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Los delincuentes peinan canas

Los condenados mayores de 60 años suben un 41% y son mayoría los que están entre 41 y 50

Juan Antonio Roca, cerebro del 'caso Malaya', en 2009. efe

No es una cuestión de viejos delincuentes, sino de delincuentes cada vez más viejos. Así lo demuestran algunos datos de los últimos años en España: el número de condenados mayores de 60 años ha crecido durante el último quinquenio un 41% (de algo más de 5.000 a 8.600). Por otra parte, los delincuentes de entre 41 y 50 años son los más numerosos y han aumentado un 31%. Los mayores (entre 61 y 70 años) también llevan el mismo camino ascendente: han subido un 29%. No hay que fiarse de las apariencias: nunca es tarde para delinquir.

¿Es la crisis económica culpable de este fenómeno, por otra parte poco estudiado? Es pronto para sacar consecuencias de ese tipo, según los criminólogos, aunque este crecimiento se aprecia en el último lustro, justo los años de la depresión. Antonia Linde, profesora de criminología de la Universidad de Lausana (Suiza), atribuye estos datos al propio envejecimiento de la población. “Se está produciendo un cambio generacional y esos cambios en la pirámide de la población se reflejan también en las cárceles”.

Linde añade que en las estadísticas españolas se aprecia que no ha aparecido una delincuencia ligada a la pobreza, ni siquiera una delincuencia juvenil ligada al aumento del paro. A ello contribuye que las cargas familiares de los menores de 25 no son altas y a que hay una red familiar que está sirviendo de sostén de esta generación. “No hay una delincuencia famélica porque las organizaciones sociales, los comedores sociales, toda esa red está sirviendo de apoyo a los más necesitados, que no tienen necesidad de entrar en una tienda a robar para comer”.

“No son reincidentes, pero sí pueden ser más violentos”

La percepción pública es la opuesta. Alguien que observe los telediarios se dará cuenta de que los detenidos que desfilan por los juzgados de un tiempo a esta parte, no son jóvenes y no son precisamente pobres. “Lo que la gente aprecia en esta época de crisis es que los ricos roban más”, dice Linde. Y es que la mayor persecución de los delitos económicos podría ser un argumento que explique ciertos incrementos.

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Fuente: Instituciones Penitenciarias e INE

Según datos de la policía, 1.432 ciudadanos han sido detenidos en los últimos cinco años por actividades relacionadas con el blanqueo de capitales como delito principal. La Guardia Civil aporta 1.600 detenciones en esta materia. Y es evidente que estos delitos de cuello blanco los cometen personas de cierta edad y patrimonio. Pero aun así, los criminólogos no se atreven a afirmar que este argumento pueda ser concluyente.

“Los delincuentes mayores no han sido un tema de interés en la investigación criminológica hasta ahora”, señala Andrés Pueyo, catedrático de Psicología de la Universidad de Barcelona, y experto en psicología de la delincuencia. “Están los delincuentes crónicos, o de larga duración, que suelen ser reincidentes, y los delincuentes de cierta edad que cometen delitos por primera vez. Sobre este colectivo tenemos poca información porque, en teoría, su incremento va en contra de toda la lógica de la criminología”.

El incremento de los delitos económicos no explica el fenómeno

Este tipo de delincuentes se denomina en la literatura anglosajona como first time elderly offender. Según Pueyo, no son reincidentes, no tienen una peligrosidad futura, pero sí pueden ser más violentos en los casos de delitos en el ámbito doméstico o relacionados con aspectos sexuales. “Muchos de ellos cometen delitos en situaciones de estrés social y con un alto componente de carga emocional. No miden las consecuencias de su delito porque piensan que tienen pocas alternativas para resolver el problema. Actúan más a la desesperada que un joven. Actúan como última salida”.

Hubo un tiempo en el que había más tolerancia social para el delito cometido por una persona mayor, o por una mujer, según recuerda Pueyo, “pero esa tolerancia se ha terminado en el caso de las mujeres y es posible que se termine en el caso de los mayores si el fenómeno se acentúa”.

Otro aspecto que empieza a ser estudiado es el envejecimiento de la población reclusa. “Puede ser causa de penas más largas y de que la gente delinque a edades más tardías”, añade Pueyo. La edad media de los presos en España estaba no hace mucho en 37 años. Hoy ronda los 40. En prisión, el preso más viejo está bien considerado por una sencilla razón: es un adulto socializado que no da grandes problemas de orden interno en la cárcel.

Cárceles como geriátricos

El proceso de envejecimiento en las cárceles es un fenómeno que comenzó a estudiarse en Estados Unidos años atrás. Hace un lustro, las investigaciones avanzaban en algunos Estados que la población carcelaria mayor de 60 años llegaría al 13% del total. Ya por entonces se avanzaba que un preso mayor de 60 años costaba tres veces más que uno joven y que, de seguir este fenómeno, habría que acondicionar las cárceles para tratar con los problemas inherentes a una población envejecida.

Un informe de Human Rights Watch (Ancianos tras las rejas: la población carcelaria de edad avanzada en Estados Unidos) publicado en 2012 afronta decididamente este problema y, a lo largo de sus 104 páginas, concluye que “los hombres y mujeres de edad avanzada son el grupo de más crecimiento en las cárceles de Estados Unidos”. Este informe calcula que los costes médicos de estos presos podían ser hasta nueve veces más altos que los de los jóvenes.

La citada ONG comprobó en las estadísticas de varios estados federales que el número de delincuentes sentenciados a penas de prisión mayores de 65 años aumentó 94 veces más que la tasa de la población carcelaria general, entre 2007 y 2010. La cifra de reclusos sentenciados mayores de 55 años creció siete veces más. “Las cárceles no fueron diseñadas para funcionar como establecimientos geriátricos”, comentó Jamie Fellner, autora del informe.

El informe suma datos nacionales y estadísticas de muchos Estados. En Florida, por ejemplo, el 16% de la población carcelaria tiene más de 50 años y representa el 40% de todos los episodios de atención médica y el 47,9% del total de días de ingreso hospitalario.

En España no hay estudios similares, pero sí unas estadísticas que apuntan hacia un envejecimiento irremediable de la población reclusa. Así, en los datos de Instituciones Penitenciarias correspondientes a diciembre de 2012, los presos comprendidos entre los 41 y los 60 años se habían convertido por primera vez en el grupo más numeroso (19.556), circunstancia que se mantiene en las estadísticas de septiembre de 2013 (20.460 presos). El segundo grupo más numeroso es el de 31 a 40 años (19.534). Presos de entre 21 y 25 años en las cárceles españolas había a esa fecha 5.344.

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