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Decididos y demás indecisos

Un 25% del electorado no tiene claro su voto, algunos más que los que se pudieron detectar antes de las dos últimas elecciones generales

Cuando queda menos de un mes para el 20-D, un 72% de los electores tiene ya decidido que ese día acudirá a votar. Pero de ellos, un 25% todavía no ha decidido por qué opción política lo hará. Son los decididos indecisos. Porcentualmente, son algunos más que los que se pudieron detectar antes de las dos últimas elecciones generales —en 2008 suponían el 19% y en las de 2011 el 21%— pero, en esta ocasión, su opción final puede ser, si no determinante, sí mucho más decisiva para el resultado. Por un motivo: el actual escenario político se caracteriza por una mayor volatilidad electoral y un grado más alto de competitividad. La volatilidad tiene que ver con cuántos electores permanecen fieles a un partido entre una elección y otra y cuántos, por el contrario, prefieren elegir otras opciones diferentes. La competitividad indica el grado de rivalidad electoral. Hoy por hoy, la distancia en estimación de voto entre quienes a principios de este mes aparecían como el primer y el tercer partido (PP y PSOE) era de tan solo 2,5 puntos (en las elecciones de 2011 la diferencia entre el primero y el segundo fue de 15,9 puntos). La incertidumbre sobre el resultado es, por tanto, muy elevada todavía y otorga un plus de importancia al comportamiento electoral final de los que siguen indecisos.

Lo que comparten los decididos indecisos con el resto del electorado es la percepción negativa sobre la situación económica actual, y a corto plazo, de España; una mayoritaria evaluación negativa de la actual situación y de la labor política llevada a cabo por los principales candidatos a la presidencia del Gobierno, con la excepción de la que reconocen a Albert Rivera; siete de cada 10 creen que sería bueno para España que gobernase otro partido que no fueran PP ni PSOE; dos de cada tres están de acuerdo con que lo que España necesita son políticos nuevos porque son quienes mejor pueden realizar cambios en vez de políticos con experiencia aunque estos proporcionen estabilidad; y, por último, dos de cada tres piensan que ha llegado el momento de relevar al PP y que sean otros quienes gobiernen España.

Los decididos indecisos difieren del elector medio en aspectos importantes. Uno es el sexo: predominan claramente las mujeres sobre los hombres: 60% / 40% (cuando la distribución en el conjunto del censo es 52% frente a 48%). Otro es el comportamiento electoral previo: entre los decididos indecisos están infrarrepresentados los votantes del PP; hay una clara y significativa menor proporción de votantes del PP en las generales de 2011 y en las municipales de mayo pasado de los que realmente hubo. En tercer lugar, varía la simpatía manifestada por alguno de los partidos que se presentan: en este caso están sobrerrepresentados quienes manifiestan su simpatía por Ciudadanos y el PSOE. Si se añade el hecho de que los españoles parecen estar retrasando cada vez más su decisión de voto acercándola al día de la votación, es perfectamente posible afirmar que se dan las condiciones perfectas para que la campaña electoral, y en concreto los debates electorales, cobren mayor importancia en estas elecciones que en anteriores. Ya no se trataría (o no tanto) de fijar a los ya convencidos como de convencer a los que dudan.