Tribuna
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Salvar el acuerdo nuclear con Irán

Cuando se cumplen cinco años del pacto, es preciso protegerlo en su forma actual y en su totalidad, y todas las partes implicadas deben cumplir plenamente con sus obligaciones

NICOLÁS AZNÁREZ

Esta semana se cumplen cinco años desde que Irán y el Grupo E3/EU+3 —compuesto por Alemania, China, Estados Unidos, la Federación de Rusia, Francia y el Reino Unido, junto con la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad— acordaran en Viena el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). En la conmemoración de su quinto aniversario, debemos ser conscientes de que, sin el Plan de Acción, Irán podría haber desarrollado ya armas nucleares, añadiendo otra fuente de inestabilidad a una región de por sí volátil.

A día de hoy, el PAIC está siendo sometido a una gran presión desde múltiples frentes. Estoy convencido de que las medidas para preservarlo no solo son necesarias, sino urgentes, por al menos dos razones.

En primer lugar, la comunidad internacional e Irán tardaron más de 12 años en salvar sus diferencias y alcanzar un acuerdo. Si se abandona el PAIC, no tendremos a mano ningún marco global o efectivo que nos permita canalizar la situación.

La preocupación de la comunidad internacional sobre el programa nuclear iraní se remonta a hace tiempo. Las conversaciones para sentar las bases de un acuerdo comenzaron en 2003 por iniciativa de los ministros de relaciones exteriores de Francia, Alemania y el Reino Unido, a las que pronto se sumaría el entonces alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Javier Solana. Él y sus sucesoras, Catherine Ashton y Federica Mogherini —todos ellos apoyados por el Servicio Europeo de Acción Exterior—, mantuvieron siempre la puerta abierta a una solución diplomática. Tras muchos avances y retrocesos, el PAIC finalmente se hizo realidad.

El acuerdo no habría sido posible sin persistencia diplomática. Conseguirlo no solo requirió la plena participación de Estados Unidos, sino también de Rusia, China y, por supuesto, de Irán. Gracias a ello, el acuerdo alcanzado fue sólido. Con más de 100 páginas y varios anejos, establecía todos los detalles para un claro quid pro quo: Irán acataría las estrictas limitaciones impuestas sobre su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones económicas y financieras relacionadas con el programa nuclear.

El PAIC está consagrado en el derecho internacional mediante la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas —cuya aplicación es obligatoria—. Constituye un ejemplo excelente de lo que la diplomacia europea y el multilateralismo eficaz pueden conseguir en el marco de un orden internacional basado en normas universales y consensuadas. Ahora bien, el proceso que condujo a él fue largo y difícil, por lo que prácticamente excluye otra oportunidad de llegar a un acuerdo.

En segundo lugar, el PAIC no es solo un éxito simbólico. Ha cumplido sus promesas y ha demostrado ser un marco eficaz. Gracias al nivel de acceso, sin precedentes, que el PAIC proporcionó al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), éste pudo confirmar en 15 informes de vigilancia consecutivos realizados entre enero de 2016 y junio de 2019 que Irán había cumplido con todas sus obligaciones en virtud del acuerdo.

En consecuencia, Europa y sus socios internacionales procedieron al levantamiento de las sanciones, tal y como se prevé en el acuerdo. De esta manera, el aislamiento internacional de Irán llegaba a su fin, facilitando el restablecimiento de relaciones económicas y comerciales con el resto del mundo. Sin embargo, en mayo de 2018, Estados Unidos tomó la decisión de retirarse del PAIC y reimponer las sanciones en la óptica de una nueva estrategia de “máxima presión”.

Aunque el restablecimiento de las sanciones de Estados Unidos ha tenido efectos claramente negativos sobre la economía y la población, Irán siguió cumpliendo el acuerdo durante 14 meses más. Pero ahora, Irán está acumulando nuevamente niveles de uranio enriquecido preocupantes y adquiriendo nuevos conocimientos técnicos en materia nuclear. A medida que el PAIC se va erosionando, los temores del pasado están resurgiendo.

En enero, Francia, Alemania y Reino Unido expresaron formalmente su preocupación sobre la renovada actividad de enriquecimiento, instando a Irán a respetar plenamente el acuerdo. Irán, por su parte, ha expresado su propia preocupación, argumentando que no ha recibido los beneficios económicos esperados del levantamiento de las sanciones.

Como actual coordinador del PAIC, voy a hacer todo lo posible y voy a seguir trabajando con las partes restantes del acuerdo y con toda la comunidad internacional para preservar el éxito logrado hace cinco años y garantizar que el acuerdo siga siendo efectivo.

Conviene recordar que el programa nuclear iraní sigue siendo objeto de un riguroso escrutinio, y que su naturaleza pacífica se controla continuamente. Gracias al régimen de inspecciones del OIEA, seguimos recibiendo mucha información sobre el programa nuclear iraní, incluso en las circunstancias actuales. Sin embargo, en caso de romperse el acuerdo, dejaríamos de tener acceso a esta información y retrocederíamos dos décadas.

Creo firmemente que el PAIC se ha convertido en un componente clave de la arquitectura mundial de no proliferación, por lo que insto a todas las partes a seguir comprometidas con el pleno cumplimiento del acuerdo. Irán, por su parte, debe volver a respetar íntegramente sus obligaciones nucleares; pero también debe poder acceder a los beneficios económicos previstos en el acuerdo. Tras haber establecido medidas para proteger a nuestras empresas contra las sanciones extraterritoriales de Estados Unidos, desde la Unión Europea podemos hacer más para satisfacer las expectativas iraníes de tener un comercio legítimo.

La UE intensificará sus esfuerzos para tender puentes y reducir las diferencias entre todos los actores clave. Estoy convencido de que, si logramos preservar el PAIC y asegurar su plena aplicación, puede convertirse en un trampolín para tratar otras preocupaciones comunes, incluidas aquellas relacionadas con la seguridad regional.

Debemos volver a una dinámica más positiva. Y, cuando llegue el momento, tenemos que estar preparados para avanzar en base al acuerdo. La UE está dispuesta a hacerlo. Pero, para ello, debemos, en primer lugar, proteger el acuerdo nuclear en su forma actual y en su totalidad, y todas las partes implicadas deben cumplir plenamente con sus obligaciones.

Josep Borrell es alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea.

© Project Syndicate, 2020.

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