Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Mujeres en poder, con poder

Desde México vemos con esperanza el proceso constituyente chileno y deseamos que el nuevo pacto social y político que construyan sea la base para la igualdad entre las mujeres y los hombres

Un grupo de mujeres se manifiesta en octubre de 2020, en Santiago.
Un grupo de mujeres se manifiesta en octubre de 2020, en Santiago.Marcelo Hernandez (Getty Images)

Algunas de mis compañeras legisladoras recientemente fueron madres y, cada vez que las sesiones de la Cámara de Diputados se prolongan más de lo habitual, me toca verlas salir apresuradas a tomar el siguiente vuelo para regresar a su provincia. No es una realidad exclusiva de ellas, pues el trabajo de las diputadas, como de cualquier mujer, se ve condicionado por las tareas de cuidado y trabajo doméstico que recaen en nuestros hombros; la mayoría de ellas tiene que dejar su vida familiar ordenada durante los días que van a la capital mexicana, a cubrir sus labores de representación política, esperando que los planes no cambien.

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La primera vez que yo fui diputada, hace casi 15 años, también tenía un hijo pequeño. Recuerdo las complicaciones logísticas y familiares para tratar de cumplir con mis actividades; era afortunada por contar con el apoyo de mi madre en casa y, en aquel entonces, creía que con una buena planeación personal era suficiente para poder asumir los múltiples roles que tenía. Hoy tengo otra visión.

La imposibilidad de desempeñar las labores por las responsabilidades de cuidados puede afectar directamente a la participación de las mujeres en los debates, deliberaciones y toma de decisiones en el Congreso, tal como sucede en otros ámbitos, así como respecto de temas legislativos con un impacto relevante en la sociedad. Las responsabilidades de cuidados no se resuelven solamente con un redistribución de las tareas en el hogar, sino también con políticas públicas que contribuyan a la corresponsabilidad de los cuidados entre el Estado, el mercado, las comunidades y las familias, y en cada uno involucra tanto a las mujeres como a los hombres en su diversidad.

En México, después de muchos esfuerzos, alcanzamos una integración paritaria a nivel federal en ambas Cámaras del Congreso, hay 241 mujeres diputadas de 500 curules, y 63 senadoras de 128 escaños. Pero, si vemos las condiciones en las que las mujeres asumen la representación política, tenemos evidencia de que la paridad numérica no es suficiente para hablar de igualdad.

Las mujeres políticas enfrentamos diferentes retos, casi los mismos que enfrenta cualquier mujer en nuestros días, que se deben resolver de manera estructural para construir una igualdad sustantiva, de condiciones y oportunidades.

La Convención Constitucional chilena tiene una gran oportunidad para que, en el nuevo pacto que se plantean, se sienten bases de convivencia, representación y desarrollo chilenos que tengan al centro las demandas y necesidades de las mujeres para construir un país para todas y todos.

En este contexto, la integración paritaria de la Convención Constitucional chilena, con 77 mujeres y 78 hombres, es un gran comienzo para este proceso de construcción de una nueva Constitución y, justo ahora que se encuentran en la fase de la organización de los trabajos constitutivos, se deben tomar medidas para que las mujeres constituyentes participen en igualdad de condiciones, lideren e integren paritariamente las comisiones, para que sus voces y aportaciones tengan resonancia e impulsen una agenda común por la igualdad y autonomía de las mujeres.

Sin duda, los trabajos de la Convención Constitucional chilena se verán tocados por la nueva realidad y por eso la visión que las mujeres pueden aportar es fundamental, pues ellas pueden hablar en primera persona de cómo las desigualdades se profundizaron con la emergencia sanitaria a raíz de la pandemia por covid-19, y señalar cómo el confinamiento en los hogares representó un contexto muy difícil para las mujeres en general, como es, precisamente, la sobrecarga de los cuidados, pero también la pérdida de empleos formales e informales, la afectación a la salud física y mental, la pérdida de oportunidades educativas y de desarrollo profesional, y el incremento de la violencia en los hogares, por mencionar algunas.

Por otra parte, las voces de las mujeres en la Convención Constitucional chilena requieren tener peso y trascendencia para formar parte de las decisiones. La fórmula es: mujeres en el poder, con poder; poder para transformar la vida de las mujeres.

La incorporación paritaria de mujeres en las discusiones para la configuración de la nueva Constitución es un asunto de representación política pero esencialmente da respuesta a la imperiosa necesidad de que cada uno de los temas cuenten con la visión, demandas y necesidades de las chilenas. Las constituyentes deben tener un poder real, no sólo simbólico, y la capacidad de poner sobre la mesa en cada uno de los temas, la perspectiva de las mujeres.

Otro tema central, es que la constituyente, como todo proceso político pasará por negociaciones y acuerdos, ante ello las constituyentes deben impulsar alianzas estratégicas entre ellas y con otros actores políticos y sociales, para tener el poder y la fuerza política para colocar una agenda por la igualdad sustantiva y autonomía. Si las mujeres han de tomar partido, debe ser el de sus causas y de la igualdad; si han de hacer una bancada, no puede ser de un color u otro, sino debe ser su bancada.

La agenda que se impulse debe contener las reglas y normas que permitan a las mujeres su autonomía. De acuerdo con el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la ONU, “para el logro de una mayor autonomía se requieren muchas y diversas cuestiones, entre ellas liberar a las mujeres de la responsabilidad exclusiva por las tareas reproductivas y de cuidado, lo que incluye el ejercicio de los derechos reproductivos; poner fin a la violencia de género y adoptar todas las medidas necesarias para que las mujeres participen en la toma de decisiones en igualdad de condiciones”.

Desde México vemos con esperanza el proceso constituyente chileno y deseamos profundamente que el nuevo pacto social y político que construyan sea la base para la igualdad entre las mujeres y los hombres, y una sociedad más justa, equitativa e igualitaria, nunca más sin nosotras.

Martha Tagle es diputada federal en México.

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