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El Ganges agoniza

La contaminación, las represas y el cambio climático están dañando seriamente el río más sagrado de la India. El mal estado de sus aguas afecta a la fauna, la flora y la población de sus orillas

La vida de los indios está íntimamente ligada al Ganges. El río más sagrado de la India no sólo da agua, recursos naturales y sustento a unos 400 millones de habitantes, un tercio de la población. También es parte muy importante de la vida cultural y religiosa de los hinduistas. "Tenía que traer a mi hijo para que conociera la fuente de la vida", cuenta Dinesh Agrari, tras viajar 600 kilómetros para dar a su bebé el tradicional chapuzón a los recién nacidos en las aguas del Ganges. El ritual no termina ahí. Cada día, un sinfín de personas se reúne en los puntos considerados más importantes de la orilla para orar y lanzar sus ofrendas al agua. Los hinduis¬tas creen que una vida está incompleta sin ir al río sagrado al menos una vez, y lo más cotizado es lanzar al cauce las cenizas o los cuerpos tras la muerte. "El Ganges, nuestra madre", dice un habitante de Haridwar. La frase se escucha una y otra vez.

El agua es desviada en cualquier punto y usada sin control para regadíos

Un número incontable de cadáveres y cenizas se lanza al río cada día

Pero el Ganges está muriendo. Y su agonía es rápida. Es uno de los ríos más amenazados en el mundo por el cambio climático. Esto, junto a las represas y las canalizaciones para la agricultura, está disminuyendo su caudal a pasos agigantados. La contaminación industrial y de los drenajes ensucia su agua.

Así lo pudo constatar una expedición, Ganges Expedition, que durante 30 días recorrió los 2.510 kilómetros del Ganges: desde su nacimiento, en el glaciar Gangotri, en el Himalaya, hasta el delta de los Sunderbans, cerca de Calcuta. La intención es documentar la situación medioambiental actual "y lanzar una señal para que se cuiden estos recursos", asegura Andy Leemann, el capitán de este recorrido, que se hizo tanto a pie como en lanchas neumáticas. Un viaje así es histórico, pues sólo lo había hecho el primer conquistador del Everest, Edmund Hillary, que no llegó a la fuente del río. Los testimonios, fotografías y vídeos servirán a la organización Green Cross International para documentar la degradación del Ganges ante la cumbre del clima de Copenhague. Tierra pudo ser testigo de parte de este recorrido, cuatro días desde la ciudad de Haridwar hasta Narora. También con un viaje a Benarés, la ciudad más sagrada de la India, pero donde el río está sumamente contaminado.

Una de las primeras observaciones de la expedición fue que una gran parte del agua del río se retiene en represas, como la de Theri, que empezó a operar en 2005 y es una de las más grandes del mundo. "No estamos en contra de que se produzca electricidad, todos la necesitamos. Pero podrían ser represas más pequeñas que no afectaran a los microclimas y que aseguraran que el agua se comparte", dice Leemann. Durante la expedición, en muchos tramos hubo que empujar las lanchas neumáticas porque el agua no era suficiente para navegar.

"El agua se ha alejado mucho, unos 30 metros en los dos últimos años. Creemos que son las represas y la falta de lluvias. Todos estamos muy preocupados y no sabemos qué hacer: nuestra supervivencia depende de tener agua para las cosechas", constata Ram Kumar, un campesino de una aldea a unos 50 kilómetros de Haridwar.

"En los últimos 20 años se han construido cinco grandes represas", indica Shailendra Singh, responsable para la India de la ONG estadounidense Turtle Survival. Estos contenedores artificiales de agua son muy dañinos para el Ganges porque alteran el fluir natural del agua, cambian los microclimas y dañan las orillas del río, que es donde muchas de las especies se reproducen. "También el agua es desviada y usada indiscriminadamente para los regadíos", comenta Kalyan Rudra, geólogo y ex miembro del Ganga Action Plan.

La reducción del caudal se produce por muchas causas, pero también por la relacionada con el cambio climático, que altera los patrones de precipitación y aumenta los niveles de evaporación. En 2004, el Ganges ya tenía un 20% menos de agua que hace 56 años, y en los próximos la pérdida de caudal podría ser más rápida. Podría incluso desaparecer en 50 años. La observación de los locales también demuestra que los bancos de arena aumentan. "Esto es indicativo del precario futuro del Ganges", predice Uday Kant Chowdhary, que coordina el laboratorio de investigación del Ganges del Instituto de Tecnología de la Universidad de Benarés.

La erosión que el Ganges va sufriendo en sus orillas no sólo afecta a la biodiversidad, sino que también ha hecho perder a algunas aldeas parte de sus tierras para las cosechas. En Rajakarna, una aldea cercana a Narora, hasta la mitad de su tierra se ha desgajado, según contaron sus habitantes a los expedicionarios.

Otro de los desastres del Ganges es la enorme contaminación. "En los primeros tramos del río está causada principalmente por los productos químicos usados en la agricultura que terminan en el agua", comenta Sandeep Behera, responsable de WWF en el área. Hasta Narora las industrias son todavía pocas, pero a partir de Kanpur comienzan las más contaminantes. Entre las más sucias están las del tratamiento del cuero, que tiran metales pesados al río.

"A medida que el país se moderniza, crece la contaminación de las industrias, cuyo número aumenta a pasos agigantados", comenta el encargado de Turtle Survival. Dice que en 50 años el río sufrirá una muerte biológica. "Todavía podemos hacer algo, pero es muy difícil. La degradación es mucho más rápida que la conservación", lamenta Singh. Con el Ganges se extinguiría una zona de gran biodiversidad: 100 especies de aves acuáticas, 13 de tortugas, 2 de cocodrilos, 150 de peces y otras tantas de plantas.

En las orillas del Ganges hay miles de aldeas y más de 120 ciudades asentadas, seis de más de un millón de habitantes. Entre ellas, Benarés, la ciudad más sagrada de la India. Aquí, un número incontable de cadáveres, cenizas y restos humanos y de animales se lanzan al río cada día. Miles de hinduistas tiran ofrendas de flores y velas, y durante las grandes celebraciones se llegan a arrojar estatuas de dioses. A la vez, en 32 puntos llega hasta el río el agua de los desagües de la ciudad sin tratamiento.

El río está completamente lleno de desechos humanos. Ahí se descargan las aguas residuales sin tratar de millones y millones de personas. "Aunque sea sagrado, les puede hacer enfermar y morir", asegura Veer Bhadra Mishra, fundador de Shankat Mochan, una ONG que trabaja por la limpieza del Ganges.

Cuando sale de Benarés, la concentración de bacteria fecal coliforme es más de 3.000 veces la recomendada por la OMS para el agua de baño. Mientras que la OMS recomienda un máximo de 500 microorganismos por cada 100 mililitros para el agua de baño, el Ganges en Benarés tendrá hasta millón y medio, según las mediciones del Shankat Mochan. Estos microorganismos procedentes de los intestinos de hombres y animales causan enfermedades como hepatitis vírica, cólera, tifus y gastroenteritis.

Como en la ciudad hinduista por antonomasia, en todo el recorrido del Ganges la mayoría de los colectores de los asentamientos van al río sin ningún tratamiento. Pero la gente se baña y bebe de él.

Un delfín de agua dulce

¡Oh, oh!, gritaban de emoción los integrantes de la expedición cada vez que un delfín los sorprendía con un salto fuera del agua. Con suerte, en algunas partes del Ganges todavía se ven estos cetáceos. Pero no se sabe cuánto tiempo más podrán sobrevivir: las cifras más optimistas dicen que ya sólo quedan 2.000. El delfín del Ganges es uno de los únicos cuatro de agua dulce que hay en el mundo. Se encuentran también en los ríos de la Plata, Amazonas y, tal vez, en el Yangtsé, aunque lo dan como extinto desde 2006.

En el Ganges, su mayor amenaza es la fragmentación de su hábitat, por la disminución del nivel de agua por el sistema de represas y la contaminación, explica Sandeep Behera, responsable del programa de conservación del delfín de WWF. Ver delfines en el agua es sinónimo de que es potable y que la gente de la región puede beberla. Además, se sitúan en lo más alto de la cadena alimentaria del río, por lo que ayudan a mantener el equilibrio ecológico. Si desaparecen, todo quedará afectado, lamenta Behera.

Este delfín (Platanista gangetica gangetica) se encuentra también en el río Brahmaputra, donde ya sólo quedan unos 300, según un estudio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La pesca para conseguir su preciado aceite es la gran amenaza para estos cetáceos aquí, explica el líder del proyecto, Abdul Wakid. Y advierte de que su desaparición podría acelerarse gravemente de llevarse a cabo la exploración petrolera que la compañía Indian Oil quiere hacer en la zona. El uso de explosivos dañaría físicamente a los delfines y a su sistema de ecolocalización.

Debido a la turbiedad del agua, los delfines de río han evolucionado hasta ser casi ciegos; sólo distinguen entre luz y oscuridad. A diferencia de las especies marinas, los delfines de río son menos amigables y tratan de vivir aislados de los humanos.

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