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“Los Estados son hipócritas con la UE en asuntos de inmigración”

Cuatro expertos coinciden en criticar las trabas que los Gobiernos plantean a los intentos de Bruselas para elaborar una política común

Gil Arias, Ana Abril, Miguel Pajares (en videoconferencia desde Barcelona) y Emilio Gallego, el sábado 10 en la redacción de EL PAÍS.
Gil Arias, Ana Abril, Miguel Pajares (en videoconferencia desde Barcelona) y Emilio Gallego, el sábado 10 en la redacción de EL PAÍS.

La llegada de sin papeles a Europa se triplica. Cientos de subsaharianos intentan saltar las vallas de Ceuta y Melilla. Las encuestas profetizan el auge de los partidos xenófobos. La inmigración está en el centro de la campaña europea.

Cuatro reconocidos expertos españoles en inmigración se han reunido en la redacción de EL PAÍS —uno de ellos, por videoconferencia— para debatir sobre la gestión de ese fenómeno: Miguel Pajares, doctor en antropología social y presidente de CEAR Cataluña; Ana Abril, directora del área de desarrollo social e institucional de Cáritas; Emilio Gallego, secretario general de la Federación Española de Hostelería, y Gil Arias, director adjunto de la agencia europea de control de fronteras (Frontex). Lo que sigue es un resumen de sus intervenciones.

Integración social

Miguel Pajares:

“El discurso político

influye en la mala

imagen del fenómeno”

Miguel Pajares. La mentalidad sobre inmigración está muy influida por un discurso político constante que la plantea como algo contra lo que hay que luchar, por todo lo que tiene que ver con la entrada de inmigrantes por el sur y las vallas de Ceuta y Melilla, las pateras… Todo eso influye y es lógico que haya una percepción más bien negativa de ella, pese a que se ha dicho muchas veces que ha tenido efectos globalmente positivos en la sociedad: en la economía, en el crecimiento de la población, en la creación de diversidad y por tanto más capacidad de emprendimiento…

Ana Abril. Todos los estudios hablan de lo positiva que es la inmigración, pero la mentalidad social no es esa. Creo que en las elecciones europeas tenemos un riesgo enorme. Es muy fácil en un momento de crisis económica, de escasez de recursos, de personas que están luchando por sobrevivir, hacer que cale un discurso que nos enfrenta a unas personas con otras, obviando los problemas reales de desigualdad a nivel mundial, obviando los problemas reales a nivel mundial, de modelo social europeo, de qué modelo estamos construyendo, con qué valores, con qué ética, con qué respaldo a los derechos humanos.

Emilio Gallego. El efecto que la inmigración ha tenido en esta última década es positivo. En 20 años hemos pasado de una población de 38 o 39 millones a 46 millones. Seis millones han llegado en 10 años. Creo que por eso no hemos dispuesto del necesario debate sobre qué modelo tenemos de inmigración. Y creo que, a pesar de todo, la sociedad ha asimilado el fenómeno y las posibilidades de las que han dispuesto los inmigrantes han sido bastante positivas.

Ana Abril: “Es muy fácil con la crisis enfrentar a unas personas con otras”

Gil Arias. Es cierto que es el debate político el que produce esos cambios en la percepción de la ciudadanía, pero ese debate viene provocado normalmente por fenómenos puntuales. Si esos fenómenos no se dan, parece que no sucede nada. Por ejemplo, la UE, en términos de inmigración, estuvo prácticamente durmiente desde su creación. Y sólo a partir de los atentados de las Torres Gemelas y los de los trenes [el 11-M] se produce una hiperactividad en sus instituciones políticas y se crean leyes e instrumentos incluso financieros. Después, durante un tiempo considerable, parecía que no pasaba nada tampoco. Hasta que se produjo un momento oportunamente político para Berlusconi y Sarkozy, y los dos fueron de la mano a la UE con propuestas similares: desmontar el sistema Schengen. Eso se quedó ahí, las medidas no llegaron más allá. Y ahora imagino que algo parecido sucederá con las tragedias de Lampedusa y de los 15 muertos de Ceuta. Concluyendo: existe una cierta hipocresía en la sociedad europea, y las sensibilidades se suscitan sólo cuando suceden tragedias.

Fuente: MEYSS y Secretaría de Estado de Seguridad Social.
Fuente: MEYSS y Secretaría de Estado de Seguridad Social.

Mercado laboral

Miguel Pajares. [En la última EPA, la tasa de paro fue del 25,93%: entre españoles del 24,25% y entre extranjeros del 37,72%]. Las restricciones a la entrada legal llevaron a que la forma de entrada de la mayor parte de los inmigrantes fuera irregular y por tanto inicialmente se insertaron en la economía sumergida, y en unos sectores que han sido los que han sufrido más la crisis. Y como los extranjeros estaban en una proporción muy alta en ellos, han tenido un efecto de tasa de paro mayor. Además, su reinserción en otros sectores les está resultando más difícil, por falta de conocimientos del entorno, quizá también por discriminación. Cuando el paro empiece a decrecer es previsible que empiece a decrecer más para los españoles que para los extranjeros, con lo cual esa situación de desventaja en la tasa de paro creo que se va a mantener e incluso se va a acrecentar.

Emilio Gallego: “Ahora competimos por los empleos de los extranjeros”

Emilio Gallego. Es cierto. ¿Qué puestos de trabajo vienen a ocupar los extranjeros en esos 15 años de gran expansión de la economía española que hemos vivido antes de la crisis? Primero, simultáneamente, en el sector agrícola y el del servicio doméstico. El siguiente sector es la construcción. Al ser la construcción el sector que más empleo ha destruido, sufren el drama del desempleo. Pero ocurre que el desempleo afecta a todos. A los españoles la crisis económica nos ha puesto en una situación muy grave. Españoles que en aquel momento estaban ubicados en unos segmentos de producción determinados han pasado a competir por empleos que antes no tenían demanda por parte de la población activa española. Sin embargo, yo destacaría los aspectos positivos, y es que, a pesar de esa situación, el 12,7% del empleo en nuestro país sigue estando ocupado por extranjeros. Y si eso lo trasladamos a cuál es el porcentaje de empleo que ocupan, no es muy distinto. Lo que sí es cierto es que son más población activa [la tasa de actividad es del 64,13% entre los extranjeros y del 37,72% entre los españoles].

Ana Abril. Quiero introducir el aspecto de la irregularidad sobrevenida: inmigrantes que llevan trabajando regularmente mucho tiempo, al perder su empleo pierden también la documentación y caen en una situación de irregularidad sobrevenida que les hace muy difícil volver a acceder al empleo. Es una pérdida social enorme, porque se trata de personas integradas que estaban trabajando. Hay que flexibilizar esa norma. Y Europa debería planteárselo. Eso está vinculado con las políticas de integración. Se han reducido fondos en cooperación al desarrollo salvo para políticas de externalización de fronteras, y en las políticas de integración y convivencia de inmigrantes. Cuando empezó la crisis, una de las primeras medidas del Gobierno anterior fue el plan de retorno. El mensaje que se lanzaba era que en un momento de crisis los inmigrantes que nos habían ayudado a construir el crecimiento económico debían irse. Eso queda en el sustrato social. El Papa habla de esta cultura del descarte. Gil Arias ha pronunciado una palabra clave: hipocresía. Hablamos de defensa de derechos, pero después no la llevamos a cabo.

Estados frente a la UE

Miguel Pajares. Está pendiente abordar en serio la gestión de las migraciones. Y la Comisión está intentando desde 2000 hacer un planteamiento para Europa, pero ha tenido dificultades porque ya desde 2001, con los atentados de las Torres Gemelas, lo que se ha llamado lucha contra la inmigración ilegal pasa a ser el tema central. Pese a todo, ha hecho intentos de establecer normativa para la entrada legal de la inmigración laboral, que no han prosperado en términos generales. Cuando la Comisión Europea ha querido desarrollar esa política de inmigración, quienes la han boicoteado han sido los Estados. Para que la política de movilidad con los países emisores de inmigrantes funcione, por ejemplo, una de las condiciones que se requieren es que los Estados den visados, y no los dan. Lo que quieren los Estados del sur de Europa con respecto a Marruecos, Senegal o Mauritania es que hagan de policías y readmitan a los que expulsamos, nada más. En las exigencias de una política de inmigración por parte de algunos Estados tras sufrir una tragedia hay un cinismo enorme.

Emilio Gallego. De acuerdo. Aunque los Estados deben ser quienes marquen las entradas de los inmigrantes, debe haber un marco homogéneo. España siempre ha sido consciente de la necesidad de una política europea. En la presidencia de la UE de 2002, el mensaje de la inmigración era central en el plan de trabajo que estableció el Gobierno. Los modelos de gestión ordenada, conectada con el tejido productivo de cada uno de nuestros territorios, se hicieron con un sistema de contingentes, corto, en donde lo que fallaba eran los recursos para aplicarlo. Cuando se definió que las mayores llegadas se iban a producir desde países sudamericanos y que por ello había que reforzar los consulados en ellos, esto no se hizo, y las organizaciones empresariales tuvieron que poner en marcha sus propios dispositivos.

Gil Arias: “La sensibilidad europea solo surge ante

las tragedias”

Ana Abril. Cuando se habla de políticas de la UE se debe hablar también de solidaridad. Y de la cuota del respeto a las convenciones de derechos humanos.

Gil Arias. Es cierto que la Comisión Europea tiene el deber de presentar propuestas a los Estados miembros, y luego corresponde a estos debatirlas y en su caso aprobarlas. Lo que no sé es por qué en esta materia, como en la de seguridad, los Estados no quieren ceder ni una pizca de soberanía a la UE. Por esa razón, algunas de las propuestas a las que Miguel hacía referencia no salen adelante. Y, respecto al tema de los visados, hay algunos hechos que pueden prevenir a los Estados para ser muy prudentes en su extensión. Me refiero a las políticas que ya hay en marcha para liberalización de visados. Los cinco Estados de los Balcanes occidentales están a prueba. Y la Comisión ya ha planteado dar marcha atrás y volver a pedirles el visado porque, aprovechando esa liberalización, se han producido muchos abusos. Numerosos ciudadanos de esos países, ante las pocas posibilidades que tienen de obtener un puesto de trabajo, entran en territorio de la Unión con visado, o a través de las peticiones de asilo y refugio, para acogerse a las ayudas sociales que otorgan algunos Estados.

Ana Abril. Los Estados no quieren ceder soberanía en el tema de políticas migratorias. Y mi pregunta es si piden ayuda para una política migratoria común o lo hacen para el control de las fronteras.

Gil Arias. Ni siquiera es ayuda para el control de las fronteras: es “dame dinero”. Cuando, tras las tragedias de Lampedusa, las autoridades italianas clamaban “Europa nos deja solos”, lo que en realidad decían es “Europa no nos da dinero”. Y supongo que las peticiones que pueda haber hecho España a Bruselas tras la tragedia de Ceuta serán también de fondos. Pero obviamente queda mucho más elegante decir “queremos políticas europeas”.

Miguel Pajares. Es verdad: se exige a Europa pero luego no se ponen los medios. Este tema pasó a ser competencia europea con el tratado de Amsterdam, hace ya 15 años, y a partir de ese momento debería haber habido una normativa comunitaria que regulase tanto el asilo como la inmigración en toda Europa. Hay unas directivas sobre temas parciales, pero no ha habido manera de plasmarlas en normas concretas y efectivas, porque cada país tenía un criterio distinto.

Derecho de asilo

Miguel Pajares. Hay algunas directivas, como la de procedimiento y la de acogida, un poco más precisas que las que hay sobre inmigración. Pero la Convención de Ginebra dice que hay que llegar a territorio de asilo para poder solicitarlo… Y no estamos dejando llegar a los solicitantes. Parte de los que quedan atrapados en las vallas de Ceuta y Melilla vienen de países en los que hay persecuciones; serían posibles solicitantes de asilo. Antes España contemplaba la posibilidad de que se solicitara asilo en sus embajadas, pero eso lo hemos quitado en la última reforma de la ley.

Gil Arias. Hay conflictos en muchas partes del mundo que explican que se intensifiquen las peticiones de asilo. Casi el 60% de las que se producen en Europa se dan en Alemania (42%) y Suecia (17%). ¿Es que solo dan una protección adecuada esos dos países o es que se utilizan los procedimientos de asilo para otra cosa, porque son países ricos y en las peticiones subyace un componente económico? Lo normal sería que los países que tienen más presión en sus fronteras exteriores fueran los que recibiesen más peticiones de asilo.

Ana Abril. Si además llegan a territorio europeo y entran por una puerta y salen por otra, como sucede con las devoluciones en caliente, estamos negando la posibilidad de ver si hay ahí un posible solicitante de asilo. Tenemos en estas elecciones europeas la posibilidad de decir qué tipo de Europa queremos, y tenemos el alza que todas las encuestas anuncian de partidos racistas y xenófobos. Creo que el debate sobre los valores y sobre los derechos humanos tendría que estar presente.

Emilio Gallego. Las fronteras tienen su papel y deben seguir teniéndolo. En Europa tenemos un modelo social y un modelo de desarrollo económico y las fronteras marcan el espacio en el que una civilización se desarrolla de determinada manera frente al lugar en el que otras sociedades lo hacen de manera distinta. Las fuerzas de seguridad están para defender las fronteras. Eso hay que compatibilizarlo con los derechos. Y es lógico que los Estados sigan teniendo un peso importante y una capacidad de decisión en cuáles tienen que ser sus políticas migratorias. Creo que esa tiene que seguir siendo una competencia nacional.

Devoluciones en caliente

Gil Arias. Gestión fronteriza y respeto a los derechos fundamentales no son conceptos contrapuestos. De hecho, uno es parte integrante del otro. Nosotros en Frontex así lo entendemos. Y ese es el modelo diseñado a nivel de la UE. Por eso siempre que rescatamos o interceptamos a alguien en el mar lo desembarcamos en territorio europeo. El principio de non refoulement, la prohibición de devolver a una persona a un lugar donde su vida o su libertad pueden correr peligro, es de obligado cumplimiento para los Estados.

Miguel Pajares. No entro a debatir la labor de Frontex, pongo en cuestión la de nuestras fuerzas de seguridad. Las devoluciones en caliente son ilegales porque está muy claramente establecido que hay que conocer cada caso concreto y dar la posibilidad de solicitar asilo a las personas que llegan al territorio español.

Gil Arias: La posibilidad de denegación de entrada existe en todos los tipos de frontera. Pero requiere examinar las circunstancias del ciudadano, por si tuviese derecho al asilo. Eso, tanto en un puesto habilitado como frontera como por otro lugar. Es obvio que la mayoría de inmigrantes que tratan de saltar la valla ni siquiera tienen documentación, por lo que se dan las condiciones para denegarles la entrada. Donde quizá el sistema empieza a quebrar es si no se llegan a analizar sus circunstancias.

Emilio Gallego. El Gobierno español está optando por un mal menor. Como hoy todo se está viendo en directo, imaginémonos qué ocurriría si esa visión fuera la de gente que pasa la valla y se queda en España. El Gobierno está lanzando el anuncio de que esa no es la forma de entrar en el país y que por tanto la autoridad en frontera te manda de vuelta. Si no, habría un efecto llamada.

Miguel Pajares. Se da por supuesto que si fuéramos más flexibles tendríamos una invasión. Y la sociología de las migraciones ha demostrado hace años que esto no es así. Los migrantes económicos van a sitios donde saben que van a encontrar trabajo. Nosotros hemos tenido un flujo migratorio enorme en los años de bonanza económica y no había una legislación que facilitara la entrada. Cuando se ha acabado la bonanza económica ya no nos viene inmigración, se nos están yendo más extranjeros de los que vienen. Y no tenemos una legislación distinta de la de 2006. Quiero decir que siempre habrá un cierto volumen que venga en cualquier circunstancia (de hecho, sigue entrando gente), pero ese volumen será pequeño si no estamos ofreciendo trabajo. Por tanto, respecto a los países subsaharianos, lo que deberíamos estar ofreciendo es cierta flexibilidad en la concesión de visados. Si los jóvenes pudieran ir y venir, no pasaría nada, no tendríamos ninguna invasión igual que no la tenemos con los países latinoamericanos.