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Paso a la Marca Andalucía

Empresas de alta tecnología conviven con sectores tradicionales como el turismo

Planta solar de Abengoa en la localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor. Ver fotogalería
Planta solar de Abengoa en la localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor.

Una enorme torre con hechuras galácticas se levanta en un campo de espejos giratorios que emiten rayos de luz convergentes hacia su vértice. La imagen futurista corresponde a la planta de energía solar que Abengoa tiene en la localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor. Un ejemplo de tecnología punta a nivel mundial desarrollada en Andalucía por una firma andaluza que convive con la industria tradicional basada en la agricultura, el turismo y la construcción, una vez que la minería ya no tiene tanto peso. Todo forma parte de la Marca Andalucía.

El espacio empresarial andaluz está, en efecto, sustentado en esos tres pilares con un cuarto bastión en la inversión pública (astilleros, armamento, aeronáutica...). La construcción, que llegó a representar el 40% del PIB andaluz, se ha derrumbado en la crisis y ahora apenas repunta. La actividad comercial, muy dependiente de ese sector, se ha resentido igualmente. Por ello, la agroindustria y el turismo, que se ha convertido en una especie de vaca sagrada para la región, son los que quedan en pie. Pero no son suficientes para acabar con la lacra del paro (media superior al 30%) ni con la imagen de una región caracterizada por el retraso relativo con el resto de España, el dinero público y en la que impera el poder de los terratenientes.

Hay muy pocas de las grandes empresas domiciliadas en Andalucía. Sin embargo, la vanguardia tecnológica de algunas compañías no ofrece una visión tan pesimista. Se observa, además de en Abengoa (referente mundial en su sector), en la industria aeronáutica (Airbus), el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA) de Málaga o Azvi, ligado al AVE.

Además, un buen ramillete de empresas (existen 750.000 en toda Andalucía, la mayoría pymes) está demandando salir al exterior siguiendo la estela del sector agroalimentario. Ahí están como tractoras: invernaderos de Almería y fresas de Huelva, Ebro Foods (principal grupo arrocero del mundo), las aceiteras (con la familia Guillén y la cooperativa Hojiblanca, el mayor grupo olivarero del mundo) o las bodegas de Jerez, que se desarrollaron en el siglo XIX tras la llegada de familias británicas a Cádiz y que ahora son, además de apellidos ilustres, estándartes de la Marca Andalucía: Domecq, Osborne, Terry, Garvey, Byass… También son un referente el grupo almeriense Cosentino y la firma de fibra de carbono Carburex.

Históricamente, la ubicación, en el sur de la Península, ofreció las dos caras de la moneda: una posición preferente para el comercio colonial, pero alejada de los grandes centros fabriles españoles y europeos en los que se inició la revolución industrial. Esa particularidad, unida a la ausencia de carbón, frustró una de las primeras experiencias fabriles modernas que hubo en España, en concreto en Málaga, con la siderurgia montada por Manuel Agustín Heredia, que se vio superada por la preponderancia del norte.

Además de los bodegueros, en el siglo XIX también se produjo la llegada de capital extranjero ligado a la minería del plomo, carbón y cobre (un ejemplo fueron las Minas de Río Tinto en Huelva). También llegaron capitales vasco y catalán (Ibarra, Carbonell...).

Hay muy pocas de las grandes empresas domiciliadas en Andalucía. Sin embargo, la vanguardia tecnológica de algunas no ofrece una visión tan pesimista

El periodo autárquico supuso la pérdida de mercados exteriores y un retroceso en la modernización de la industria agroalimentaria. Luego con la apertura económica, Andalucía se quedó más estancada y los inversores se han resistido a acudir a la región. Uno de los factores que explican el retraso relativo ha sido la ausencia de empresarios y la incapacidad local para distinguir las oportunidades de negocio o la preferencia por las inversiones suntuarias o rentistas.

“Andalucía ha estado muy protegida por el Estado y eso ha favorecido poco la industrialización. Choca el intento de industrializar la zona con los intereses agrarios de los terratenientes”, subraya Rogelio Velasco, profesor del IE Business School, quien destaca también el poco uso de nuevas fórmulas de financiación.

El problema “es que no tenemos estrategia; no se ve el largo plazo, solo el corto, y eso nos obliga a salir fuera para ganar competitividad”, apunta José María Okean, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide, que critica: “No he oído a nadie decir nada de cómo va a ser Andalucía”. También puede influir el cambio de naturaleza de las cajas (solo queda Unicaja como autóctona), que estaban muy encajadas en la sociedad, destaca el economista Julio Rodríguez, expresidente de Caja Granada.

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