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Por qué han fallado las encuestas

La falta de datos históricos sobre los partidos nuevos puede haber provocado un error en los sondeos

Seguidores de Unidos Podemos durante el escrutinio. BERNARDO PÉREZ Atlas

Las encuestas del 26-J tuvieron dos grandes errores: no previeron el crecimiento del PP ni el resultado pobre de Unidos Podemos. El consenso es que el error más inexplicable e imprevisible es el de la coalición encabezada por Pablo Iglesias. Un día después de las elecciones, se intuye de dónde han salido los votos del PP —de un trasvase de Ciudadanos, de la abstención y de otros partidos—, pero no por qué nadie vio que Unidos Podemos iba a perder más de un millón de votos respecto al 20-D.

1. Las encuestas son imprecisas. Es la excusa habitual: el margen de error. Aunque esta vez PP y Unidos Podemos estaban por fuera de ese margen. Cuando se acierta mucho también es raro: “Tras las catalanas dije que el modelo había fallado por acertar demasiado”, dice Kiko Llaneras, analista de Politikon.

En diciembre salió bien, pero porque los fallos quedaron difuminados: “Nos sorprendió un millón de votantes moderados, pero quedaron repartidos entre varios partidos”, dice Narciso Michavila, presidente de GAD3.

2. El efecto manada. Las encuestas dirigen buena parte de la cobertura electoral. Esta vez la mejor encuesta eran las elecciones del 20-D: “Si tienes unas elecciones hace seis meses, lo mejor es que fuéramos todos conservadores y dijéramos que los resultados se van a parecer. Pero eso no vende”, dice Alberto Penadés, profesor de la Universidad de Salamanca y autor de La reforma electoral perfecta.

Si las encuestas dirigen la cobertura, necesitan por tanto crear tensión, noticia, titulares. La novedad en esta campaña era la confluencia entre Podemos e Izquierda Unida. El sorpasso pasó a ser la noticia y la mayoría de encuestadores picó: “Las encuestas van en manada. Unas encuestas empiezan a decir una cosa y todas las siguen salga que lo que salga”, dice Penadés. Eso ocurrió a pesar de que tradicionalmente la suma de las coaliciones electorales no es pura aritmética.

3. El enigma del millón de Unidos Podemos. Ahí parece estar el problema. Los sondeos daban a Unidos Podemos cerca de 6 millones de votos, que era la suma de los resultados de diciembre de Podemos más Izquierda Unida. Al final se quedaron en 5 millones —un millón menos—, que fue el resultado de Podemos más confluencias el 20-D.

“No hemos sabido detectar ese millón de votantes de Unidos Podemos más Izquierda Unida. Les dábamos una fidelización muy grande”, dice Michavila. Belén Barreiro, directora de MyWord, tuvo un problema similar: los votantes de Unidos Podemos estaban hípermovilizados: “Podemos lograba retener 9 de cada 10 votantes, que es muchísimo, tanto como el PP. Izquierda Unida retenía 7 de cada 10”, dice Barreiro. Pero esa retención menor del ex votante de IU no es un millón de votos menos. ¿Qué pudo pasar?

4. Los partidos nuevos son volátiles. Las encuestas del 20-D fueron bien y eran más difíciles de predecir. Había dos partidos nuevos que no tenían un espacio asentado ni un grupo de votantes con un comportamiento fijo: “No solo decían que iban a votar, sino que tenían una probabilidad de votar superior a la de otros partidos”, dice Barreiro sobre los votantes de Unidos Podemos.

Pero resulta que los encuestadores no pueden fiarse siempre de lo que dicen los votantes: “La gente dice que va a votar, pero no podemos usar lo que dicen que van a hacer para predecir lo que van a hacer”, dice Kiko Llaneras. Sin un comportamiento histórico previo, es difícil saber si los partidarios habituales de un partido -en este caso Unidos Podemos- pueden quedarse en casa: “La gente tiene esa intención pero no se traduce en comportamiento”, dice Barreiro.

Pero nada es seguro: “Con los datos que tenemos es difícil aventurar por qué. Se me escapa”, añade. Necesitamos para confirmar que los votantes de Unidos Podemos son más abstencionistas algo más fiable: otra encuesta, la postelectoral del CIS.

5. ¿Y si hubiera sido el Brexit? Es poco probable. En Metroscopia preguntaron el viernes por la tarde —en una de esas encuestas que no se puede publicar— si el Brexit había tenido influencia: “La respuesta fue no”, dice Paco Camas, analista de Metroscopia. Michavila, de GAD3, pareció ver una dinámica similar: “La inmensa mayoría de las familias ni sabían que el Reino Unido estaba haciendo un referéndum".

Pero Camas intuye que pudo jugar un papel en la desmovilización del votante más moderado de Podemos. ¿Hay tiempo desde el viernes hasta el domingo para que el Brexit tuviera un efecto de cientos de miles de ciudadanos? “Es muy fuerte decirlo así pero a priori no es descartable. Es nuestra primera hipótesis de hoy”, dice Camas.

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