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Podemos y Ciudadanos luchan por ser relevantes un año después del 20-D

Iglesias está aislado en el Congreso y Rivera sufre para mostrar la utilidad del pacto con el PP

Un año después de las elecciones generales del 20-D, Podemos y Ciudadanos luchan para no caer en la irrelevancia. Ambos partidos irrumpieron en la política nacional con la meta de desbordar el bipartidismo del PP y el PSOE. A un año de aquella cita electoral, Mariano Rajoy mantiene la presidencia, los socialistas encabezan la oposición y Albert Rivera y Pablo Iglesias son evaluados negativamente por los electores. Mientras Ciudadanos sufre para justificar la utilidad del pacto con el PP, Podemos está aislado en el Congreso.

Pablo Iglesias y Albert Rivera, en el Congreso. Ampliar foto
Pablo Iglesias y Albert Rivera, en el Congreso.

“Lo que está sucediendo con Podemos y Ciudadanos es el resultado de la transición de unos partidos representantes de la ilusión de la nueva política a la decepción por el fracaso de los pactos”, opina Ángel Valencia, catedrático de ciencia política de la Universidad de Málaga. “La política de ambos ha resultado poco ilusionante”, subraya. “Mientras Ciudadanos ha jugado a ser un partido bisagra con pactos con el PP y el PSOE que no pueden cumplirse porque no conducen a Gobiernos [por sí mismos], Podemos abre la mano al PSOE con cierta ambigüedad”.

El partido de Iglesias llegó a ser el que tenía más intención de voto en enero de 2015, según Metroscopia (28%). Menos de un mes antes de las generales de ese año, Ciudadanos se colocó como segunda fuerza (22,6%), a una sola décima del PP. El cambio de escenario es radical. Un año después de las primeras elecciones generales con los nuevos partidos, Podemos registraría un 22,9% de los votos (segunda fuerza) y Ciudadanos un 14,5%, según el último sondeo de Metroscopia. Además, tanto Iglesias como Rivera son suspendidos por los electores.

La repetición electoral del 26-J les ha sentado muy mal”, dice Pablo Simón, profesor de ciencia política y miembro del colectivo Politikon, que destaca que el PSOE ha conseguido convertirse en el partido imprescindible para decidir mayorías, en detrimento de sus dos nuevos competidores. “Podemos quiere que los otros tres partidos voten juntos todo lo que se pueda, para que se visibilice la Triple Alianza y que Podemos es la oposición. Corren un riesgo: que se perciba que no están haciendo nada, que no son útiles, y que son una especie de masa vociferante que protesta por todo y a la que le cuesta tender puentes”, sigue. “Ciudadanos es el eslabón más débil de la ruptura del bipartidismo porque tienen unos apoyos electorales que no tienen una corriente estructural detrás y son muy vulnerables al voto estratégico. Si no entra en Gobiernos, se queda medio fuera y medio dentro, y no logra visibilizar que son útiles, se abocan a un nuevo golpetazo electoral”.

Podemos y Ciudadanos encarnaron la ilusión del cambio. No hay nada más opuesto a eso que todo lo que ha sucedido desde el 20-D: largos meses de negociaciones infructuosas para formar Gobierno; una repetición electoral; la constatación de que los nuevos partidos se vetan mutuamente; o sus reestructuraciones internas, que les han llevado a hablar más de estatutos, ejecutivas y cargos internos que de desahucios, paro o lucha contra la corrupción. Y todo eso ha provocado el hastío de los ciudadanos.

En los 12 barómetros que el CIS realizó entre enero de 2015 y enero de 2016, los encuestados que pensaban que en un año la situación política mejoraría fueron más que los apostaron a que iría a peor. Eso es un hecho excepcional en la serie histórica, marcada por el pesimismo. El punto álgido de ese paréntesis de optimismo llegó justo antes de la cita del 20-D, cuando un 23% de los encuestados respondieron que la situación sería mejor en un año, un 36% que estaría igual y un 12% que estaría peor.

Fin al optimismo

Un año después, el optimismo de los ciudadanos con la política ha desaparecido. El barómetro de noviembre de 2016 reflejó un 15% de optimistas, un 40% de encuestados que piensa que todo seguirá igual en 2017 y un 26% de pesimistas. La constatación de que Podemos y Ciudadanos no han podido cumplir inmediatamente con sus promesas de cambio ha sido un factor clave en ese cambio de tendencia.

El balance de los dos nuevos partidos

Estos son los resultados que han obtenido las formaciones de Pablo Iglesias y Albert Rivera desde finales de 2014.

Podemos: la formación de izquierdas tiene cinco eurodiputados, 137 diputados autonómicos, 71 nacionales y 16 senadores. Además, gobierna con sus alianzas en Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza.

Ciudadanos: ha sumado dos eurodiputados, más de 1.500 concejales, 93 diputados autonómicos, 32 nacionales y tres senadores. Es clave para la gobernabilidad de Madrid, Andalucía, Castilla y León, Murcia y La Rioja.

Los dos nuevos partidos son también víctimas de la habilidad política del bipartidismo. El PSOE ha tomado la iniciativa en el ala izquierda del Congreso: le ha arrancado al Gobierno una subida del salario mínimo interprofesional y lidera las propuestas que buscan derogar la ley mordaza, la Lomce y la reforma laboral.

La dirección de Podemos observa desde entonces un progresivo desgaste de su capacidad de movilización que se traduce en un deterioro de lo que denomina como voto de la ilusión. Las soluciones para afrontar ese problema han dividido a su cúpula: mientras que Iglesias apuesta por recuperar la calle y liderar las manifestaciones, Íñigo Errejón aboga por tener un papel más relevante en las instituciones.

El PP, por su parte, ha colocado a Ciudadanos en una situación extremadamente difícil. Como Rivera decidió no entrar en el Ejecutivo tras firmar un pacto de investidura con Rajoy, ahora tiene que ser al mismo tiempo oposición y socio del Gobierno. Además, Rajoy ha elegido al PSOE como su principal aliado, porque Ciudadanos no pude decidir mayorías por sí mismo. “Se ha cumplido ya un 13% de las 150 exigencias acordadas por Ciudadanos en el pacto de investidura”, dice Rivera para defender que sus decisiones están teniendo efectos prácticos. “Queremos seguir con la dinámica de que lo que se reivindica en la calle también se pueda aprobar en el Congreso y que sea una realidad, porque si no se consiguen los cambios seguiremos pidiendo en la calle algo que no llega a las instituciones”, dijo ayer Inés Arrimadas.

Nadie sabe qué pasará con los dos nuevos partidos ahora que forman parte del sistema. Sí es posible predecir cuál será el verdadero examen de su capacidad de supervivencia: 2019, cuando se celebren elecciones municipales, autonómicas y europeas.

Los críticos de Rivera cuestionan los estatutos

“La propuesta de estatutos de Ciudadanos es un auténtico golpe de estado a los principios fundacionales del Movimiento Ciudadano. Engaño”. Así reaccionó ayer la plataforma de TranC’sparencia —que agrupa a los afiliados críticos con Albert Rivera— a la propuesta de reforma de los estatutos que presentará el equipo del actual presidente a la asamblea nacional del partido, que se celebrará en febrero de 2017.

La ponencia que aprobó el consejo general de Ciudadanos el sábado incluye restringir las primarias —los afiliados pasarían de votar a los cinco primeros integrantes de cada lista a hacerlo solo con el número uno—, crear un comité permanente para decisiones urgentes —lo que en la práctica concentrará el poder en manos de Rivera y su equipo—, y castigar con la expulsión “la creación o participación en corrientes de opinión que sean contrarias a los intereses del partido en su conjunto”.
Este último punto es el que critica especialmente TranC’sparencia, que se remite a la propuesta de Movimiento Ciudadano, la plataforma que dio lugar a la expansión de Ciudadanos.

Aquella iniciativa proponía mejorar la democracia interna de los partidos y explicitaba lo siguiente: “Es necesario permitir el surgimiento de corrientes ideológicas distintas y divergentes en el seno de los partidos que revitalicen el debate democrático y que enriquezcan este con nuevos argumentos, abandonando de este modo los partidos de discurso y pensamiento único”.

"No estamos hablando de corrientes internas de opinión. Primero, porque no hay. Y no están permitidas”, justificó Fran Hervías, secretario de Organización de Ciudadanos, en conversación con este diario. “Se refiere a grupos de afiliados que intentan organizarse para desestabilizar el partido desde dentro”, subrayó. “Son submarinos [de otros partidos] que vienen con afán de dañar”.

Los afiliados, en cualquier caso, aún tiene la oportunidad de enmendar las tres ponencias —estrategia, valores y estatutos— que aprobó el sábado el consejo general del partido. Todas las agrupaciones de España pueden votar ahora enmiendas a esos textos. De todas ellas se elegirán 25, sobre los que votarán los compromisarios —elegidos en listas abiertas— en la asamblea de febrero.

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