Ucrania y Rusia avanzan en aspectos militares para un alto el fuego y se emplazan a continuar el diálogo político
La cuestión territorial y la vuelta a la mesa de negociación de un propagandista de Putin complican las conversaciones. Zelenski acusa a Moscú de intentar alargar la negociación


La tercera ronda de conversaciones de paz entre Ucrania y Rusia han concluido en Ginebra este miércoles tras dos días de encuentros que ambas partes han descrito como “difíciles”. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que siente la presión de Washington para alcanzar un acuerdo de paz lo ante posible, ha asegurado que en el plano militar “casi todo está acordado”. No así en el político, el fundamental, donde apenas ha habido avances. “Por ahora las posiciones son diferentes, porque las negociaciones no fueron sencillas (...), pero se acordó continuar”, ha informado en declaraciones a los medios.
En esta tercera ronda de conversaciones trilaterales en las que Washington actúa como mediador y que continúa el diálogo iniciado en Abu Dabi, se han consensuado mecanismos técnicos para un alto el fuego, segun Zelenski. “Los militares entienden cómo monitorear el alto el fuego y el fin de la guerra si hay voluntad política”. En un audio difundido a la prensa en WhatsApp, el presidente ucranio ha considerado una buena señal que “el monitoreo será sin duda con la participación de la parte estadounidense”.
En cuanto al componente político, el presidente ucranio ha informado de que se han abordado “todos los temas sensibles” y se puede hablar de ciertos “avances”, pero sin “el mismo nivel de progreso que en la parte militar”. “Así que, en el ámbito militar, escuché que hay progreso; en el ámbito político hubo diálogo: acordaron avanzar y continuar”, ha resumido, a la espera de que le informen de todos “los matices” de las conversaciones. El jefe de la delegación ucrania y secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional de Ucrania, Rustem Umerov, las definió ante la prensa como “intensas y sustantivas” .
Vladímir Medinski, el jefe de la delegación rusa, fue el primero en informar sobre el fin de esta ronda de negociaciones tras dos horas de reunión el miércoles y más de seis el martes. “Como ustedes saben, las negociaciones transcurrieron durante dos días. Ayer, muy largas y en diferentes formatos, y hoy, durante dos horas. Han sido difíciles, pero sustanciales”, ha dicho Medinski a la prensa rusa, según la agencia TASS. Tras las conversaciones formales a tres bandas, las partes rusa y ucrania se han reunido en privado, según ha declarado el asesor del presidente ruso, Vladímir Putin, a la agencia RIA.
La vuelta a la delegación del Kremlin de Medinski, ideólogo de la propaganda rusa, fue observada con excepticismo por los enviados ucranios. Los discursos revisionistas de Medinski y sus lecciones de historia en las reuniones que mantuvieron en Estambul en anteriores intentos negociadores en 2025 enfurecieron a los ucranios.
Poco antes de que ambas delegaciones dieran por terminada la reunión, Zelenski abogó en redes sociales por dar entrada a las potencias europeas aliadas de Kiev en las conversaciones: “Consideramos que la participación europea en el proceso es indispensable para la implementación exitosa de acuerdos plenamente viables”. También precisó que en la sesión de hoy esperaba que se abordase, entre otros asuntos, “las medidas para el intercambio de prisioneros de guerra y la liberación de civiles”.
Before the start of today's work of the delegations in Geneva, I held a meeting with the Ukrainian team.
— Volodymyr Zelenskyy / Володимир Зеленський (@ZelenskyyUa) February 18, 2026
Yesterday there were meetings in different formats – both bilateral between Ukraine and the United States and multilateral formats. In particular, there were talks between… pic.twitter.com/h7lUq0Lypg
El próximo martes se cumplen cuatro años del inicio de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. El frente está estancando en una guerra de desgaste con un enorme coste humano y material. Los avances sobre el terreno son limitados, aunque estos días se habla de una contraofensiva ucrania en el frente sur, en Zaporiyia, que supuestamente ha arrancado al enemigo unos 200 kilómetros cuadrados.
La pretensión estadounidense de que el acuerdo de paz se cierre esta primavera está en duda, con pocos avances en las tres rondas de conversaciones celebradas. La presión del presidente, Donald Trump, recae principalmente sobre Kiev: “Más vale que se siente a la mesa rápido”, dijo Trump el lunes en alusión a Ucrania, pese a que el país agresor es Rusia. Zelenski consideró “injusto” en declaraciones a Axios que Washington solo les presione en público a ellos.
Ucrania depende de Estados Unidos tanto para mantener la guerra, con armamento irreemplazable de producción estadounidense, como para la paz, con unas garantías de seguridad que solo serán creíbles si las firma Washington. En el entorno de Zelenski empieza a haber división, según han publicado medios estadounidenses. Una parte teme que la ventana de oportunidad para conseguir un acuerdo con mediación de Washington se acabe cerrando si no avanzan en las negociaciones.
El punto muerto de las conversaciones es el 22% del territorio de Donetsk, en la región de Donbás, que Rusia exige a Ucrania. Moscú controla ya el resto de esa región, junto con gran parte de Zaporiyia y Jersón, más la península de Crimea que se anexionó ilegalmente en 2014. Aún no ha logrado, sin embargo, capturar la totalidad de Donbás, un esfuerzo militar que los expertos creen que podría requerir entre uno y dos años y miles de pérdidas humanas.
Ucrania rechaza de plano ceder la región sin luchar, por motivos militares —estratégicamente, esa zona es un bastión crucial en su defensa—, sociales y políticos. Como ha dicho Zelenski, en ese espacio viven 200.000 ucranios, y decenas de miles de soldados han muerto por defenderlo. La mayoría de ucranios, según las encuestas, no aceptarían la entrega del territorio a Moscú.
El asunto debería además someterse a un referéndum. Ucrania está dispuesta a celebrarlo, junto a las elecciones presidenciales que Moscú exige y EE UU espera que se convoquen antes del verano. Legalmente es complicado, porque la ley marcial prohíbe organizar comicios en tiempos de guerra; pero no es imposible. Zelenski está dispuesto, pero exige un marco de seguridad de al menos dos meses de alto el fuego, para organizar la complicada logística, la campaña electoral y la votación.
Otro asunto difícil es la central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, que se encuentra en zona ocupada por Moscú. Ambas partes aspiran a controlar su gestión, pero los negociadores buscan fórmulas intermedias, como una administración en manos estadounidenses que distribuya la producción eléctrica entre Ucrania y Rusia.
El establecimiento de garantías de seguridad que permitan a Ucrania pensar, en cierta medida, que Rusia se abstendrá de volver a atacar en un futuro también son un gran tema pendiente en las negociaciones. Zelenksi había instruido a sus emisarios en que esa es la prioridad para ellos, según ha dicho él mismo en redes sociales.
En la fórmula que se plantea con los aliados, la seguridad de Ucrania dependería de su ejército, pero, ante una hipotética agresión rusa que incumpliese el acuerdo de paz, se activarían tropas de la llamada coalición de voluntarios desplegadas en Ucrania para aumentar la disuasión. En última instancia, estas contarían con respaldo estadounidense.
Rusia ha advertido de que la presencia de soldados de ejércitos extranjeros en Ucrania los convertiría en objetivo militar. En todo caso, el principal problema con estas garantías de seguridad es que Kiev quiere que Washington las firme antes de sellar ningún acuerdo de paz. Y Washington dice que no habrá garantías hasta que no haya pacto.
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