Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Aislamientos y errores de Sánchez

El secretario general del PSOE ha encadenado una serie de errores de bulto en los últimos meses que se han convertido en equivocaciones clamorosas desde el pasado domingo. Tres días en los que, lejos de hacer autocrítica o asumir su responsabilidad política, Pedro Sánchez ha empuñado el hacha de guerra y se ha enfrentado a todos sus críticos, provocando el movimiento de dimisión masiva en la ejecutiva del partido que pretende forzar su destitución.

“Divide y vencerás”, decían los griegos y repitieron Julio César y Napoleón al hablar de la estrategia ante una batalla. Sánchez ha hecho todo lo contrario: ha unido a todos sus críticos, algunos de ellos antagónicos entre sí, calificándolos de “subalternos de la derecha”, dividiendo el partido en dos bandos y amenazándoles con acudir a los militantes para mantenerse en el puesto.

Y, lo que es peor, ha iniciado una guerra abierta que la mayoría de los socialistas intentaban evitar (las heridas van a tardar años en cicatrizar) y que tiene perdida de antemano, a pesar de que estos días utilice a abogados y cerrajeros para evitar su salida.

Los errores del secretario general del PSOE comenzaron la noche del 20 de diciembre de 2015, cuando calificó de “resultado histórico” el mayor fracaso electoral de su partido y planteó un acuerdo con la izquierda radical y los nacionalistas para formar Gobierno. Una semana después, el comité federal frenó sus ímpetus y Pedro Sánchez eligió el camino del aislamiento.

Desde entonces (y sobre todo tras el segundo fracaso electoral del 26-J), se ha rodeado de un reducido grupo de colaboradores y ha roto todo contacto con otros líderes del partido, sindicalistas, empresarios o líderes de opinión con los que habitualmente hablaba, sencillamente porque no le daban la razón. Y, tras el tercer y cuarto fracasos en las elecciones de Galicia y el País Vasco, la soledad de Sánchez es absoluta.

El mayor error de todos fue, sin duda, la conferencia de prensa del pasado lunes. Seguro que líderes históricos del PSOE como Joaquín Almunia y Alfredo Pérez Rubalcaba, que dimitieron tras unos malos resultados electorales, se quedaron de una pieza cuando escucharon a Pedro Sánchez decir que su asunción de responsabilidades consistía en consultar a los militantes.
“¡Por Dios!”, como diría Miquel Iceta, ¿cómo se puede pretender hacer olvidar que el PSOE está en caída libre desde que Sánchez es su líder envolviéndose en la bandera de la militancia?

Más información