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La campaña se cierra con España cercada por la crisis de la deuda

La campaña cierra en el peor momento de la deuda

Rajoy pide la mayoría absoluta como mensaje “a los de la prima”

El PSOE le reprocha que use la crisis en su favor

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La política española vivió en la noche del viernes el primer cierre de campaña, con sus fastos habituales, desde 2000, el año de la mayoría absoluta del PP. En 2004 se canceló en medio de la conmoción tras el atentado islamista del 11-M. Y en 2008 se suspendió tras el asesinato del concejal socialista Isaías Carrasco a manos de ETA. Pero tampoco esta vez, salvando todas las distancias, se vota en un ambiente de normalidad. Los españoles están convocados a las urnas con el país en estado de emergencia máxima, en el peor momento de la crisis de la deuda, con la prima disparada.

El viernes, el día en que cierran los mercados hasta el lunes, cuando los españoles ya habrán votado un nuevo Gobierno, la prima ha vuelto a dispararse. Reuters y Bloomberg aseguraron que había superado los 500 puntos, aunque después de que el Ministerio de Economía explicara que el cálculo se estaba viendo afectado por la introducción de un nuevo tipo de bono, ambos lo ajustaron a la baja. Aún así, estuvo todo el día por encima de 450 y cerró en 441, una cifra que nadie imaginaba hace solo unos meses, cuando al fin la crisis de deuda parecía controlada.

Ni siquiera el cambio constitucional de agosto, pensado para frenar a los mercados, ha podido evitar que España, arrastrada por las crisis de Italia y Grecia, se vea afectada con otros 12 países del club del euro por la mayor tormenta financiera desde que empezó la crisis, en 2008.

Rajoy reclama a los mercados "un margen de más de media hora" para él

En esas condiciones, la campaña ha quedado en un segundo plano, una circunstancia que, como casi todas las de las últimas semanas, también beneficia a Mariano Rajoy y perjudica a Alfredo Pérez Rubalcaba, que ha intentado desesperadamente contrastar sus propuestas con las del PP.

Todo parece absolutamente decidido, y ninguna encuesta, tampoco las internas, parece detectar un movimiento de votos en el último momento que pueda alterar el resultado previsto. Pero por si acaso, Mariano Rajoy no se cortó en utilizar la prima de riesgo disparada a su favor.

El gran favorito pidió claramente el voto como mensaje contra la prima de riesgo. Rajoy pidió a los españoles una victoria amplia, esto es arrasar con la mayoría absoluta aplastante que le auguran las encuestas, porque ese sería “el mejor mensaje que España puede dar a Europa, a los mercados y a los de la prima de riesgo”. “Nos han dejado tiesos”, llegó a decir al referirse al Gobierno y las finanzas españolas. El mensaje, rematado por otros dirigentes —el valenciano Alberto Fabra llegó a decir que cuando llegue Rajoy se podrá decir “adiós al paro, a la inflación y a la prima de riesgo”— tiene un riesgo evidente: puede servir para tener una victoria aún más amplia, pero si no cambia todo en cuanto gane Rajoy, se volverá en su contra.

La Bolsa de Madrid. EFE

El PP está muy preocupado por el 21-N. Y por eso Rajoy, como si los mercados fueran su interlocutor, les pidió a través de los micrófonos de Onda Cero “un mínimo de margen y que ese margen dure más de media hora”, para poder emprender reformas económicas que tiene en la cabeza si gana las elecciones generales del domingo y llega a La Moncloa.

La sombra de una intervención incluso antes de que Rajoy, si gana, tome posesión sobrevuela todas la conversaciones políticas. Elena Salgado trató de disipar dudas y aseguró que a pesar de todo España puede aguantar con esta prima disparada. “No hay preocupación sobre nuestra capacidad de financiación en los mercados”, aseguró.

Sin embargo, ese ambiente sobrevuela los cuarteles generales y ya se prepara una traspaso de poderes rápido para lo que es habitual —las Cortes se constituirán el 13 de diciembre y el Gobierno podría estar listo una semana después, aunque el Ejecutivo dijo que los plazos no se acelerarán—. La ley obliga al Gobierno en funciones a tomar decisiones solo de trámite. No parece sin embargo que esto vaya a suponer un problema. Desde agosto, cuando estalló de nuevo la crisis de la deuda, José Luis Rodríguez Zapatero habla mucho con Rajoy. Ambos han conservado la relación personal y es bastante evidente hace semanas —sucedió con el comunicado de ETA— que las cosas se consensúan. Aún así, el Gobierno no prevé tener que tomar ninguna decisión drástica e insiste en que la crisis es especulativa y puntual porque España ha hecho los deberes, como admite Bruselas.

Es la primera vez desde 2000 que el cierre no se cancela por un atentado

Frente al voto del miedo a la prima de riesgo que alienta Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba remató ayer su estrategia final basada en el voto del miedo al poder absoluto del PP. Los populares pueden hacerse en unos meses, si Andalucía cae de su lado en marzo, con el mayor poder en manos de un solo partido de la historia de la democracia española. Y Rubalcaba insiste en su mensaje a los abstencionistas y a los que piensan en votar a opciones minoritarias: el único que puede hacer frente a ese poder es el PSOE. Es necesario un PSOE fuerte para frenar el poder del PP, asegura.

Ayer además reprochó a Rajoy que durante tres años haya aprovechado la crisis en su favor, votando en contra del Gobierno, y ahora lo haga con la prima de riesgo. “Hace cuatro años intentó llegar a la Moncloa de la mano de una niña y ahora intenta llegar de la mano de una prima”.

Mientras Rajoy defendió que él tomará “decisiones que no serán fáciles” —siempre sin aclarar cuáles— y por tanto abrió la puerta a recortes fuertes, Rubalcaba ha insistido hasta el último momento en su modelo alternativo: recortes sí, pero menos, subida de impuestos, y sobre todo presión en Europa para retrasar los objetivos de reducción de déficit dos años, y así permitir que la economía se recupere un poco.

Los augurios para el PSOE no pueden ser peores, aunque Rubalcaba insistió hasta el final en luchar para frenar la ola del PP, mientras Rajoy cerró con una sensación de euforia de los suyos a la espera solo del recuento.

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