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La nueva dimensión política de Patxi López en el PSOE

El 'lehendakari' mantiene buena sintonía con Rubalcaba, al tiempo que ahonda su distanciamiento con Zapatero

Rubalcaba y Patxi López se saludan el pasado sábado en una imagen cedida por el PSOE Ampliar foto
Rubalcaba y Patxi López se saludan el pasado sábado en una imagen cedida por el PSOE EFE

Patxi López se descubrió la semana pasada en un papel determinante que el socialismo vasco nunca había desempeñado. La propuesta que el martes removió al PSOE de arriba abajo le ha convertido en uno de los polos de referencia del debate suscitado en el conjunto del partido. Probablemente volverá a serlo en la preparación de la conferencia política de septiembre, es decir, en la elaboración y defensa de la actualización del proyecto y la oferta programática socialista. Es pronto, dicen sus colaboradores, pero no descartable que Patxi López —ellos hablan del PSE-EE— quiera estar en la primera línea de las aportaciones a ese “debate de ideas” que ha sido el primero en reclamar.

La nueva dimensión de López se fragua justamente en el momento en que el partido de José Luis Rodríguez Zapatero ha perdido casi en su integridad el poder territorial autonómico y municipal, lo que López llamó el sábado “la red básica de contacto de los socialistas con la sociedad”. Un batacazo del que tampoco se ha librado el PSE del propio López.

La cuestión es si el alcance añadido de su figura es un fogonazo sin continuidad o puede proyectarse en influencia y opciones de futuro más allá del PSE-EE y de las fronteras vascas. Él negó en el comité federal, y lo niega todo su entorno, haber buscado tal efecto —ni intereses particulares ni más ambición que seguir siendo lehendakari, dijo— pero el hecho objetivo, intenciones al margen, es que esas opciones han crecido y su imagen tiene una dimensión de la que carecía antes.

López cuenta en este momento con reconocimiento, aprecio y sintonía mayoritarios en el partido, con la reserva, eso sí, del entorno de apoyo a Carme Chacón y de Zapatero. Algunas voces llegan a calificar de espléndida la determinación con que ha actuado. Tiene además una magnífica relación —él mismo y a través de su mano derecha, el consejero de Interior y factótum del socialismo vasco, Rodolfo Ares— con quien está llamado a administrar el futuro, Alfredo Pérez Rubalcaba. Y nadie puede negar a su órdago del martes el efecto, buscado o no, de favorecerle: la retirada de Chacón y que el propio Zapatero haya postulado a Rubalcaba.

Nadie puede negar a su órdago del martes el efecto, buscado o no, de favorecerle: la retirada de Chacón y que Zapatero postule a Rubalcaba

López sí se ha dejado en esta arrancada, quizá de manera definitiva, la relación con Zapatero, muy dolido tanto con él como con Ares. Ello pesará en los meses que les quedan de convivencia en sus respectivas responsabilidades internas y de Gobierno. Sobre todo, porque ni siquiera le advirtió de lo que se disponía a hacer, pese a que figuras muy relevantes del PSOE le animaron a hacerlo. Es el único reproche que algunos le deslizan. Pero Zapatero se va y el deterioro era ya tan público que hasta la foto que López publicó en Twitter de la reunión el viernes con los barones ha dado lugar a especulaciones. En explicación del propio López, la hizo al comienzo del encuentro, cuando Zapatero entraba y se disponía a ocupar su sitio en la cabecera de la mesa. López es un gran usuario de las redes y tiene por costumbre subir fotos de acontecimientos a los que asiste, lo mismo un concierto que un partido de baloncesto o, como en este caso, una reunión política, explicaron medios cercanos a él, que despojaron el hecho de cualquier intención o significado oculto.

El hasta ahora modesto papel de López —ni siquiera está en la ejecutiva federal— y del PSE-EE puede experimentar un cambio que, al coincidir con el final del terrorismo de ETA, llegue a convertirse en una auténtica compensación para la organización vasca por las décadas de aguante a pie firme y ras de suelo en Euskadi. Y no hay fuerza moral en el PSOE para cortarle a esa federación las aspiraciones de futuro. Las más decisivas se revelarán en el congreso que celebre el PSOE después de las elecciones generales de 2012.

En Euskadi, paradójicamente, puede tener el efecto más adverso la sobreexposición de López con los asuntos internos del PSOE: dar la impresión de que no está a tiempo completo en su función de lehendakari, cuando la ciudadanía está acostumbrada —por décadas de liderazgo nacionalista y por la bicefalia del PNV— a que esa figura solo juegue en casa y, al menos formalmente, en el terreno institucional.