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“Reza por mi martirio en la yihad”

Las llamadas de dos de los primeros suicidas ceutíes en Siria reflejan su determinación a morir

Reunión yihadista el 10 de mayo de 2013, a las 19,25, en la playa ceutí de la Almadraba. Yunes Ahmed Mohamed, alias Esponja, (3) y Hamza Mohamed Abdesalam (4) viajaron días después a Siria y se suicidaron en Irak. Zuhair Ahmed Ahmed (5) viajó con ellos. Ampliar foto
Reunión yihadista el 10 de mayo de 2013, a las 19,25, en la playa ceutí de la Almadraba. Yunes Ahmed Mohamed, alias Esponja, (3) y Hamza Mohamed Abdesalam (4) viajaron días después a Siria y se suicidaron en Irak. Zuhair Ahmed Ahmed (5) viajó con ellos.

—”No hay esperanza porque no pienso volver. ¿Quieres que te dé falsas esperanzas? ¿Quieres que te mienta? Glorificado sea Dios. Saldrá bien. Reza por mí para que Dios me otorgue el beneficio de el martirio”

El 4 de junio de 2012 Samra Mohamed Hamed rompió a llorar cuando escuchó al otro lado del teléfono esta frase de su marido Mustafá Mohamed Layachi, Pitis, un ceutí de 30 años, que acababa de dejar a su familia para viajar a Siria y unirse a las huestes del Estado Islámico. Él y sus amigos, el taxista Rachid Hossain Mohamed, Wahbi, y Mustafá Mohamed, Tafo, eran los primeros jóvenes del El Príncipe que desaparecieron del barrio para acudir a la llamada de la yihad. Los teléfonos de sus esposas estaban intervenidos por orden judicial.

Tres días después, el 7 de junio el teléfono móvil de Samra volvió a sonar y Pitis insistió en que su decisión de morir ya estaba tomada. Ni la cariñosa conversación que mantuvo poco antes con su hija modificó su lenguaje, según reflejan las grabaciones de la policía.

—Hablas como si te fueras a matar tú mismo. Hablas como si te fueras a explosionar...

—Ojalá que Dios haga que lo consiga. Y si vuelvo... Ojalá que Dios haga que lo consiga cuando vuelva.

—Pero, ¿volverás?

—Volveré si llega la liberación.

—¿Entonces?

—Tienes que asimilarlo. Si me matan será un honor para él (Dios) y para tí porque cuando muere un muyahidin no le hacen un entierro, ni le dan el pésame, al contrario, le felicitan como si fuera un bautizo, tendrían que decirte felicidades. Ten paciencia... tengo una cita en el paraíso, Dios mediante.

Karim Abdesalam (1) y Hamza Mohamed, suicida en Irak, en Ceuta. ampliar foto
Karim Abdesalam (1) y Hamza Mohamed, suicida en Irak, en Ceuta.

Pitis pidió a su esposa que fuera fuerte e insistió en que si no se volvían a ver en vida se encontrarían en la otra.

Cuarenta y ocho horas más tarde, el día 9, Mustafá Mohamed Layachi llamó de nuevo a su esposa desde el campamento yihadista del norte de Alepo en el que se encontraba. Hablaron de la reciente muerte de Wahbi, su amigo taxista, que había sido el primero del grupo en “alcanzar el paraíso”. Wahbi se había lanzado al volante de un camión cargado de explosivos contra un cuartel militar y había causado decenas de muertos.

—¿Cómo fue? ¿Cómo ha muerto?

—Le mataron y ya está. No puedo hablar de esto. Él ha dejado un testamento (un vídeo de despedida). Reza por mí para que Dios me otorgue el beneficio del martirio. Dile a la madre de Wahbi que tenga paciencia y que lo celebre porque es de los bienaventurados.

Hablas como si te fueras a matar... como si te fueras a explosionar"

Al instante se puso al teléfono la madre de Wahbi, el taxista suicida, y Pitis insistió en que la familia tenía que celebrar su muerte. “Dios le otorgó el beneficio del martirio y él adoraba eso, amaba ser mártir. Él está en la verdad. Rezad por nosotros para el grandioso Dios haga que lo consigamos con éxito al igual que él. Tú hijo ha dejado un testamento y te lo mandaremos. Dios se lo compensará”.

Samra volvió a coger el teléfono para despedirse de su esposo y este le insistió en que se refugiase en la religión. “Pedid a Dios que haga que nosotros también los consigamos”.

El 22 de junio Pitis envió un correo electrónico a su mujer a modo de testamento vital. En su despedida hablaba de religión, de los muyahidines y aconsejaba a los hombre de la familia que fueran a la yihad y a las mujeres que “financien el camino de Alá ya que es su salvación”. Y destacaba el premio del “martirio”: “Alá considera a los muyahidines como las mejores personas, verá su lugar en el paraíso, estará protegido, se casará con 72 doncellas y podrá pedir perdón a 70 parientes suyos”.

En fechas cercanas Mustafá Abdesalam, Tafo, de 24 años, el tercer miembro del grupo, también llamó a su mujer desde teléfonos sirios. En todas sus llamadas le explicó que no iba a volver, pero Nayua se negaba a aceptarlo. Sus dos hijos tenían entonces tres y cinco años. Semanas antes Tafo, un joven alto, y barbudo, había abandonado a su familia y la furgoneta Piaggo con la que se dedicaba al reparto en el barrio de El Sardinero.

_¿Sabes lo que quiero decir?

Si muero no me darán el pésame, te felicitarán como si fuera un bautizo"

— No, no lo entiendo.

—¿Quieres que te mienta?

—Es es que es muy duro...

—Posiblemente será este fin de semana o el lunes Dios mediante. Ya te dije que estoy en un lugar donde hay un noventa por ciento de posibilidades de no regresar vivo. He dejado tu teléfono a un chico de aquí. Me conocen como Abu Omar....Si llaman y le dicen a tu hermano que Abu Omar... que sepas que soy yo.

Tafo se despidió diciéndole a su mujer que se quedara con la casa o que la vendiera, que su ordenador era suyo “venga quien venga” y que se cuidará mucho, que esperaba estar con ella en la otra vida. Nayua se emocionó, lloró y la conversación terminó.

Pitis y Tafo murieron perpetrando atentados suicidas en Siria el 26 de junio de 2012. El teléfono de sus padres y viudas no sonó hasta el 16 y 17 de julio, semanas después. “Ya están casados”. Casado en el lenguaje yihadista es sinónimo de martirio.

investigacion@elpais.es

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