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ANÁLISIS i

Camino a ninguna parte

La abstención de Ciudadanos es clave para imposibilitar la investidura de Rajoy y quita presión al PSOE

El presidente en funciones, Mariano Rajoy, durante la reunión con Pedro Sánchez.

Hoy está más lejos que ayer la posibilidad de que haya Gobierno en España. La primera ronda de Mariano Rajoy con todos los partidos no ha sumado ni un solo apoyo para su investidura, con la única excepción de Coalición Canaria y ni siquiera ese voto está asegurado.

Con la salvedad del “a día de hoy” utilizado por Pedro Sánchez como previsión de cambios y sorpresas, el minuto y resultado es que se aleja el plan de Rajoy de investidura rápida en la última semana de julio. Mañana ya veremos, pero no es fácil que cambie el rumbo.

La clave es la abstención de Ciudadanos, que la ejecutiva del partido de Albert Rivera no haya dado apoyo al PP. Porque todas las opciones de investidura de Rajoy pasaban por sumar los escaños de Ciudadanos.

Por un lado se buscaba la suma entre PP, Ciudadanos, PNV, Coalición Canaria y Nueva Canaria hasta llegar a 176 justos. Pero el PNV dijo que no y Ciudadanos que abstención. Esta vía queda cegada.

La otra era la de la abstención del PSOE, pero era condición el acuerdo previo de Ciudadanos, para que los socialistas se plantearan un cambio. Con la abstención del partido de Rivera el PSOE se libera de presión para permitir que gobierne el PP.

Con 137 escaños, solo siete más que los que sumó su acuerdo con Ciudadanos en la anterior legislatura, no se ve presionado como sí ocurriría si Rajoy pusiera sobre la mesa los 170 de Rajoy y Rivera. De hecho, los socialistas de la vieja guardia que pedían la abstención a la investidura de Rajoy lo hacían con la premisa de un acuerdo previo entre PP y Ciudadanos.

Por eso el socialista ha dicho que la investidura va ligada a un pacto para gobernar, es decir, que el Gobierno que salga pueda aprobar Presupuestos y otras medidas, con una mayoría de más de 137 escaños.

Es decir, Rivera le ha hecho un favor enorme a Sánchez. Le ha quitado presión. Si Ciudadanos cambia y pasa al acuerdo del sí, volverá la presión sobre el PSOE y se verá si la resiste.

El líder socialista ha dejado en el aire la posibilidad de buscar una mayoría alternativa, pero no será antes de ver una investidura fracasada de Rajoy y suena más a recurso retórico que a propósito real. Sánchez no quiere ahorrarse el placer de ver que no es el único español que ha perdido una investidura.

Esa mayoría alternativa con Podemos es muy difícil porque nada indica que ahora sea posible con menos escaños lo que fue imposible con más antes de las segundas elecciones. Y los de Pablo Iglesias siguen sintiéndose incompatibles con Ciudadanos, lo que limita esa opción alternativa.

Podemos, que daba por hecha la abstención del PSOE y la elección de Rajoy, clama por una “mayoría progresista”, pero esa idea pasaría por la difícil conclusión de que PNV y CDC son partidos progresistas o de izquierdas. De hecho, el Gobierno catalán de Artur Mas fue el que más recortó en España y no es fácil considerarle progresista. Se omite para no complicar el análisis la exigencia de la consulta catalana que hacen partidos como ERC y CDC que el PSOE dice no poder aceptar.

La paradoja es que las terceras elecciones se ven hoy más que ayer como salida, pero se ven más lejos porque es precisa una investidura fallida para que corra el plazo de dos meses y Rajoy ha dado a entender que volverá a renunciar a presentarse si no tiene apoyos. Es decir, que puede “darse mus” de nuevo y declinar la propuesta del Rey y nos instalaríamos en el bucle permanente y el empate infinito.

Uno de los problemas de Rajoy es que no puede ofrecer cambios de leyes porque el resto de partidos lo pueden hacer sin el PP y contra el PP. El Congreso con el PP en minoría puede cambiar las normas que quiera al margen de Rajoy. ¿Qué puede ofrecer para un pacto? Nada.

Sólo tiene el miedo a unas terceras elecciones y al ridículo que supondría. Quizás por eso, el documento entregado tras la primera ronda es tan inconcreto, ambiguo y poco trabajado como que incluye, por ejemplo, en el capítulo de Justicia propuestas tan genéricas como “mejora de la calidad de nuestro ordenamiento” o “priorizar la eficiencia y la calidad”. El documento parece más un señuelo para entretenernos mientras se negocia desde ahora de forma reservada, según ha anunciado Rajoy.

La consecuencia de la primera ronda de Rajoy con los grupos es que sus planes iniciales se retrasan al menos una semana y la previsión de investidura pasa del 26 de julio al 2 de agosto, en el límite para la aprobación de Presupuestos para 2017 y en el límite de unas hipotéticas elecciones repetidas antes de diciembre.

Hay otra variable que hoy se ve lejana pero que habría que contemplar, aunque sea desde lejos: que Rajoy diera un paso a un lado para facilitar un acuerdo de otro candidato del PP con Ciudadanos y presionar para la abstención del PSOE. Pero eso ocurrirá (si ocurre) unas cuantas pantallas más adelante.

De momento, salvo que alguien cambie, el hámster sigue dando vueltas en la rueda sin avanzar hacia ningún lugar.

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