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Pacientes pendientes de la Reconquista

Hay pocos ejemplos de lo viciado que está el concepto de patria cuando se dan vivas junto a España solo al Ejército y la Guardia Civil

Pablo Casado, en un mitin en Valladolid.
Pablo Casado, en un mitin en Valladolid. Europa Press

No hay mejor contexto para una campaña que dormir en un hospital público, mejor en plantas en las que sobrevivir es más importante que sanarse, y ya perfecto si se está allí como familiar en lugar de como paciente. Pocos lugares mejores que ese para abrir periódicos y encender radios, para ponerse los auriculares del televisor (de 23 a 7, avisa el cartel), y escuchar a la España aparente, esa que ayudan a configurar periodistas y políticos, y que demanda en masa la audiencia, poniendo los pies en la España real.

Las carreras de sábado tarde por los pasillos de médicos y enfermeros, el engranaje poderoso y antiguo levantado por gente cuyos sueldos comparados con sus méritos dan un poco de risa, no digamos sus horarios; el Estado del bienestar, ese sintagma del que apenas se habla en los mítines salvo como logro, que no rasca una portada y que sostiene, sin embargo, la última resistencia de igualdad entre los que nacen en un barrio y otro: la corrección del azar, eso sobre lo que se levanta el principio fundamental del soberanismo.

Ver a esas ancianas descreídas escuchando a la clase política y sus felices tertulianos, a unos días de las elecciones, discutir sobre la Reconquista, año 722 ("mira que son vella, pero isto..."), hace pensar en el eterno reality español que engancha al gran público, seduce a los articulistas (perdonen la experiencia) y a la audiencia, más necesitada de un rápido cancaneo en forma de titular que en saber qué ocurre cuando a un familiar lo meten en la UCI; si habrá máquinas porque ha habido dinero para máquinas, si el personal está motivado porque no lleva más horas y menos sueldo del que puede soportar, si no echarán al paciente al tercer día para dejar libre una cama, si hay un tratamiento experimental que se ha podido desarrollar aquí gracias a un presupuesto en ciencia, si hay remedio al dolor convertido en tortura alejado de las rácanas creencias de la fe que invitan a una señora de 90 años a morir como Cristo en la cruz: ya le hubiera gustado a Jesús tener en el monte Calvario a Ramona Maneiro en lugar de a María Magdalena.

Hay pocos ejemplos de lo viciado que está el concepto de patria cuando se dan vivas junto a España solo al Ejército y la Guardia Civil, y no se les unen médicos y maestros (los primeros garantizan por la fuerza, llegado el caso, lo que somos). A lo mejor no hablamos de lo importante porque lo damos por hecho, primer paso para perderlo, y en cada elección estamos más cerca de hacerlo. Eso se aprende en los hospitales y espero que nunca se aprenda en el Congreso: solo se promete gobernar lo que se sufre, no se atiende a lo que debe sobrevivir.

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