborar con partidos políticos desde los 14 años pero no puede elegir a sus representantes. Según la ley electoral es menor de edad.

En las últimas semanas, miles de estudiantes se han echado a las calles para protestar por la falta de profesores y por el frío en las aulas. En sus movilizaciones buscaban un responsable del Gobierno que diera la cara. Pese al ruido y el impacto social que tuvieron las manifestaciones, si se le pregunta a un joven de 16 años cuánto la interesa la política, el 30% contestaría que “poco” o el 26,5% que “nada”, frente a un 15,3% que respondería “bastante”, según indica el último informe del Instituto de la Juventud de 2011.

Austria fue el primer país de la UE que permitió el voto a los 16 años

Algunos políticos y expertos explican que el escaso interés de los adolescentes en política se debe a que no participan en la toma de decisiones. Algunas instituciones y partidos de izquierda incluyen esta iniciativa en sus programas. Otros, más conservadores, ni se lo plantean. El sociólogo Félix Moral cree que ayudaría a formar a adolescentes más críticos con su entorno. En Europa Austria y Chipre permiten a un ciudadano de 16 años acudir a las urnas, pero en España ¿están los jóvenes preparados para poder elegir a sus representantes? ¿Fomentaría su participación en la política? El Instituto de la Juventud ha escrito varios informes, pero en pocas ocasiones, se les ha pedido opinión a los auténticos protagonistas. Los menores.

En cuanto suena la campana, algunos estudiantes del instituto público Juan de la Cierva corren a la calle a tomar el sol, fumar un cigarro o repasar los apuntes para el próximo examen. Cuando se les pregunta, en la puerta, si se sienten preparados para votar, algunos contestan que sí. Que de esta manera se les tomaría en serio. Otros dudan. Después de discutirlo acaban convenciéndose de que alcanzar este derecho les obligaría a implicarse más en política. “Aunque hay mucho descerebrado por ahí suelto” apunta algún estudiante escéptico. Si el interrogante lo trasladamos a los padres, a muchos les cuesta dar una respuesta con determinación. Pilar Andújar no titubea a la hora de calificar a su hija como “muy reflexiva para la edad que tiene”, sin embargo, ve a otros chicos de su edad y “no tienen la misma capacidad que la mía”.

“Su decisión estaría influenciada por su entorno”, explica el Defensor del Menor

De adelantarse el derecho de sufragio, España no sería la pionera. Austria se convirtió en 2007 en el primer país en aprobarlo. La iniciativa fue impulsada sobre todo por los socialdemócratas y los verdes, hasta que después de una serie de debates se sumó el Partido Popular. El único partido que se opuso fue el derechista radical FPÖ. Después vino Chipre. Hasta ahora estos son los únicos países de la Unión Europea. El entonces primer ministro británico, Tony Blair planteó tal posibilidad, pero no prosperó. En el mundo hay pocos países donde con 16 años se pueda votar: Cuba, Brasil y Nicaragua. En Sudán, Indonesia, Corea del Sur y Timor a los 17. Sin embargo, ninguno de ellos se caracteriza por una larga tradición democrática. En otros, como EE UU, el derecho de voto se alcanza una vez cumplidos los 21.

Con 16 años se puede...

  • Tener un trabajo. La educación obligatoria llega en España hasta los 16 años. A partir de entonces los menores pueden trabajar a jornada completa.
  • Tener relaciones sexuales con un adulto. El Código Penal establece que a partir de los 13 años los menores pueden tener relaciones sexuales consentidas con adultos.
  • Tener responsabilidad penal. A partir de los 14 años. Así lo establece la Ley del Menor.
  • Dar el consentimiento para cualquier operación quirúrgica. La Ley de Autonomía del Paciente establece la mayoría de edad a los 16 años.
  • Contraer matrimonio. El Código Civil establece que los jóvenes pueden casarse a partir de los 16 años, pero también puede hacerlo a los 14 siempre y cuando cuenten con el consentimiento de un juez.

El debate sobre el adelanto del voto juvenil lleva algún tiempo instalado en algunos partidos políticos. En el último congreso, en Sevilla, el partido socialista lo volvió a abrir. “Estamos en el final de proceso, no en el inicio” explica Sergio Gutiérrez, secretario general de Juventudes Socialistas. “En nuestra legislación hay muchas contradicciones que debemos homologar. No es coherente pensar que un joven es maduro para decidir si quiere trabajar o seguir estudiando y no para que decida por aquel que quiere que le gobierne. Sería un ejercicio de responsabilidad civil”. Ante este argumento, Arturo Canalda, defensor del menor, se escuda en que “la legislación es tremendamente heterogénea y, a veces, injusta pero no creo que adelantar el sufragio crease ciudadanos más reflexivos. El interés por la política lo da la experiencia” concluye.

Izquierda Unida va más allá. El partido sí que incluyó en su programa de las últimas elecciones generales una reforma del sistema electoral que permita ejercer el sufragio a partir de los 16 años. Es una reivindicación que lleva en marcha desde la década de los noventa. El diputado más joven del Congreso, Alberto Garzón, lo tiene claro. “Es incoherente que una persona con 16 años pueda trabajar y no votar, especialmente en aspectos como la reforma laboral”, apunta desde el otro lado del teléfono. “Además ayudaría a que los ciudadanos se involucrasen antes en política y contribuiría a su desarrollo personal”. Organizaciones independientes como el Sindicato de Estudiantes o el Consejo General de la Juventud, que agrupa a 76 entidades, también apuestan por la iniciativa.

“En España se tiende a infantilizar a los jóvenes”,
dice Chema Salguero

Sigue el recreo en el centro. Iván Leonard es el último en incorporarse al corrillo formado por Jesús Guerra, Alejandro Suela y Julia Sánchez, todos tienen entre 16 y 17 años. Cuando le piden opinión no duda en contestar. “No somos lo suficientemente maduros, por tanto, somos muy manipulables”, sentencia este joven que estudia 1º de Bachillerato tecnológico. El pelo del flequillo le tapa los ojos. Sin embargo, no pierde de vista todos los cambios que está sufriendo el instituto como la masificación de las aulas; el reajuste del profesorado (por ejemplo los de inglés han pasado de seis a cuatro); la rebaja del número de clases extraescolares o la supresión de los viajes de estudios.

Los que se oponen al adelanto electoral lo hacen desde la convicción de que los jóvenes entre los 16 y 18 años no tiene la suficiente madurez para asumir tal responsabilidad, por lo que su decisión carecería de autonomía y estaría influenciada por su entorno familiar. Arturo Canalda González, defensor del menor de la Comunidad de Madrid, comparte este punto de vista. A su vez es una de las ideas centrales que el sociólogo Félix Moral, del Centro de Investigaciones Sociológicas, recoge en un estudio que publicó en 2006. Resulta curioso cómo los mayores de 18, que ya disfrutan del derecho, no creen que la rebaja de edad se convierta en un estímulo para la participación política de los más jóvenes. Muy diferente, con un 53 %; a la opinión de los menores que se muestran partidarios.

Si hoy se adelantase
la edad del sufragio podrían votar 861.166 ciudadanos más

Sheila Chicharro pertenece al 2% de los menores de 19 años que colabora en asociaciones políticas. Desde hace un año ingresó en las filas de Juventudes Socialistas. Este año esta “muy liada” preparándose la PAU (prueba de acceso a la universidad). Aun así, saca tiempo y colabora con el partido. Madre e hija meriendan juntas en la cafetería del centro. Sheila aparenta más edad de la que tiene. Coge carrerilla y acelera su discurso. Le interesa la opinión de su madre: ¿Crees que se debería adelantar el derecho de sufragio? Pilar suspira. “No lo considero. Igual que casarse o emanciparse a los 16. Es una barbaridad, no tienes la cabeza bien formada”. Luego, Pilar duda y suspira: “También hay mucho inmaduro con 30”. El debate queda en tablas.

¿Es el voto juvenil tan decisivo para que los partidos políticos luchen a capa y espada por los nuevos votantes? Si hoy se celebrasen elecciones generales con un adelanto del sufragio 861,166 ciudadanos podrían elegir en las urnas a sus representantes, según cifras del INE. El año pasado, el Injuve publicó un sondeo de opinión que lleva por título Jóvenes, actitudes sociales, políticas y Movimiento 15-M. En este estudio queda claro que en una escala del 1 al 4, los menores de 19 responden con un 2,37 su nivel de interés en política. Este aumenta con la edad con un 2,78 pasados los 25 años. En el momento en que se adquiere el derecho de sufragio el interés incrementa, así como se acrecienta el grado de compromiso con el sistema democrático.

Un 2% de los menores
de edad colabora
en partidos políticos

A Marta Arias, directora de sensibilización y política de infancias de Unicef, le parece igual de importante que se plantee el interés del menor por la política igual que la política se interese por el menor. Desde hace 10 años, organiza un programa Ciudades amigas de los niños donde los niños y jóvenes de 10 a 16 años deciden cómo podrían mejorar sus municipios. Arias ha comprobado como los chavales se implican más en la vida pública cuando se sienten escuchados. Muchas personas tienen el prejuicio que un menor de edad no puede hacer ningún acto de forma autónoma y que adquiere la capacidad “de golpe” al cumplir los 18 años pero no es lo mismo un menor de un año, de 14 años o de 16 años alega Manuel Carrasco, profesor de Derecho de la Universidad de Sevilla que publicó junto a Javier Pérez Royo un informe sobre la capacidad de extender el derecho de sufragio. La ley tiene en cuenta este factor, y va modulando la capacidad de obrar de los menores conforme a su edad y la autonomía, conciencia y responsabilidad y ambos son partidarios de adelantarlo.

En su intervención del XVII Congreso del PP, Beatriz Jurado la senadora más joven del partido con 28 años, señaló que los jóvenes electores fueron clave en las elecciones generales. Sin embargo, en el Partido Popular “no está en la agenda la idea de adelantar la edad de voto, por tanto no queremos hablar”. A lo largo de la historia, la ampliación del derecho de sufragio, ha ocasionado toda clase de guerras y conflictos. En España el último cambio se produjo en 1978, cuando se decidió rebajar la edad a los 18 años.

Los legisladores tienen
en cuenta los
cambios generacionales

Entre el profesorado la unanimidad no es la protagonista. José González Roncero profesor de Informática cree que cuanto más pequeño más visceral y maleable eres, con la edad adquieres experiencia que te ayuda a crearte un criterio. Su colega Chema Salguero, profesor de Educación para la Ciudadanía y jefe de estudios no está de acuerdo. “Inconscientes los hay de todas las edades. Todo lo que sea dar responsabilidad convierte a la gente más autónoma. En otras culturas no existe una prolongación de la adolescencia como la que se vive en España. Aquí parece que interesa que haya adolescentes eternos o que no maduren nunca. Hay una tendencia a infantilizar a la juventud. Sería un soplo de aire fresco”.

Chema aún se emociona cuando recuerda una anécdota de principio de curso cuando a la mayoría de los alumnos los recortes les pilló en la piscina. “Una noche un grupo de profesores decimos encerrarnos en el centro. Algunos alumnos quisieron acompañarnos. La policía entró y comprobó que había menores de edad. Les pedimos que se marcharan a sus casas. Y eso hicieron. Al poco tiempo, regresaron con tiendas de campaña, saco y municiones para pasar la noche al raso en la puerta del instituto”. ¿Acto de rebeldía o sensatez? La conclusión de Chema es que esto “da fuerzas y es alentador”. Suena de nuevo la campana. Es hora de volver a clase. Alejandro quiere dejar claro que le gustaría que su opinión se tuviera en cuenta: me siento fuera del sistema porque este me está dando la espalda, el mismo que me ha dado otros derechos y obligaciones. Otros como Iván reconocen que el entorno no ayuda: nadie nos explica cómo funcionan las instituciones, ni tampoco los partidos políticos. Aunque está incluido en los temarios, al final, nunca llegan estas lecciones por falta de tiempo. Si eso se diera nos obligarían a pensar, a sacar nuestras propias ideas. A veces, en clase surgen debates y es ahí donde se demuestra que no tenemos la suficiente madurez.