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El PP asume que los resultados no eran los esperados

La formación cae de los 19 a los 11 escaños, sus peores resultados desde 1992

El portavoz del PP, Pablo Casado analiza los resultados.
El portavoz del PP, Pablo Casado analiza los resultados. EFE

El Partido Popular, que cayó de los 19 a los 11 escaños, sufrió ayer su peor cosecha electoral en Cataluña desde 1992. El candidato Xavier García Albiol, exalcalde de Badalona (Barcelona) y conocido por sus expresiones xenófobas, apenas logró mejorar los resultados de Alejo Vidal Quadras en el año olímpico. La formación conservadora se ha dejado enormes jirones electorales en beneficio de Ciutadans, disparado en el Parlament con el tándem de Inés Arrimadas y Albert Rivera.

Tras la comparecencia de García Albiol en Barcelona y una vez se hubo marchado el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de la sede de Génova 13, en el PP nacional fue el vicesecretario de Comunicación Pablo Casado el encargado de poner voz a la derrota. El rostro del fracaso lo pusieron antes el secretario de Organización, Fernando Martínez Maíllo y los vicesecretarios Javier Maroto y Javier Arenas que se dejaron ver con caras muy serias en la sala de prensa de Génova 13. El portavoz Casado reconoció, al igual que Albiol, que los resultados no eran los esperados, aunque afirmó que el escrutinio de este domingo no prefigura el resultado de las elecciones generales de diciembre, que fió a la mejora económica.

Casado subrayó, no obstante, que “la mayoría de los españoles ha rechazado la independencia”. “El secesionismo no ha conseguido partir España pero ha conseguido dividir a la sociedad catalana, es la hora de empezar a restañar las heridas y demostrar que en escaños y votos la alternativa independentista ha fracasado”. El portavoz popular afirmó que el Gobierno “va a seguir garantizando la legalidad y la unidad de España” e insistió en rechazar llevar la alternativa en ninguna reforma constitucional.

Atrás queda una campaña electoral en la que el presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy se ha volcado con especial intensidad, como prólogo de las elecciones generales de diciembre. El líder popular ha acudido en cinco ocasiones a la comunidad y ha logrado el apoyo para la causa de la unidad de España de líderes mundiales de la talla de Barack Obama, Angela Merkel o David Cameron. Incluso en el último acto electoral, el partido contó con la presencia del expresidente francés Nicolas Sarkozy. Además, las instituciones europeas han reiterado la idea de que una secesión de Cataluña implicaría la salida de esta región de la Unión Europea. Esos sostenes mundiales, en parte fruto de la acción exterior del Gobierno, no se han traducido en un apoyo electoral. Antes al contrario.

Rajoy ha protagonizado algún patinazo sonado durante la campaña: en una entrevista en Onda Cero, el presidente del Gobierno se enredó ante la pregunta de si la independencia de Cataluña supondría la pérdida de la nacionalidad española para los habitantes de esa comunidad. El PP también ha lanzado, días antes del periodo preelectoral, una reforma legislativa para hacer ejecutivas las sentencias del Tribunal Constitucional, que su candidato Albiol, aficionado a las frases rotundas, presentó en las Cortes con la frase “se acabó la broma”.

Otra decisión polémica, de la que Rajoy se desvinculó atribuyéndosela al jefe de campaña, Jorge Moragas, fue el debate que el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, mantuvo en 8 TV con el número cinco de Junts pel Sí y líder de Esquerra, Oriol Junqueras.

La noche electoral en la sede del Partido Popular fue multitudinaria, al menos en lo que hace a la presencia de líderes de la formación conservadora. El presidente del partido y del Gobierno, Mariano Rajoy llegó a la calle Génova 13 a las 20.45. En la séptima planta del edificio le esperaban la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, la secretaria general, Dolores del Cospedal, el secretario de organización, Fernando Martínez Maíllo y los vicesecretarios Javier Arenas y Pablo Casado. Aunque fuentes oficiales aseguraban que en la séptima planta, donde se ubica la dirección nacional popular, reinaba la “tranquilidad”, algunos líderes creían con preocupación que el aumento de la participación, especialmente en las periferias de Barcelona y en las capitales iba a suponer un despegue del partido independentista antisistema CUP.

Los primeros datos del escrutinio apuntaban a un batacazo del PP. Con el 17% de las papaletas recontadas, pasaba de 19 escaños a 11. Sin embargo, Jordi Cornet, secretario general del PP catalán auguraba, en su primera intervención ante los medios, sobre las 20:30 que habría “sorpresas” a lo largo de la noche, y las vinculaba al aumento de la participación. Las sorpresas que invocaba Cornet no aparecieron por ningún lado: el partido conservador se mantuvo clavado en los 11 diputados durante todo el recuento, y pugnaba con las CUP para no convertirse en el último partido de la cámara en número de sufragios.

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