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Los partidos minimizan riesgos al situar el debate al inicio de la campaña electoral

Al citarse más de diez días antes del 26-J, los candidatos se dan un margen de error y reducen la capacidad del encuentro para captar a los indecisos

La importancia del primer debate entre los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno puede quedar difuminada porque la cita sea justo en el arranque de la campaña y no al final. Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera confrontarán sus programas el 13 de junio. Los ciudadanos votarán el 26. Aunque los expertos creen que el encuentro marcará la estrategia de todos los partidos, advierten de que la fecha puede limar su utilidad para captar a los indecisos. El 20-D, el 17,6% decidió su voto en la última semana.

Sánchez, este miércoles en un acto del PSOE en Torrelavega.

El 36% de los electores decidió a qué partido apoyaría durante la campaña del 20-D, según el CIS. El 17,6% solo tuvo clara su opción en la última semana. Y el 9,3% esperó hasta el mismo día de las elecciones. Al colocar el debate en el arranque de la campaña, los partidos pierden la oportunidad de que les sirva para conquistar a esos indecisos. Al tiempo, reducen las opciones de que un error en la cita decida la presidencia. Los candidatos afrontarán el primer debate a cuatro de la historia de España con tiempo por delante para corregir cualquier desliz.

“Sin duda, que sea pronto puede restarle impacto: deja por delante unos días que pueden servir a los candidatos para hacer olvidar el debate, si les fue mal; o para recordarlo con insistencia, si les fue bien”, opina Gustavo Entrala, experto en estrategia de comunicación y fundador de la agencia 101. “El cambio de voto suele estar vinculado con lo que en marketing llamamos ‘el momento de la verdad’ en la decisión de compra. A veces las personas que dudan pueden cambiar en el último segundo su decisión”, añade sobre la fecha del encuentro, alejada de la cita con las urnas.

“Un debate a cuatro el día 13 es una apuesta conservadora, ya que aún deja margen para enmendar errores”, coincide Pablo Simón, doctor en ciencias políticas. “No creo que le reste capacidad para influir en el voto, pero puede tener efectos más difuminados que si fuera más cerca”.

Los partidos cuentan con eso. Los debates del 20-D fueron decisivos. Primero, porque impulsaron a Podemos y frenaron a Ciudadanos, como demuestra un estudio cruzado de las fechas de los debates con la evolución de estos dos partidos en los sondeos de Metroscopia. Segundo, porque el cara a cara entre Rajoy y Sánchez supuso el punto final televisivo del bipartidismo. El PP y el PSOE se enfrentan ahora a la gestión de los desconocidos, y sus estrategas han optado por no tomar riesgos.

La Eurocopa

“Aunque no podemos saber con exactitud la influencia del debate en el voto, sí parece existir en las fuerzas políticas una convicción de que este poder puede ser importante”, dice Ángel Valencia, catedrático de ciencia política de la universidad de Málaga. “Esto se refleja en la tímida adaptación de Mariano Rajoy y del PP a un debate a cuatro en un día con estreno de España en la Eurocopa y en primera semana electoral; o en su rechazo a más debates y a un cara a cara con Pedro Sánchez”, razona. “También, en que PSOE, Podemos y Ciudadanos prefieren debatir más y en más formatos”.

La fecha marcará la táctica de los candidatos para el propio debate y los días posteriores. Salvo cambios de última hora, será el único debate y no habrá una segunda oportunidad de retomar la iniciativa con todos los rivales reunidos en la misma sala.

“Los candidatos sabrán que los demás partidos tendrán tiempo para responder. Eso puede condicionar la estrategia que sigan”, advierte José Fernández Albertos, doctor en ciencias políticas por la Universidad de Harvard, quien asegura que los efectos que pueda tener en el voto un debate en el inicio de la campaña son “impredecibles". “Va a ser un debate más para marcar la campaña que para dar golpes de efecto de última hora”.

Mejora la marca España, salvo en corrupción

Con un inconfundible aroma preelectoral, el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, presentó ayer el último informe de la Marca España, que muestra que la imagen del país ha mejorado en 86 de las 87 variables que conforman el índice. Así, la confianza de los empresarios en la Marca España es del 68,9%, aunque solo un 58,8% de ellos cree que asociar sus productos a la misma le ayude a venderlos. Sin mencionar a nadie, Rajoy llamó a “reconocer los logros conseguidos en los últimos años, que están ahí y son indiscutibles”, y argumentó que no hacerlo “implicaría quitarle el mérito a toda una sociedad que ha hecho posible una recuperación en progresión ascendente”. A lo que no aludió el presidente es a que, según el mismo informe, la percepción de la corrupción se ha agravado en los años de Gobierno del PP, con un aumento del 4%. España es percibida en el exterior como un país de gente amable, creativa y cualificada y, en mucha menor medida, como un país innovador y tecnológicamente avanzado.

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