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Las tórridas temperaturas empobrecen las cosechas

Las mermas en la recolección de trigo en España agravan la crisis global de cereales

El campo de trigo de la ingeniera agrícola, Carolina Ramos, en Lerma, el pasado 18 de julio. Durante la segunda ola de calor las temperaturas llegaron a los 37°C en la zona.
El campo de trigo de la ingeniera agrícola, Carolina Ramos, en Lerma, el pasado 18 de julio. Durante la segunda ola de calor las temperaturas llegaron a los 37°C en la zona.EDP

Las altas temperaturas de los últimos tres meses, con dos olas de calor casi consecutivas, han sido devastadoras para los agricultores españoles. Cultivos de cereal como el trigo afrontan pérdidas de entre un 20% y 30% de sus cosechas, según el portavoz de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), Diego Juste.

Son las 9.30 del lunes 17 de julio y el termómetro ya marca 27 grados en Lerma, un pequeño pueblo burgalés de 2.609 habitantes, al norte de España. Carolina Ramos, ingeniera agrícola y agricultora de 35 años, toma una espiga de trigo y la frota entre sus delgadas manos mientras comienzan a desprenderse pequeños granos. “¿Lo ves? Algunas cascarillas están vacías, no llevan grano dentro”, sentencia con los ojos semicerrados por el sol. Lo que encuentra no es ninguna sorpresa.

– ¿Qué va a hacer?

– “¿Qué voy a hacer?”, repite. “Ahora mismo, rezar para que los seguros nos indemnicen lo que hemos perdido”.

Carolina Ramos en medio de su campo de ensayo de las semillas de trigo resistentes a olas de calor, heladas y plagas.
Carolina Ramos en medio de su campo de ensayo de las semillas de trigo resistentes a olas de calor, heladas y plagas.EDP

Las consecuencias de las olas de calor para los cultivos de cereales como el trigo han sido catastróficas. En especial para Castilla y León, una zona donde la producción de trigo llega a 2,19 millones de toneladas, casi el 45% de la producción nacional, según el Ministerio de Agricultura. Estas mermas en las cosechas de cereales en toda España se han sumado a los fuertes descensos en las exportaciones de trigo o cebada de Ucrania, el principal productor de cereal del continente europeo. Como consecuencia, toda Europa sufre estos meses problemas de abastecimiento.

El viento ondea las espigas de trigo y a la distancia se distingue un horizonte borroso de pequeños montículos de paja. Ramos se queda unos segundos en silencio. Le acompaña Gabriel Delgado, agricultor desde hace más de 30 años y secretario de UPA en Burgos, que rompe la tensión y añade que el problema comenzó en mayo, cuando hubo un primer periodo de temperaturas por encima de 30 grados. “Eso afectó al crecimiento y luego a la formación del grano”, dice Delgado. Para las tres de la tarde de ese día, se esperan 37 grados. Ese nivel resulta insólito para los habitantes del pueblo, donde las máximas no suelen superar los 28 grados.

Ramos cuenta que el momento más crítico se produjo después de la primavera. “Llevamos desde finales de abril sin una gota de agua, en mayo no nos ha llovido nada y eso nos ha golpeado”, dice resignada. Diego Rubiales, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), explica que no se les da importancia a los golpes de calor. “Esto afecta a los cultivos durante la floración y la formación de la semilla. Y lo más dramático que sucede en algunos cultivos es que, aunque tengas el fruto, la semilla no llena bien la cascarilla, no se forma bien el grano”.

Carolina Ramos y Gabriel Delgado, secretario de UPA Burgos, delante de una pila de granos de trigo. El cereal sufre daños irreversibles en su semilla si la ola de calor ocurre en su etapa de desarrollo.
Carolina Ramos y Gabriel Delgado, secretario de UPA Burgos, delante de una pila de granos de trigo. El cereal sufre daños irreversibles en su semilla si la ola de calor ocurre en su etapa de desarrollo.EDP

Los más afectados han sido los cultivos de invierno como los cereales o las leguminosas. La siembra se realiza habitualmente a finales del otoño o comienzos del invierno y la cosecha, según la zona, entre mayo y junio. “Los cereales ya se han cosechado en la mayoría del país, con problemas de golpe de calor, que hubo en abril y mayo, cuando estaban en floración y cuando se estaba llenando el grano”, explica Rubiales. Un efecto que, asegura, causa pérdidas de rendimiento mucho mayores, porque el golpe de calor puede pasar en ocasiones casi inadvertido. La planta se ve perfecta, pero el grano resulta afectado.

“La gente no es consciente de la realidad y de lo difícil que es. A ti te viene un año malo y no tienes manera de poder solucionarlo”, sentencia Ramos. Las estimaciones de la cosecha de cereales para este año no son alentadoras en todo el país. Los rendimientos medios por hectárea, que en 2021 fueron de 3.320 kilogramos, se han estimado en 2.690 kilogramos para este año – un 18% menos – según datos de la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (ACCOE). Las pérdidas que Ramos sufrirá este año bordean los mil kilos de trigo. Admite que, en su caso, no van a llegar a los 3.500 en sus 120 hectáreas cultivadas, cuando el año pasado sus cosechas oscilaban entre 4.000 y 4.500.

En otras comunidades como Navarra la situación es igual de preocupante. Un informe del Gobierno foral señala que este año la campaña de recolección del trigo es irregular y está marcada por la sequía de mayo y junio. A lo que se suman los incendios del pasado 18 y 25 de junio, en los que cerca de 15.000 hectáreas fueron calcinadas. Más de 2.000 correspondían a cultivos de cereales.

Gabriel Delgado sujeta unas semillas en su mano. Castilla y León es la principal región cerealista de España. La producción de trigo llega a 2,19 millones de toneladas, equivalente al 45% de la industria en el país.
Gabriel Delgado sujeta unas semillas en su mano. Castilla y León es la principal región cerealista de España. La producción de trigo llega a 2,19 millones de toneladas, equivalente al 45% de la industria en el país.EDP

Ramos se pone unas gafas de sol para soportar la cegadora luz solar. Señala una parcela rellena de largas hileras de trigo y explica que está probando con semillas resistentes al cambio climático. “Tenemos épocas de sequía más largas, llueve cuando no tiene que llover. Entonces, cada vez que me ponía a sembrar, le preguntaba a mi padre por qué usaba cierta semilla y no otra”, dice Ramos. Quiso probar con algo diferente: una alternativa para cosechar incluso en veranos como este, que ha alcanzado valores extremos superiores a los 40 grados.

Desde hace tres años, Ramos desarrolla, junto a la iniciativa Agricultores contra el Cambio Climático, un campo de ensayo de seis hectáreas para probar con semillas resistentes a enfermedades, heladas y al calor. La tolerancia a este último, la verá cuando coseche. Aunque enfatiza que, en 2021, hubo un aumento de la producción de entre un 12% y 15%.

Al llegar la tarde, el sol es inclemente. En los rostros de Ramos y Gabriel Delgado asoman las primeras gotas de sudor. “Necesitamos ser valorados”, dice Ramos enfadada. “Damos de comer a la gente y la gente come tres veces al día”.

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