Columna
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La podemización del PSOE

Un Gobierno de coalición exige cesiones, obvio, pero no hasta el punto de ceder el raciocinio

Salvador Illa durante la sesión plenaria en la que el Gobierno solicitó al Congreso la prórroga del estado de alarma.
Salvador Illa durante la sesión plenaria en la que el Gobierno solicitó al Congreso la prórroga del estado de alarma.RRF / Europa Press

El “sea humilde como yo” de Illa a Casado bien puede recordar aquella humorada del cura que predicaba la sencillez advirtiendo a los feligreses: “… y os lo digo yo, que a mí a modesto no me gana nadie”. La sesión del estado de alarma era un papelón y no es raro que arrastrase incluso a Illa, uno de los tonos más moderados de la política española, aunque a veces vaya de Atticus Finch a The Nutty Professor. A él le cayó ese papelón de defender un estado de alarma de seis meses sin control parlamentario; y además viendo cómo el presidente no sólo se escaqueaba de lo indefendible sino que además brindaba el desplante torero de largarse sin oír lo que tuviera que decirle el Congreso. Como en todo, basta la prueba del algodón de invertir el reparto: ¿cuál sería la reacción si un dirigente de la derecha actuara así? Este secuestro del control parlamentario, y más tras el bochorno del Poder Judicial, empeora la confianza. Y no bastan los discursos inflamados de Abascal o los ardides infantiloides de Ayuso para justificarse.

Claro que, para momento insólito de Illa, cuando elogió “el habitual tono moderado de Echenique”. En fin, sólo cabe pensar que alguien de Podemos le había escrito el discurso. Elogiar la moderación de Echenique es como felicitarse por el sosiego de Olona o la profundidad de Lastra. Hay cosas demasiado alejadas de la realidad como para tener el beneficio de la duda. Un Gobierno de coalición exige cesiones, obvio, pero no hasta el punto de ceder el raciocinio. Y el PSOE, algo que preocupa cada vez más entre los socialistas ajenos a la nomenclatura, debería medir el riesgo de podemizarse. En definitiva se intuye el riesgo de poner a los mandos del PSOE a un spin doctor, por talentoso que sea, de ahí que la presentación de los Presupuestos —¿cómo se ha llegado a que presidente y vicepresidente parezcan dos azafatos de Sotheby’s acercando un incunable para comenzar la subasta?— resultara delirante. El poder aleja de la realidad, y el peligro es llegar a perder el contacto. La subida a los funcionarios mientras se piden sacrificios a sectores dolorosamente desprotegidos, confundiendo esto con una defensa de lo público, es para hacérselo ver.

Iglesias siempre ha querido evitar la moderación. Y es lógico. De ahí sus dardos a Arrimadas para dinamitar su apoyo a los Presupuestos. De consuno con Rufián se ha encargado sistemáticamente de abortar cualquier viraje al centro. El bloquismo polarizado es su ecosistema propicio, aunque no para la mayoría social. De momento es buena noticia que el PP se distancie de Vox y pueda bascular a posiciones moderadas, sí, y por tanto es mala noticia que el PSOE no lo haga y firme manifiestos con Bildu o las CUP dando lecciones de respeto democrático. El PSOE está gestionando una crisis volcánica, y es inevitable cometer errores, pero la sombra de la podemización no computaría ahí sino como miopía histórica.


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