La crisis del coronavirus

Una epidemia de la que solo se supo un 1%: el ejemplo de los fallos del sistema para rastrear enfermedades

Cinco años después, un grupo de investigadores concluye que la cantidad de casos de zika detectados en el mayor brote de esta dolencia fue ínfimo. Como en el caso de la covid-19, solo se notifica la punta del iceberg

Unos especialistas fumigan una zona donde está presente el mosquito que transmite el zika en Río de Janeiro (Brasil) el pasado enero de 2020-
Unos especialistas fumigan una zona donde está presente el mosquito que transmite el zika en Río de Janeiro (Brasil) el pasado enero de 2020-Leo Correa

A principios de 2016 la alerta saltó en Brasil. El número de niños nacidos con microcefalia (el cerebro más pequeño de lo normal) había aumentado un 377%. Rápidamente, se relacionó este incremento con un virus que transmite un mosquito y que en la mayor parte de los casos no provoca síntomas: el zika. Esos bebés que nacían con la cabeza reducida mostraban la cara de una enfermedad que hasta ese momento había permanecido casi invisible en el continente.

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Con unos juegos olímpicos a la vuelta de la esquina, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el problema emergencia de salud pública internacional, pero el virus había llegado para quedarse y ahora se estima que está presente en toda la región. La institución registró alrededor de 700.000 casos. Un macroanálisis realizado este año por investigadores de la Universidad de Notre Dame calcula, sin embargo, que aquella epidemia alcanzó al menos a 123 millones de personas. “Hay dos factores que influyen en que solo se detectara el 1% durante la epidemia. Una es que el 50% de los casos fueron asintomáticos y escaparon al sistema de vigilancia. El otro es que los pacientes no acuden al sistema de salud a no ser que estén muy graves”, explica Sean Moore, biólogo e investigador principal de este estudio publicado en la revista PLOS.

Moore presenta un escenario muy parecido al que deja la covid-19: rápida expansión, muchos asintomáticos y un sistema sanitario desbordado. “Igual que en esa ocasión, con la covid se han visto las carencias en la capacidad de hacer tests, que son caros, especialmente si necesitan confirmación en un laboratorio. Esto es un problema aún mayor en los países de ingresos medios y bajos”, añade el especialista. Los autores del estudio han utilizado estadísticas de 15 países en Latinoamérica y el Caribe, en los que residen más de 500 millones de personas.

Fue precisamente el aumento de pruebas a las embarazadas y el número de bebés afectados en lo que se ha apoyado este equipo de investigadores para extrapolar los datos. “Si no hubiese sido por los casos de microcefalia este virus podría haber pasado desapercibido, porque se confunde fácilmente con el dengue, presente en la zona”, apunta el microbiólogo de la Universidad de Navarra, Ignacio López Goñi. “Cuando miras los datos que facilita la OMS sobre enfermedades infecciosas, las horquillas de afectados son enormes y esto es debido a nuestra capacidad limitada de diagnosticar”, indica.

El zika se transmite por un mosquito, mientras que la covid-19 lo hace por el aire y el contacto con superficies. Pero en ambos casos, la conclusión es la misma: si no se sabe el alcance de las infecciones, no se pueden tomar medidas acertadas. “En el caso del zika, sabes dónde fumigar para eliminar a los mosquitos. En el caso de la covid, sabes dónde intervenir y poner en cuarentena a contactos o limitar actividades de riesgo”, señala Moore. En aquel momento, los especialistas recomendaron a las mujeres no quedarse embarazadas y a las que lo estaban no viajar a zonas de riesgo. La confusión de datos fue tal que incluso varios deportistas renunciaron a acudir a los juegos olímpicos de Río.

Cuando la OMS dio por concluida la emergencia sanitaria, a finales de 2016, aseguró que se habían registrado 2.300 bebés con microcefalias, aunque el organismo ya reconocía entonces que había una “subestimación significativa” de la situación real. Cuatro años más tarde, el análisis de los datos empieza a mostrar una fotografía más realista de lo que supuso esa emergencia. “Lo mismo pasará con la covid, solo detectamos la punta del iceberg, en unos años veremos que ese millón de muertos que llevamos ahora será mucho mayor”, asevera Goñi. La OMS ya se ha expresado en la misma línea. Sus representantes estiman que un 10% de la población mundial se ha infectado, 22 veces más que los casos realmente notificados.

“Siempre va a haber cierto grado de imprevisibilidad, porque para eso son pandemias, pero necesitamos sistemas de vigilancia que nos hagan ir por delante. Este es el sentido por ejemplo del control de las aguas residuales”, sostiene Goñi. “El problema es que todo esta vigilancia es una inversión de futuro y la clase política tiene una visión muy a corto plazo”, remata. El autor de la investigación sobre el zika se muestra optimista: “En estos meses se ha invertido mucho dinero para mejorar la capacidad de pruebas, y espero que estos sistemas de vigilancia se mantengan en el tiempo para mantener a raya a otros patógenos”.

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