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Algunas claves del fiasco popular

El PP perdió la fuerza demostrada el 20-N en las provincias más pobladas: Cádiz, Málaga y Sevilla

Javier Arenas, junto a los ministros Cristóbal Montoro y Fátima Báñez.
Javier Arenas, junto a los ministros Cristóbal Montoro y Fátima Báñez. EFE

Tras las elecciones andaluzas y asturianas celebradas ayer, algunas claves apuntan al porqué de la derrota del PP. Son estas:

La victoria/derrota del Partido Popular

El Partido Popular cosechó en Andalucía el mejor resultado de toda su historia en unas elecciones autonómicas tanto en porcentaje de voto (40,64%) como en número de escaños (50). Pero fue un espejismo si se buscan las referencias más próximas en el tiempo con otras contiendas electorales o si la comparación se hace en número de votos. La cita más cercana fue la de las elecciones generales del pasado 20-N donde el PP logró en Andalucía 425.925 votos más que ayer y un 45,57% de apoyos, 4,93 puntos más que ayer. Si el pasado 20 de noviembre el PP arrasó en siete de las ocho provincias andaluzas (solo Sevilla resistió la marea azul de cambio), ayer hubo tres provincias donde el PSOE recuperó su hegemonía (Sevilla, Huelva y Jaén). El PP perdió la fuerza demostrada el 20-N en las tres provincias más pobladas de Andalucía: Sevilla, Málaga y Cádiz.

El peso de la corrupción no propició el cambio

Las elecciones andaluzas han sido, con diferencia, las que han sufrido más los efectos de la corrupción. Mientras el candidato del PP, Javier Arenas, recordaba cada día de campaña el escándalo de los ERE, la juez que instruye el caso no dejaba de tomar decisiones que ampliaban la magnitud del escándalo. Hasta el punto de que en plena campaña electoral se produjeron los dos autos donde se recogían las mayores imputaciones de delitos del caso a dos de los principales encausados, el ex director general de Empleo y su exchófer, que pese a que el caso llevaba más de un año instruyendo testificaron en medio de la campaña electoral para arrojar más sombras de sospechas sobre distintos dirigentes del Gobierno andaluz. Y pese a ese protagonismo, el PSOE resistió el castigo de las urnas —el segundo más duro que han recibido en democracia; el primero se registró en 1994— con un resultado suficiente para poder gobernar con IU. Y además, en el epicentro de todo el caso de corrupción —Sevilla—, los socialistas mantuvieron su hegemonía autonómica con 80.000 votos y ocho puntos más que el PP.

Más castigo en Andalucía que en Valencia

A diferencia de la Comunidad Valenciana, donde el grave escándalo de corrupción del caso Gürtel apenas afectó al Gobierno de Francisco Camps —que revalidó su mayoría absoluta sin apenas desgaste—, en Andalucía, los socialistas han perdido la mayoría absoluta, casi 600.000 votos y nueve escaños respecto a las elecciones de 2008. Han dejado de ser la primera fuerza política en el Parlamento andaluz después de 30 años. Pese a ello, la corrupción valenciana acabó con la dimisión del presidente Francisco Camps solo unos meses después de ser investido. En el caso andaluz, Griñán repetirá como presidente si IU apoya y no parece probable que dimita por el escándalo de los ERE. En la Comunidad Valenciana, la instrucción judicial del caso no estuvo presente en campaña electoral; en Andalucía, la efervescencia en el juzgado fue notable.

IU aprovecha el desgaste del PSOE, pero no del todo

IU ganó ayer casi 120.000 votos respecto a 2008; pero el PSOE perdió casi 600.000. IU creció cuatro puntos en porcentaje de voto; pero el PSOE perdió casi nueve. IU aumentó seis escaños en la Cámara andaluza, pero el PSOE perdió nueve. La izquierda (PSOE más IU) sumó ayer el 51% de los votos, pero cuatro años antes juntó el 55% de los votos. IU obtuvo un magnífico resultado (11,35% de los votos) que se queda muy lejos aún del 17,81% de 1986; del 19,14% de 1994; y que no mejora los registros de otras dos convocatorias (1990 y 1996) aunque supera lo cosechado en las tres últimas elecciones autonómicas. La izquierda venció a la derecha una vez más en Andalucía, y van nueve, pero la distancia se acortó al máximo. Y pese a todo, los socialistas pueden agradecer que IU se haya beneficiado de su sangría para lograr los escaños suficientes con los que evitar una mayoría absoluta del PP.

Los beneficiarios de la baja participación

Separar la convocatoria de las elecciones andaluzas de la fecha de las elecciones generales siempre tiene un efecto sobre la participación. En este caso, la abstención subió al 38%, 12 puntos por encima de la registrada en 2008, la última convocatoria que coincidió con los comicios generales. Aunque tradicionalmente se interpretaba que la baja participación perjudicaba a los partidos de izquierda porque la derecha tenía más capacidad de movilización de sus votantes, un dirigente socialista señalaba ayer: “No es una verdad absoluta, depende de las circunstancias. Cuando hay pulsión de cambio, siempre hay una participación muy alta. Y hoy no ha sido el caso”. La participación bajó en todas las provincias andaluzas pero, principalmente, en aquellas donde el PP perdió más votos respecto a la convocatoria del 20-N.

Asturias se complica

El órdago de Francisco Álvarez Cascos enredó mucho más la situación política de Asturias. Si antes de las elecciones, el exdirigente del PP sumaba junto a sus antiguos compañeros del PP 26 de los 45 escaños, ahora suma solo 23 (uno por encima de la mayoría absoluta) y por los pelos. Si el voto de los residentes ausentes, que se cuenta el próximo miércoles, favorece a los socialistas, como anuncian, habrá un empate a 22 escaños entre la izquierda asturiana y la derecha cuyo árbitro sería UPyD. Tras disolver el Parlamento asturiano por su incapacidad de llegar a acuerdos con sus excompañeros de partido, ahora Cascos (que ha perdido en este viaje tres escaños) pretende recuperar la relación para mantener su cargo de presidente autonómico. En este camino, el PP no se ha movido aunque ha cambiado de candidata.

UPyD araña en la derecha asturiana

La formación de Rosa Díez logra entrar por primera vez en el Parlamento asturiano con un diputado. Mientras que la izquierda (IU y PSOE) han aumentado su porcentaje de voto respecto a las elecciones de 2011, la derecha ha perdido algo más de tres puntos. UPyD subió 1,3 puntos, que parecen proceder de esa parte del electorado que dio la espalda a Cascos y al PP.