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Otro gallego o una mujer para contraponer al feminista Sánchez

Partidarios de los aspirantes aún no declarados a liderar el PP definen los pros y contras de Santamaría, Cospedal y Feijóo

FOTO: María Dolores de Cospedal en el Congreso. / VÍDEO: Perfil de Alberto Núñez Feijóo.

Por lo que cuentan sus propios colaboradores, dirigentes del PP muy cercanos o miembros de sus equipos, ni Soraya Sáenz de Santamaría, ni Alberto Nuñéz Feijóo ni Dolores de Cospedal tienen ahora la suficiente disposición y ánimo para presentarse a la batalla por ganar el liderazgo del partido. Se sienten agotados, todavía en shock por el cúmulo de acontecimientos dramáticos sufridos en apenas dos semanas. Ellos mismos lo han contado en público y en privado: necesitan algo de tiempo para repensar sus vidas. Pero los tres son ambiciosos y conscientes de que oportunidades como esta pasan pocas veces en la vida, según reconocen en sus entornos. EL PAÍS ha sondeado a una decena de dirigentes del PP muy cercanos a los tres preaspirantes para conocer qué características aprecian a su favor y en contra. Y este es el resultado.

Dolores de Cospedal (52 años). Lo primero que resaltan en las cercanías de la actual secretaria general del PP es que lleva 10 años como número dos del partido y que “lo conoce como nadie, de forma muy exhaustiva, al dedillo, a todos los presidentes regionales y provinciales y muchos secretarios por su nombre”. De Cospedal hasta sus partidarios reconocen que es “fría, seca, poco entrañable” y que no cautiva mediáticamente, pero matizan: “Estas son unas elecciones dentro del PP, no para encuestas ni para los medios”. A Cospedal, por su cargo, se le atribuye cierta influencia en alguna organización territorial (Castilla-La Mancha, Asturias, Navarra...), pero esa es una capacidad que los llamados barones han perdido con los años. “En el PP de hace 20 años Javier Arenas o Luisa Fernanda Rudi daban una instrucción y la seguía el 90% de su organización pero eso ahora te lo dicen en Madrid o Valencia y les dicen, anda votalos tú”, sostiene un dirigente próximo a Santamaría. Y añade: “El único barón del PP con todo su territorio es Feijóo y eso ahora es el drama del partido”.

La relativización de contar con una organización territorial detrás la asumen en los demás equipos. Esa no es la clave. Se le da más relevancia a excitar los valores fundacionales o auténticos del PP y a transmitir sensación de ganador y carisma.

A favor de Cospedal juega que “enlaza mejor que nadie con la línea dura del PP”, más derechizada y radical que su dirección. En contra, que pese a tener que digerir durante todo su mandato muy a su pesar el florecimiento público y judicial de la trama Gürtel, su permanencia supondría de hecho una continuidad en la palestra de los casos de corrupción que tanto daño han hecho al partido, sin descartar su paso como testigo por varios juicios y las constantes apariciones de su marido relacionadas con diferentes asuntos turbios. A ella todo eso le parece machista y le enerva. Y sus seguidores enfatizan que pese a haber sido más que investigada ningún caso la ha tocado directamente.

Los detractores de Cospedal en el PP siempre destacan que no goza de simpatías ni en el electorado ni en el aparato del partido y por lo tanto que es poco adecuada para integrar corrientes o sensibilidades diferentes. Sus partidarios recuerdan que ganó dos elecciones en Castilla-La Mancha; su experiencia de Gobierno y conocimiento de la Administración al pasar por cinco cargos en distintos Ministerios; y que dio la cara por el PP en los peores momentos cuando otras y otros la apartaban. Y no desprecian otros dos detalles de cara a unas elecciones: “Es mujer y su aspecto es muy bueno para un cartel electoral”.

Soraya Sáenz de Santamaría (46). Lo de ser mujer es un ingrediente que se recalca con la exvicepresidenta, junto con ser más joven que los otros, para indicar que es un factor a tener muy en cuenta para contraponer a la imagen del presidente socialista Pedro Sánchez, que se presenta estos días con sus nombramientos como el más feminista del mundo. Entre los colaboradores de Santamaría se interpreta que los últimos acontecimientos ocurridos en España, desde el desafío en Cataluña a los enfrentamientos internos con Cospedal, las han dañado a ambas y que esas disputas nunca gustan a las bases de los partidos. Se ensalza que es buena parlamentaria y su capacidad de trabajo. Y se cuestiona que nunca ha protagonizado una campaña electoral a tope, de numero uno, y que sus equipos son más reducidos que los de Feijoo. Entre los allegados de Cospedal se rebate su teórica capacidad de gestión: “Cataluña estaba bajo su mando, también la negociación con el PNV, la descoordinación del Gobierno y en la primera etapa la comunicación y las relación con los medios que tan caro hemos pagado, y mira ¿cómo estamos ahora?”.

Alberto Núñez Feijóo (56). Su gran ventaja es que ha ganado tres elecciones y con mayorías absolutas, que tiene cultura de partido, un equipo amplio en Galicia y experiencia de gestión, pero más en Galicia que nacional (estuvo al frente de Correos y el Insalud). Una persona cercana a Santamaría añade: “Es el que más ilusiona ahora al afiliado del PP, que es de lo que se trata”. Incluso cerca de Cospedal se admite que lo único se le puede reprochar a Feijóo son detalles menores: “No sería bueno volver a dar la imagen de que el PP es un partido gallego con implantación nacional y que en los demás territorios gestionamos una franquicia después de las etapas de Manuel Fraga y Rajoy”. Otros dirigentes entienden que ser gallego no le puede ni debe estigmatizar. Sobre todo si gana.

El único inconveniente serio que se le observa ahora a Feijóo es que no es aún diputado en el Congreso. Nadie en el PP cree que pudieran ser nocivas para sus aspiraciones las fotos publicadas en EL PAÍS en 2013 con el narcotraficante Marcial Dorado a bordo de un yate. “Eso no tiene importancia”, coinciden, pese a que es la primera búsqueda que sale en Google al meter su nombre. Se resalta, sin embargo, que la imagen de Feijóo es de mayor superación de la etapa de Rajoy y de la corrupción que la de Cospedal y Santamaría, que se ligan más con el aún líder popular en funciones.

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