Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Récord de pateras y de muertes de inmigrantes en 2018

Casi 160 personas al día llegaron por mar a España en el último año

Salvamento Marítimo traslada al puerto de Almería a 58 personas, rescatadas en el mar de Alborán el 27 de diciembre.
Salvamento Marítimo traslada al puerto de Almería a 58 personas, rescatadas en el mar de Alborán el 27 de diciembre. EFE

2018 ha superado todos los récords de llegadas de inmigrantes en patera. 57.250 personas lograron arribar a España el año pasado tras cruzar el Mediterráneo, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) hasta el 26 de diciembre. La cifra supera con creces las entradas registradas durante la crisis de los cayucos, en 2006. Según la OIM, 769 inmigrantes han fallecido o desaparecido en la ruta occidental del Mediterráneo, más del triple que en todo 2017, cuando murieron 223 personas camino de España.

Casi 160 personas al día llegaron en patera a España en el último año. Y 2019 arranca con un ritmo similar: entre Nochevieja y Año Nuevo han sido auxiliados 111 inmigrantes en tres pateras localizadas en el mar de Alborán y las costas de Cádiz. Los más de 57.000 llegados en patera en 2018 —entre los que no se incluyen las 300 personas que desembarcaron el 28 de diciembre en  Algeciras a bordo del Open Arms—, representan prácticamente la mitad de todas las llegadas irregulares del Mediterráneo: España es ya la principal puerta de entrada de la migración irregular procedente de África, muy por encima de Italia, Grecia, Chipre y Malta.

La política de puertos cerrados de Malta e Italia, además del acuerdo entre la UE y Turquía, ha convertido a España en la ruta más atractiva y viable, aunque no la más segura. El 5 de noviembre se registró el peor naufragio del que se tiene constancia en España desde 2009; murieron 13 personas y otras 18 desaparecieron entre las olas del mar de Alborán. 2018 ha sido el año con mayor número de muertes y desapariciones (769) del Mediterráneo Occidental del que tiene constancia la OIM. La cifra más alta que le antecede es de 2014, con 631 personas desaparecidas o fallecidas en el mar.

Todo eso, además, en un ejercicio en el que el buque de salvamento de la ONG Open Arms ha realizado cuatro desembarcos que suman 452 inmigrantes; el Aquarius, que navegaba en el Mediterráneo sin puerto que lo acogiese, desembarcó finalmente en Valencia este junio a 630 personas.

El contexto ha cambiado desde el último pico de entradas, allá por 2006. Amparo González, investigadora del Instituto de Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), incide en que la crisis los cayucos, en la que la mayoría de las embarcaciones llegaban a las islas Canarias, se desarrolló en un entorno diferente: entonces muchos de los inmigrantes partían de Senegal. González, además, rebate la idea de que esos 57.000 inmigrantes, la mayoría de nacionalidad marroquí, guineana y maliense, según la agencia de protección de fronteras de la UE Frontex, se hayan quedado en España. “Entre un tercio y la mitad se van o son devueltos a sus países de origen, porque son argelinos o marroquíes. Los que no se devuelven son los subsaharianos, y son una minoría”, detalla. “Hay muchas teorías sobre el control de las llegadas vía Marruecos, en las que también hay que tener en cuenta el conflicto del Rif o la nueva imposición del servicio militar en ese país”, añade.

La investigadora insiste en que hay que poner las cifras en perspectiva y subraya la “excesiva visibilidad mediática” de las llegadas de pateras. “Los extranjeros que se quedan constituyen una parte ínfima y esto supone un problema de conocimiento para la ciudadanía, porque se distorsiona la situación al decir que toda África quiere venir a España”, argumenta en referencia a las palabras con las que el líder del PP, Pablo Casado, agitó este julio el fantasma de la inmigración.

La llegada del invierno no ha aplacado, como otros años, la salida de pateras. Las llegadas de inmigrantes comenzaron a subir en junio, cuando se alcanzaban las 10.000 llegadas, y han seguido creciendo sin parar hasta final de año. Las llegadas de 2018 doblan las 22.414 de 2017 y multiplican por siete las 8.162 de 2016.

Andalucía es la región más afectada, aunque también arriban pateras hasta la Comunidad Valenciana e incluso Baleares. En Cádiz se vivieron en verano meses de desbordamiento para poder prestar atención a los recién llegados. Las llegadas de mayo provocaron el colapso en los calabozos de las comisarías y se improvisaron pabellones para acoger a los inmigrantes. En cuestión de horas, llegaron a desembarcar hasta 600 personas. Eso provocó que decenas de extranjeros se quedaran durmiendo en los muelles de Barbate o Algeciras. Los menores también colapsaron los centros de la provincia y tuvieron que habilitar instalaciones provisionales, informa Jesús A. Cañas.

Málaga, donde los más de 9.000 inmigrantes llegados han multiplicado por cuatro las cifras de 2017 (787 personas), también se ha visto desbordaba por la falta de infraestructuras de acogida. Los inmigrantes tuvieron que dormir sobre los botes de Salvamento Marítimo, en una pequeña carpa en el puerto, en polideportivos e incluso en una caseta de feria, informa Nacho Sánchez.

¿Cabe el alarmismo con ese volumen de llegadas por el Mediterráneo? Amparo González propone hacer un ejercicio comparando la llegada de pateras con la de inmigrantes venezolanos, amparándose en las altas del padrón municipal que recoge el INE. “El flujo de inmigración procedente de Venezuela entre enero y junio fue de 31.996, y si se mantiene el ritmo, el diciembre serán 63.992, es decir, más que los que llegan en patera”, añade. La investigadora incide en que no toda la inmigración es económica, sino que una proporción importante de quienes llegan por vía marítima son solicitantes de asilo, y por tanto, no deberían ser clasificados como inmigrantes irregulares porque llegar a territorio español es lo único que les permite tener acceso a la protección internacional.

Para el analista Sergio Maydeu-Olivares el aumento de llegadas era previsible, básicamente porque el cierre de las rutas de Turquía a Grecia y desde Libia a Italia ha complicado la situación. “La que ha salido perjudicada ha sido España, aunque esto no es nuevo”. Maydeu considera que la situación continuará igual hasta que Europa logre consensuar políticas migratorias. 2019 abre varias incógnitas, ya que hay numerosas citas electorales, entre ellas unas elecciones europeas en las que las fuerzas populistas van a tensionar las políticas migratorias. “Todo esto va a dejar en suspenso cualquier cambio”, vaticina. Para encontrar una solución hay que acordar políticas a largo plazo. “Y aquí es donde la debilidad del Gobierno español, pendiente de los presupuestos y de su continuidad, se pone en evidencia”, termina.

Fe de errores

El analista Sergio Maydeu-Olivares aparece nombrado en una versión anterior de este artículo por error como Javier Aparicio-Maydeu.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información