Los generales afianzan su poder en Irán con el líder supremo ausente
La guerra impulsa la hegemonía del aparato militar y de seguridad mientras nuevos testimonios aseguran que Mojtaba Jameneí se recupera de sus heridas


Ali Jameneí, el líder supremo que pereció en el magnicidio israelí del 28 de febrero, había logrado acumular un poder omnímodo. Su figura era la de un árbitro supremo; él tenía la última palabra sobre casi todo: el programa nuclear, la doctrina religiosa, la política exterior, las cuestiones morales y esa represión a menudo feroz, según Naciones Unidas. Incluso por encima de esa estructura de poder opaca de la que él mismo formaba parte y que se conoce como “el Estado profundo”; las redes de influencia del aparato militar y de seguridad, la inteligencia y la burocracia económica. Su hijo y nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, no ha dado aún muestras de ejercer ese poder casi absoluto, quizás porque, como indican nuevos testimonios de funcionarios iraníes, está vivo pero aún convaleciente de las graves heridas que sufrió en el bombardeo que mató a su padre. Mientras, destacados generales afianzan su poder.
Ausente de la esfera pública desde ese ataque en el primer día de la guerra desencadenada por Estados Unidos e Israel, el enigma que rodea al nuevo líder supremo, de 56 años, no se ha resuelto. Sus últimos mensajes escritos, los pasados jueves y viernes, fueron, como los anteriores, leídos o reproducidos sin más por los medios iraníes. De nuevo sin rastro de su voz ni de su imagen. Sin embargo, cuatro “altos funcionarios iraníes” habían declarado a The New York Times días antes que Jameneí está “lúcido y activo mentalmente” y que, poco a poco, se recupera de sus heridas. Según esas fuentes anónimas, le operaron de una pierna tres veces y está esperando una prótesis, lo que sugiere que quizás ha sufrido una amputación. También que fue intervenido quirúrgicamente en una mano, “en la que está recuperando la movilidad poco a poco”.
El líder, relataron esos funcionarios, está oculto en un lugar que muy pocos conocen y al cuidado de un reducido equipo de médicos del que han formado parte el cirujano cardiaco que preside Irán, Masud Pezeshkián, y el también facultativo y ministro de Sanidad iraní, Mohamed Reza Zafarghandi. Evita cualquier medio electrónico para impedir su localización y se comunica mediante mensajes escritos transmitidos de mano en mano por un reducido grupo de mensajeros de confianza.
Aunque esos testimonios pueden ser una filtración interesada de unas autoridades iraníes que sostienen que su líder está “al mando”, parte de lo afirmado por esos funcionarios iraníes confirma una declaración del 14 de marzo del secretario de Defensa estadounidense. Pete Hegseth dijo entonces que Jameneí hijo había quedado “desfigurado”.
Ahora, esos nuevos testimonios sostienen que el nuevo líder sufrió quemaduras graves en el rostro y los labios, por lo que podría necesitar “cirugía plástica”. Dos fuentes “cercanas al equipo” de Jameneí citadas por otro medio —la revista Foreign Policy— han corroborado que al mandatario le ha quedado una cicatriz en la cara, pero que “se ha recuperado casi completamente de sus heridas” y que ahora ”puede moverse por sí solo". Esas fuentes aseguran que Israel y Estados Unidos han intentado matarlo en dos ocasiones más tras ese primer bombardeo en el que perecieron su padre, su madre, su esposa y uno de sus hijos. También que mantiene un perfil bajo “por motivos de seguridad”.
El politólogo iraní Saeid Golkar, experto en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y profesor en la universidad de Tennessee en Chattanooga, se muestra escéptico ante las informaciones que apuntan a que Jameneí está vivo y con capacidad de gobernar. Por mensajes de WhatsApp desde Tennessee, recuerda: “Nadie sabe si el líder está vivo o no, ni siquiera la inteligencia de Estados Unidos o Israel”.
Rouzbeh Parsi, historiador y profesor de la Universidad de Lund, añade desde Suecia que independientemente del estado físico de Jameneí o de sus heridas, este se encuentra “en una posición más débil” de la que tenía su padre. “El líder supremo de Irán ya no reina”, resumía otro analista iraní, Hamidreza Azizi, en una tribuna en Time.

Lejos de precipitar el colapso de la República Islámica, tal y como suponía el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el bombardeo que le costó la vida a Jameneí (86 años) eliminó a quien ejercía como “freno” a los elementos más radicales del sistema político iraní en la toma de ciertas decisiones, subraya el historiador Parsi. Por ejemplo, sobre el programa nuclear que, si bien impulsó, al mismo tiempo contuvo al prohibir las armas atómicas en una fetua (edicto), lo que frenó a los halcones del régimen que reclamaban que el país se dotara de ese tipo de armamento.
Como ha sucedido con otros “muchos miembros de la vieja guardia asesinados” en la guerra ahora pausada por un frágil alto el fuego, añade Parsi, la desaparición de Jameneí padre dejó el camino expedito a que “los generales” adquirieran “más influencia”. No solo por la lógica evidente de que las guerras dan poder a los militares, sino porque Jameneí hijo carece de la autoridad de su padre y “tampoco tiene carisma alguno”, apunta Saeid Golkar. A ello se suman sus supuestas heridas.
Esos generales son, además, los mismos que han impulsado al joven Jameneí al liderazgo supremo y pertenecen, recuerda Parsi, a una “nueva generación de líderes militares generalmente más dura que los que han sido asesinados”.
Por ejemplo, el general Ahmad Vahidi, el nuevo comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que sucedió a Mohammad Pakpour, al que Israel mató en el mismo bombardeo que a Ali Jameneí. Vahidi, también exministro de Defensa y de Interior de Irán, fue sancionado por la Unión Europea en 2022 por su papel en la represión de las manifestaciones desatadas por la muerte en 2022 a manos de la policía de Yina Mahsa Amini, una joven que había sido detenida por llevar mal colocado el velo obligatorio. Contra él pesa también desde 2007 una orden de arresto de Interpol por su supuesta participación en el atentado con bomba contra la mutual judía AMIA en Buenos Aires, en 1994, en el que murieron 85 personas y otras 300 resultaron heridas.
Círculos de poder
Por un lado, explica el profesor Golkar, en Irán persiste “un círculo burocrático de poder”: el presidente Masud Pezeshkián; el presidente del Parlamento [y exgeneral de la Guardia Revolucionaria] Mohamed Baqer Qalibaf; y el jefe del poder judicial, Gholamhossein Mohseni-Ejei, que dirigen la burocracia estatal. “Esas instituciones formales siguen funcionando porque ninguno de ellos ha sido asesinado”, dice.
Junto a esa estructura formal, continúa el experto en la Guardia Revolucionaria, hay “un círculo militar y de seguridad que es el que está gobernando realmente el régimen ahora”. Entre ellos, el general Vahidi y otros miembros del poderoso ejército paralelo iraní, como su jefe de seguridad, el general Hossein Najad, y el subjefe de contrainteligencia del cuerpo, el general Mahdi Sayyari. En abril de 2023, Sayyari fue sancionado por Washington por su participación en la detención ilegal de estadounidenses en Irán.
Todos estos generales estuvieron detrás, según Estados Unidos y la Unión Europea, de la represión de las diferentes oleadas de protestas contra el régimen de la República Islámica. Son algunas de las “figuras más intransigentes del régimen iraní, cuyo poder ha salido reforzado de la guerra”, según recoge el exanalista para Irán del ejército israelí Danny Citrinowizc en una tribuna en Foreign Affairs.

Esa lista de hombres que “realmente dirigen el Estado”, añade Golkar, incluye también a representantes del Ministerio de Inteligencia y de otra institución clave: la Oficina del Líder o Bayt-e Rahbari, el organismo que permitió a Jameneí padre afianzar su poder. Todos, clérigos o civiles, tienen, sin embargo, estrechos vínculos con la Guardia Revolucionaria. Por ejemplo, Ali Asghar Hejazi, jefe adjunto del gabinete de Ali Jameneí, a quien se consideraba la mano derecha del fallecido y contra el que la justicia argentina ha dictado también orden de arresto por su supuesta implicación en el atentado contra la AMIA.
El poder reforzado del Estado profundo del que el propio Mojtaba Jameneí forma parte no significa que el nuevo líder, si está vivo, no participe en la toma de decisiones. Sin embargo, ya “no ostenta la supremacía absoluta” como sí sucedía con su padre, destacaba en su artículo Hamidreza Azizi, sino que “actúa como una voz más dentro de un proceso más amplio de búsqueda de consenso entre las élites de seguridad”.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, exgeneral de la Guardia Revolucionaria y principal negociador con Estados Unidos en Pakistán, lo confirmó el 18 de abril. En un discurso difundido por la televisión estatal aseguró que la propuesta estadounidense de paz, así como la respuesta de Irán, se habían comunicado al líder supremo y que sus opiniones “se habían tenido en cuenta”.


























































