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Cinco agentes de la Policía Científica, acusados de falsificar pruebas

Los cinco sospechosos ‘trasplantaban’ las huellas de un detenido para colocarlas en objetos o muebles de un piso donde se había producido anteriormente un robo

Un agente de Policía Científica de Madrid encuentra huellas en el cristal de un coche en 2010.
Un agente de Policía Científica de Madrid encuentra huellas en el cristal de un coche en 2010.

Cinco agentes del Cuerpo Nacional de Policía, adscritos a la unidad de Policía Científica de la comisaría del distrito de Carabanchel (Madrid), fueron detenidos el pasado jueves, acusados de falsificar pruebas. La argucia consistía en trasplantar la huella dactilar de un detenido para que esta apareciera, por ejemplo, en un piso donde anteriormente se había registrado un robo. De esta forma, a esa persona se le imputaban varios delitos, que, a efectos estadísticos, quedaban así esclarecidos, según fuentes próximas a la investigación.

Las presuntas falsificaciones fueron descubiertas por agentes de la Brigada Provincial de Policía Científica, encargada de supervisar y revalidar los dictámenes realizados por otros expertos que suelen realizar inspecciones oculares en lugares donde se han producido delitos menores. De esta forma, advirtieron que en varios casos de robos en viviendas de Carabanchel habían sido descubiertas huellas dactilares “perfectas”, supuestamente pertenecientes a los ladrones.

Lo que les puso en alerta fue precisamente “la extraordinaria perfección” de esas huellas recogidas en algunos objetos. “Lo habitual es que esas impresiones dactilares sean imperfectas o parciales. Es raro que una persona coja un objeto o toque un mueble y deje impresa su huella sin el menor defecto”, explican las fuentes informantes. Ahondando en la investigando y cotejando los dictámenes periciales sospechosos, la Brigada Provincial de Policía Científica llegó a la conclusión de algunos compañeros de Carabanchel podrían estar alterando o falseando informes. Por eso, la brigada presentó una denuncia que recayó en el Juzgado de Instrucción número 25 de Madrid.

La gravedad del caso hizo que entraran en acción la Comisaría General de Policía Científica (con jurisdicción en toda España) y la Brigada de Policía Judicial de Madrid. Las pesquisas fueron asentando las sospechas iniciales, por lo que también fue alertada la Unidad de Asuntos Internos, especializada en la lucha contra la corrupción y las irregularidades dentro del propio Cuerpo Nacional de Policía.

Los indicios existentes apuntan a que cuando era detenido in fraganti el ladrón de una vivienda, los agentes de Carabanchel lo trasladaban a la comisaría. Allí, el grupo de Policía Científica le tomaba las huellas dactilares (lo que en argot delincuencia se denomina tocar el piano). La reseña, es decir, la impresión tomada de los dedos del acusado era perfecta.

Según fuentes de la investigación, hay indicios de que los cinco especialistas copiaban la huella del detenido en una especie de papel de celo y a continuación la imprimían en un mueble o en un objeto de un piso que había sido anteriormente asaltado y que estaba sin aclarar. De esta forma, ese individuo se convertía en presunto autor del robo por el que había sido detenido y, además, se le endosaban uno o más robos con los que hasta entonces no se le había relacionado. Así, por arte de birlibirloque, al caco arrestado se le achacaban de una tacada varios delitos. E iba ante el juez imputado en más delitos.

¿Cuál era la finalidad con la que los agentes incurrían presuntamente en esta falsificación? Según fuentes de la investigación, el único objetivo era aparentemente “mejorar la estadística” delincuencial. De esa forma, en los estadillos internos del Cuerpo Nacional de Policía constaba oficialmente que la mayoría de los robos en viviendas y comercios de Carabanchel habían sido aclarados por la perspicacia y la profesionalidad de estos especialistas. Todos ellos son agentes de la escala básica y no hay ninguno que ostentara mando. Está descartado que obtuvieran dinero, recompensas o premios en metálico. Las investigaciones apuntan a que, al menos, hay tres personas que presuntamente se han visto perjudicadas por la supuesta falsificación. Pero puede haber más.

Los encargados del caso desconocen aún desde hace cuánto estos agentes podían estar cometiendo estas irregularidades. Las fuentes consultadas han señalado que todo apunta a que lo hacían “desde hace tiempo”. El juez de instrucción número 25 de Madrid, a la vista de las pesquisas, ordenó a la Brigada de Policía Judicial que procediera a la detención de los cinco supuestos falsificadores. Esta operación fue realizada a lo largo del pasado jueves: unos fueron arrestados en sus domicilios y otros lo fueron en su lugar de trabajo en la comisaría del distrito de Carabanchel.

Los cinco agentes se negaron a prestar declaración ante sus compañeros, acogiéndose a su derecho legal. Tras pasar la noche en los calabozos de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, los cinco fueron trasladados a los juzgados de instrucción de la plaza de Castilla. Después de ser interrogados, el juez ordenó que los policías quedaran en libertad con cargos. Dado que el magistrado que tramita el sumario ha decretado el secreto de las actuaciones, las fuentes informantes desconocen si, además, les ha impuesto alguna medida cautelar.

En medios policiales ha causado cierta extrañeza que el juez ordenara la detención de los agentes para posteriormente dejarlos en libertad. Entre sus compañeros existe la opinión de que no hubiera sido necesario adoptar una medida “tan gravosa” porque los acusados están perfectamente localizados, tienen domicilio conocido y en modo alguno había riesgo de que se dieran a la fuga para eludir la acción de la justicia.