Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un modelo virtual permite predecir el efecto de la radioterapia intraoperatoria

El sistema mejora la aplicación de la radiación intraoperatoria

Los pacientes reducen las vistas posteriores al hospital

José Antonio Santos, del servicio de Oncología Radioterápica del Gregorio Marañón, junto al simulador de radioterapia.
José Antonio Santos, del servicio de Oncología Radioterápica del Gregorio Marañón, junto al simulador de radioterapia.

Tiene un expresivo nombre: planificador de radioterapia intraoperatoria. Y es el primer desarrollo del mundo –según sus creadores- que permite obtener un modelo virtual de un paciente con cáncer y predecir el efecto de la radioterapia localizada que se le va a aplicar. El sistema lo ha liderado el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, ya ha sido patentado y ha recibido el visto bueno para su publicación en la principal revista del sector, la International Journal Radiation Oncology Biology Physics. El ingeniero que firma el artículo, Javier Pascau, recalca que además ya tiene la autorización de la Agencia Española del Medicamento y los Productos Sanitarios, y que pronto se espera la de su homóloga estadounidense, la FDA.

El sistema, que ya se ha probado en 70 personas con cáncer de distinto tipo (mama, recto), permite “anticipar el 90% de las decisiones” que el oncólogo se va a encontrar cuando opera a un paciente con un cáncer, dijo esta mañana el jefe de Oncología del hospital, Felipe Calvo. Para empezar, se trata de un trabajo personalizado: antes de intervenir, se hace un TAC del paciente. No se trata de un modelo anatómico exacto, sino exactamente del cuerpo sobre el que se va a trabajar. El otro 10% de incertidumbre se debe a las variaciones biológicas –“la medicina no es una ciencia exacta como la física”, dijo Calvo- y a la pericia de los equipos. Esto ya es de por sí un avance, ya que actualmente “todo se improvisa”.

Sobre esta especie de maniquí tridimensional –lo que permite que el cirujano sepa qué hay detrás de la parte por la que opera, algo que no es lo habitual-, se localiza el tumor. Luego viene la parte más novedosa: el sistema permite simular el efecto de la radiación sobre la zona una vez se ha operado. En el ejemplo que se mostró a los periodistas, se trataba de un cáncer de mama, y se pudo ver hasta dónde llegaba la radiación en función de la intensidad utilizada.

El programa tiene un módulo que permite distinguir y colorear los distintos órganos o partes del cuerpo (por ejemplo, en el caso presentado, las costillas, los pulmones o el corazón). Además, como en otros simuladores médicos, estos pueden visualizarse o no. Como la simulación anticipa hasta dónde llegaría la radiación, se pueden tomar medidas preventivas, como interponer pequeñas láminas de plomo que intercepten la radiación y protejan los órganos sanos.

El trabajo permite prever e impedir el daño en órganos cercanos al afectado 

José Antonio Santos, del servicio de Oncología Radioterápica del hospital, y que ha sido quien ha supervisado el desarrollo clínico del planificador, pone un ejemplo de la utilidad del sistema: “Una mujer a la que se opera de un cáncer de mama debe luego acudir al hospital durante cinco semanas a radioterapia; con este sistema, se da el tratamiento a la vez que se opera, y la mujer ya se va a casa”. Esto es así ya que al poder dirigir y controlar la radiación esta puede ser mucho más intensa, por lo que se evita que haya que estar repitiendo el proceso.

En la presentación del invento, en la que participó el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández-Lasquetty –quien no aceptó preguntas-, Calvo tuvo varios mensajes para “los escépticos”. Se refería el médico a quienes todavía creen que la radioterapia intraoperatoria –la tecnología que consiste en radiar la zona de donde se ha extirpado un tumor desde dentro para intentar dejarlo lo más limpio posible de células cancerígenas- al ser algo relativamente nuevo todavía encuentra resistencias entre la comunidad médica. “Lo llaman el síndrome NIH”. Las siglas se asocian en el mundo sanitario a los National Institutes of Health (Institutos Nacionales de Salud estadounidenses, el equivalente al Ministerio de Sanidad), pero en este chiste para iniciados corresponden a “Not invented here” (No se ha inventado aquí), una manera de mostrar el rechazo que las novedades causan en algunos sectores. Pero Calvo está seguro de que los avances bien hecho se imponen. “No ponen en duda la calidad del trabajo, lo que cuestionan es si merece la pena”, dice. Y él está seguro de que así es. “Si la radiación sirve, la intraoperatoria, igual; si además permite proteger los tejidos, mucho mejor. Además, no compite con la cirugía y la quimioterapia”, explica.

Por último, el sistema tiene otra ventaja: todo queda documentado. “Y eso puede servir para ver en un futuro si el tumor se reproduce por qué lo hace, o si se dañan tejidos ver por qué”, afirma Calvo. este tiene claro que este tipo de avance, de la mano de la cirugía laparoscópica, va a cambiar los quirófanos: "Los veo con un acelerador lineal, un simulador y una pantalla de plasma con la planificación".

Todo queda documentado, lo que permite revisiones futuras

La técnica puede utilizarse en prácticamente cualquier tumor sólido y localizado que se pueda operar, indica Calvo, por lo que los posibles beneficiarios son cientos de miles solo en España.

El desarrollo del sistema, aunque lo ha liderado el Gregorio Marañón, ha contado con la colaboración de otros centros, universidades y empresas, entre las que la española GMV ha sido clave para el desarrollo tecnológico.

Más información