En Irán, las mujeres no tienen reconocido oficialmente el derecho a conducir motocicletas y, por tanto, no se les conceden permisos. Aun así, las iraníes llevan años plantando cara a estas restricciones. Durante décadas han convertido sus propios cuerpos en herramientas de resistencia; cada vez que se suben a una moto toman una decisión consciente de traspasar los límites impuestos en nombre de la ley, la tradición o el miedo
En el corazón de los callejones de Teherán, estas mujeres no solo conducen; están reescribiendo la identidad urbana, calle a calle.Maryam SaaedpoorNo es solo cabello atrapado por el viento; es un rugido de existencia que resuena en las calles más cotidianas de la ciudad.Maryam SaaedpoorEntre las sonrisas de los transeúntes y el resplandor del atardecer, su presencia ya no resulta un sobresalto, sino una parte vibrante del pulso cambiante de Teherán. Maryam SaaedpoorRodeada del bullicio de la ciudad y de las miradas escépticas de una calle dominada por hombres, ella sigue siendo el centro inquebrantable de su propia revolución.Maryam SaaedpoorLa mujer ya no observa desde la acera: reclama su lugar en el carril, demostrando que la carretera no reconoce géneros, solo la determinación de quien la conduce.Maryam SaaedpoorA la suave luz de la tarde, Teherán pertenece a quienes se atreven a conducir su propio relato, ya sea sujetando el manillar o entregándose al camino.Maryam Saaedpoor