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¿Concursos de belleza?

Donald Trump compró la organización de Miss Universo en Estados Unidos y, a partir de 2005, él mismo seleccionó a varias de las finalistas

Concursantes del certamen de belleza Miss Bum Bum World, en el Foro Total Play de Ciudad de México el 30 de septiembre de 2019.
Concursantes del certamen de belleza Miss Bum Bum World, en el Foro Total Play de Ciudad de México el 30 de septiembre de 2019.ROGELIO MORALES / Cuartoscuro

Oaxaca es el primer Estado de México en considerar violencia simbólica a los concursos de belleza, esta ley prohíbe que el Estado destine recursos públicos a la promoción turística y a la publicidad oficial. La decisión de Oaxaca cuestiona a otros Estados en México como también a otros países en los que se siguen destinando recursos públicos a los concursos de belleza, y si lo empujamos rápido, cuestiona también su actualidad. ¿Qué importancia tiene que el Estado patrocine este tipo de certámenes? Toda porque el Estado se vuelve parte, cómplice de esa violencia simbólica en contra las mujeres. ¿Qué hacen los concursos de belleza? Lo mismo que hace desde el origen Miss Universo en 1952, el certamen más conocido de todos: poner a competir el aspecto físico de las mujeres. En los concursos de belleza los cuerpos de las mujeres se juzgan —jueces y calificaciones de por medio— a partir de ciertos parámetros. La belleza de una mujer hasta hace poco se determinaba según las medidas de su pecho, cintura, cadera y su estatura. Antes no podían rebasar los 24 años de edad, hoy pueden tener entre 18 a 28 años y desde sus inicios ha sido un requerimiento que nunca se hayan casado y que nunca hayan estado embarazadas. ¿Por qué después de los 28 años una mujer no entra en ese estándar de belleza? ¿En qué afecta la belleza de una mujer que sea madre, que haya abortado voluntaria o involuntariamente, que esté casada, divorciada o separada? Apegarse a estos estándares hacen que una mujer pueda ser el espacio de la fantasía, cosificándola por completo. Y porque los certámenes de belleza son la puesta en escena más clara del patriarcado definiendo qué es y debe ser la belleza de las mujeres poniéndolas a competir, comparándolas a unas con otras, normalizando, además, un estereotipo de belleza.

Aproximadamente, 500 millones de personas alrededor del mundo ven Miss Universo año con año y cada país paga una cuota por inscribir a su candidata. A su vez, varios de los países participantes tienen un concurso nacional, ponen a competir a las mujeres de cada Estado y los Estados destinan dinero público para promocionar el turismo de la región. Una gran cantidad de marcas también patrocinan el espectáculo. Hay una cantidad aún mayor de concursos de belleza alrededor del mundo en los que compiten mujeres, niñas y adolescentes por los títulos y, como en Miss Universo, las participantes de todas las edades posan en traje de baño y sus cuerpos se juzgan a partir de ciertos parámetros. Desde la creación del certamen Miss Universo en Estados Unidos, el Gobierno y algunas marcas patrocinan el evento. En 1996, cuando estaba a punto de quebrar la organización, Donald Trump la compró. A partir de 2005, él mismo seleccionó a varias de las finalistas y en 2015, cuando la cadena NBC decidió terminar la relación comercial con Trump, este compró las acciones de NBC para continuar involucrado en el certamen. El nombre de Miss Universo, por otro lado, dice mucho también de su país de origen (se parece al porqué en Estados Unidos llaman América a su territorio), no le pusieron Miss Mundo o con cierta modestia Miss Sistema Solar, sino que Miss Universo es la mujer más bella entre todas las mujeres del universo. Y están también los símbolos de la premiación, como la corona, una réplica en miniatura imperial de la corona usada por la Reina Isabel II del Reino Unido.

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Entre los videos con más vistas en YouTube en torno a los certámenes de belleza, curiosamente no están las más guapas, las ganadoras (lo que además implica que hay perdedoras), sino que hay varias compilaciones de las respuestas más tontas de las concursantes, que, me parece, son parte del mismo estereotipo que cosifica a las mujeres: mira qué guapas y qué tontas son. El documento con el que se dictó la ley aprobada en Oaxaca, la violencia simbólica se define así: “La expresión, emisión o difusión por cualquier medio, ya sea en el ámbito público o privado, de mensajes, patrones, estereotipos, signos, valores icónicos e ideas que transmiten, reproducen, justifican o naturalizan la subordinación, desigualdad, discriminación y violencia contra las mujeres en la sociedad”. El término violencia simbólica viene del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que en el texto en el que lo desarrolla se amplía más, no solo como un tema de género: “El poder simbólico es, en efecto, ese poder invisible que no puede ejercerse sino con la complicidad de los que no quieren saber lo que ejercen.” Esto, aterrizando en el tema de los certámenes de belleza, expande la idea, pues la violencia simbólica de este tipo de espectáculos es cómplice de la dominación masculina sobre las mujeres al ponerlas a competir y juzgarlas a partir de sus características físicas. Y más importante se vuelve decir: la violencia simbólica al ser invisible no es menos importante que la violencia física pues tiene los mismos efectos reales en las mujeres que la violencia física. El estereotipo y los estándares de belleza en niñas, adolescentes y mujeres de todas las edades, por ejemplo, y los efectos en la búsqueda por alcanzarlos.

La nota de Micaela Varela en el periódico pronto tuvo varias reacciones en Twitter por parte de algunos hombres molestos con la aprobación en la ley. Acá una pequeña compilación de los más divertidos. En referencia al Estado de Oaxaca, uno de los tres en México en donde el aborto es legal: “¿Y su hipócrita consideración muxe? ¿Para cuándo la prohíben? Permiten violentar los derechos de los niños abortando y permitiendo la práctica muxe y ahora prohíben a la mujer, qué sigue después, ¿dejar de pensar o no respirar?” En referencia a que esta ley fue promovida por la diputada Magaly López Domínguez, este tuit: “Y curiosamente la diputada no es que sea fea, es horrible, ¡maldita envidia!”. O este otro también en la misma línea: “Ahora resulta que las feas del Congreso van a censurar a las bellas.” En el bajón porque todos los globos de la fiesta se poncharon y las serpentinas se mojaron: “Pues nada, volveremos poco a poco a la mujer barbuda”. Y sobre la violencia simbólica inversa, este tuit: “Supongo que los eventos de fisicoculturismo también deberían ser considerados violencia simbólica entonces.” O este: “Entonces sería apropiado prohibir los espectáculos deportivos dónde se evalúa el desempeño deportivo y se destacan las características físicas de los participantes” Y para cerrar, esta bala perdida muy ganadora: “¿Entonces quieren que todos seamos feos?”. Una nota sobre una ley que prohíbe destinar fondos públicos a los certámenes de belleza por la violencia simbólica que representan se comenta precisamente con mucha violencia. Difícil coronar al comentario más bello con parámetros de violencia tan altos en contra de las mujeres, ¿o qué opinan en casa?

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