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17 años de cárcel para los yihadistas que querían emular en Ceuta los atentados de París

La Audiencia Nacional condena a dos hombres que guardaban un subfusil y dos grandes machetes

Detención de uno de los sospechosos en Ceuta.
Detención de uno de los sospechosos en Ceuta.

Los agentes creen que el movimiento clave se produjo en una madrugada de febrero o marzo de 2016, cuando Icham Abseselam Mohamed, alias Barbarroja, se dirigió en plena noche junto a un grupo de compañeros sin identificar hasta un descampado de la zona de Arcos Quebrados, próxima al barrio ceutí de El Príncipe. Allí, con picos y palas, cavaron un hoyo donde escondieron un subfusil MP5 del calibre 9 milímetros Parabellum de fabricación iraní, un cargador con 26 cartuchos, dos machetes de 45 y 43 centímetros de largo de la marca Albenox Black y un cuchillo de grandes dimensiones de la marca Immox. Todo un arsenal con el que, junto a Abdelilah Chellaf Baali —alias Stilike—, pretendía emular en la localidad española los atentados de París del 13 de noviembre de 2015, cuando un escuadrón suicida del Estado Islámico asesinó a 130 personas en la capital francesa durante una ola de seis ataques simultaneos al Estadio de Francia, la sala Bataclan, el restaurante Le Petit Cambodge, el local Belle Équipe, el bar Le Carillon y el Boluevar Fontaine. Los dos han sido condenados a 17 años de cárcel.

"Esto es lo que hay que hacer en Ceuta. Lo que han hecho en Francia. Vivan nuestros hermanos", afirmaron Barbarroja y Stilike durante las reuniones del grupo terrorista formado en Ceuta y al que se habían sumado, según considera probado la Audiencia Nacional, que ha dictado este martes la sentencia contra ambos. En el escrito, el tribunal recalca sobre el subfusil que  "estaba en perfecto estado de funcionamiento, lo mismo que las balas y los cartuchos". Y añade sobre las armas blancas: "En cuanto  los machetes y cuchillos, como lamentablemente ha puesto de relieve la realidad, son plenamiento aptos para causar la muerte".

Abseselam y Chellaf, ambos de 37 años, fueron detenidos por la Guardia Civil en enero de 2017. Además de las armas, los agentes encontraron en los registros diversos vídeos de "llamamiento a la yihad" y audios de cánticos "que animan a la inmolación a favor de la religión". Un testigo protegido, relacionado con ambos por asuntos de narcotráfico, los delató tras declarar sus intenciones de atentar en Ceuta. Los jueces afirman que los dos se habían radicalizado en "los postulados más extremistas del salafismo".

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