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El ‘balconing’ rebrota con seis víctimas mortales

Tras un verano tranquilo en 2017, vuelven a multiplicarse los accidentes en terrazas de hoteles en Baleares

Un turista en la terraza de un hotel en Palma.

La última víctima del balconing había aterrizado hacía apenas unas horas en Mallorca procedente de Alemania para pasar unos días de vacaciones con sus amigos en Playa de Palma. Tenía 23 años y, como muchos jóvenes germanos que veranean en esta zona, un arenal repleto de restaurantes, tiendas y pubs en primera línea de playa, salió con sus amigos a beber y divertirse. En un momento determinado de la tarde del pasado lunes, el joven subió a la planta duodécima del hotel en el que se alojaba y, bajo los efectos de una sustancia tóxica que la autopsia se encargará de concretar, cayó al vacío desde una de las ventanas del pasillo. La caída de varios metros de altura para aterrizar en un patio interior fue mortal en el acto.

Este alemán es la sexta víctima mortal este verano. Cuatro personas más fallecieron tras precipitarse de terrazas en hoteles y apartamentos de Magaluf, un menor de 14 años murió tras caer de un segundo piso en un hotel de Playa de Muro y se han registrado una docena de heridos graves por caídas desde establecimientos de Mallorca e Ibiza. Ni los folletos que los visitantes reciben en las recepciones de los hoteles ni las ordenanzas locales con multas para quienes intenten pasar de un balcón a otro ni las campañas de la Asociación Británica de Agencias de Viajes han servido para frenar los accidentes, que se redujeron el verano pasado con apenas cinco casos —ninguno mortal— y se han disparado este 2018.

“El Consulado debería apretar más al Gobierno británico para llevar a cabo campañas con lesionados por balconing que puedan ayudar a frenar el problema”, afirma Joan Espina, director de un hotel de Magaluf y vicepresidente de la asociación empresarial de la zona. “De todas formas, las que se han realizado en los últimos años han permitido evitar más accidentes”. Los hoteleros llevan años colaborando con las autoridades locales y los países de origen para prevenir el balconing, que comenzó como una práctica que consistía en lanzarse desde la terraza de la habitación a la piscina del hotel y ha terminado por englobar a quienes pasan de una habitación a otra por el balcón y a los que se precipitan por accidente tras un excesivo consumo de alcohol.

Los empresarios rehúyen la responsabilidad y recuerdan que siempre intentan alojar a los grupos de jóvenes en las plantas más bajas, entregan folletos explicativos y cumplen la normativa tanto europea como nacional que regula las condiciones de construcción de los establecimientos, con inspecciones cada año por parte de las agencias que los contratan. “Yo trabajo con una veintena de agencias”, explica Espina, “y muchas de ellas tienen su propio gabinete de seguridad que se encarga de mandar inspectores. No envían a sus clientes a establecimientos inseguros”. El empresario apunta que muchos hoteles han incrementado la vigilancia nocturna para evitar incidentes.

Magaluf es uno de los epicentros del balconing y un establecimiento en concreto ha batido todos los récords. Los apartamentos Eden Roc han sido el escenario de tres muertes: una joven británica de 19 años que falleció en abril tras intentar entrar al apartamento por la ventana, un chico irlandés que apenas acababa de aterrizar en la isla y que murió tras precipitarse del séptimo piso, y un británico de 18 años que el pasado julio cayó de varios metros y cuyo cadáver no fue encontrado hasta el día siguiente. El establecimiento no se anuncia a través de agencias y sus propietarios se niegan a hablar con la prensa, a pesar de que se han visto obligados a colocar vallas para evitar nuevos incidentes.

Consumo de drogas

“El consumo de sustancias hace asumir conductas de altísimo riesgo que no tendrías en otra circunstancia, sobre todo cuando se trata de gente joven”, explica Miquel Roca, catedrático de Psiquiatría y decano de la facultad de Medicina de la Universidad y decano de la facultad de Medicina de la Universidad de las Islas Baleares, que pretende promover junto a médicos del hospital de referencia de Son Espases un estudio de alcance europeo que permita conocer al detalle el conjunto de factores que desembocan en este tipo de accidentes. “Las campañas de prevención, de modificación de conducta, son muy complejas. Si se realiza algún estudio, se podrá determinar en qué puntos pueden incidir esas campañas y dirigirlas a grupos con factores de riesgo muy concretos”.

Campañas que cada año lanza la Asociación Británica de Agencias de Viajes pero que no parecen surtir efecto. Recomendaciones y folletos para prevenir del riesgo con consejos como “no inclinarse nunca, no pasar de un balcón a otro y no entregarse artículos de una terraza a otra por la barandilla”. Según advierte Nikki White, directora de Destinos y Sostenibilidad de la asociación, un momento de descuido “puede tener un impacto devastador, no solo en los turistas sino en los familiares y amigos que se ven arrastrados por accidentes con consecuencias irreversibles”.

Calviá impone seis multas de 600 euros

A las campañas de difusión y prevención de diversos organismos se suman las multas impuestas por los Ayuntamientos de Palma de Mallorca y Calviá a las personas que intentan pasar de una terraza a otra. Este último Consistorio ha sancionado ya a seis turistas con multas de 600 euros. Pero ni las sanciones, ni las campañas, ni los testimonios de quienes han sobrevivido a una caída han conseguido acabar con el balconing.

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