Cómo se hace una prueba caligráfica

El tribunal puede dictar un texto al interesado para cotejar las letras

Las pruebas caligráficas pueden ser solicitadas en la jurisdicción penal por la fiscalía, el juzgado y la acusación particular para determinar la autoría de un escrito. Lo habitual es cotejar el cuerpo de escritura de un sujeto sobre el que se quiere indagar si ha escrito algo o no con la llamada prueba indubitada, es decir, un escrito hecho de puño y letra del interesado en presencia judicial e incluso dictado por el tribunal o el secretario judicial.

Lo habitual es que para hacer "con exactitud" la atribución caligráfica de un documento, este debe ser original, según Jesús Barrón, presidente de la Asociación Nacional de Expertos en Grafística y Documentoscopia (ANPEC) y de la Federación Española de Expertos en Análisis Documental. También sostiene esta opinión José Guillermo Pastor, psicólogo forense, perito y presidente de la Asociación Nacional de Grafólogos, Peritos Caligráficos y Documentólogos (GRAPECA).  

En la jurisdicción penal, la fiscalía, el juzgado y la acusación particular podrán solicitar una prueba caligráfica para determinar la autoría, según explica Barrón. Los informes periciales en los casos penales se suelen encargar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que cuentan con unidades específicas. El perito José Guillermo Pastor explica que el resultado ("con trámites muy complejos") puede demorarse más de un año.

Aunque la persona requerida para someterse a la prueba caligráfica se niegue a ello, el informe podrá ver la luz, ya que la ley prevé que el documento se considere reconocido cuando no existen documentos indubitados [sin dudas sobre su autoría] y el autor se niega a proporcionar un escrito. El artículo 350 de la ley de Enjuiciamiento Civil, que se extiende por analogía a los casos penales, considera "indubitados", por ejemplo, las escrituras públicas o los documentos privados cuya letra o firma haya sido reconocida en juicio por aquel a quien se atribuya la autoría dudosa.

El informe no podrá detectar la datación absoluta, así que resultaría difícil determinar cuándo se hizo cada anotación. "Es imposible", asegura Barrón. Pastor matiza que, dado que "la escritura está viva", podrían determinarse alteraciones en la escritura derivadas de los cambios en el estado emocional. En ese caso, podría inferirse que las anotaciones se hicieron en distintos intervalos de tiempo.

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